Arturo Porzecanski: “El Frente Amplio uruguayo nunca planteó una transformación tan ambiciosa como la de Boric”

De acuerdo al economista de nacionalidad uruguaya, las diferencias son amplias, no solo en los proyectos políticos de cada uno, sino que también por el contexto en el que llegan al poder y por la historia de cada país. Desde su punto de vista, las propuestas del presidente electo en Chile son más radicales.




Uruguay ha sido señalado en varias oportunidades como una referencia del proyecto de transformación que propone Gabriel Boric y Apruebo Dignidad. Sin embargo, para Arturo Porzecanski, economista uruguayo experto en mercados emergentes, tal comparación no es tan válida.

El académico de la American University considera que “definitivamente” la propuesta del presidente electo en Chile es más “radical” que la del Frente Amplio de Uruguay, bloque que llegó al poder en su país sin protestas como antecedente y sin la misión de cerrar brechas de inequidad.

Boric y su coalición han citado varias veces al Frente Amplio de Uruguay como referente. ¿Le hace sentido?

—Durante el período en el poder, entre 2005 y 2019, el Frente Amplio uruguayo nunca planteó una transformación tan ambiciosa como la de Boric y su coalición. Lo que ese Frente propuso fue redirigir el gasto social público para que impactara más entre los pobres y menos en la clase media, y aunque se implantaron nuevos programas, no fue necesario aumentar mucho ni la presión tributaria ni el gasto fiscal total. En ese sentido, la agenda redistributiva del Frente Amplio de Uruguay tuvo más similitud con las reformas que se hicieron en Chile en la década de 1990, cuando los gobiernos de la Concertación pusieron énfasis en el gasto público social, privilegiando el crecimiento con equidad. Por eso diría que las reformas del Frente Amplio en Uruguay, ya sea en campos como salud y educación públicas, vivienda, energía y medioambiente, fueron mucho menos radicales que las ahora propuestas para Chile. Por ejemplo, en Uruguay nunca aumentaron la recaudación de impuestos ocho puntos del PIB, ni seis, ni cuatro. De hecho, el promedio de la recaudación durante los años del Frente Amplio uruguayo fue levemente superior al promedio de los 21 años entre 2000 y 2020, un 0,5% del PIB más alto y nada más.

¿A qué se debió ese gradualismo reformador del Frente Amplio uruguayo?

—Creo que fue un proyecto mucho menos ambicioso, porque no había un conflicto social tan grave como el que hay en Chile. El Frente Amplio no ganó teniendo que prometer cerrar ninguna gran brecha social, ni presionado por protestas populares, ni nada por el estilo. Tampoco estaba instalada la idea de reformar la Constitución para resolver los problemas estructurales, de manera que todo se hizo sin cambiar las reglas del juego, sin asustar a los inversionistas tradicionales. Fue toda otra escala menor.

¿Es más radical la propuesta de Boric?

—Definitivamente, lo cual se puede explicar por el enojo y la protesta que viene de abajo y exige modificar las cosas de raíz. En Uruguay, más que nada, había cansancio con los dos partidos tradicionales y sus liderazgos. De hecho, esa fue la primera vez prácticamente desde el nacimiento de la República, que los partidos Blanco y Colorado fueron desplazados del tablero por la coalición del Frente Amplio. Hubo una atracción a algo nuevo, pero creo que en Chile no es tan así. En Chile realmente se está discutiendo si se conserva el modelo o se cambia. Es una cosa que va más allá de un recambio o reformulación de las coaliciones políticas existentes.

¿Cómo se expresa esa mayor radicalidad?

—Por ejemplo, una enorme diferencia está en que el Frente Amplio uruguayo nunca abogó por destruir el sistema de fondos privados de pensiones. Esa es una diferencia importante, porque en Uruguay, a diferencia de la coalición de Boric, no hubo un ataque frontal contra el equivalente a las AFP. El cambio que propuso el Frente Amplio uruguayo no fue tan radical y por eso después de su elección no hubo, como en Chile, una mala reacción de los mercados, porque esta gente no estaba hablando de destruir esto y aquello. Ellos estaban hablando, como señalaba, de reenfocar el gasto social, pero no de un importante aumento en la tributación, el desmantelamiento del sistema previsional y otras reformas controversiales.

¿Es el programa de Boric más riesgoso?

—En Uruguay no hubo un susto en los mercados, en la clase empresarial, entre los inversionistas extranjeros. Se lo tomaron con soda. En cambio, en Chile hay una clara reacción y preocupación, porque varias de sus propuestas definitivamente apuntan a la clase empresarial tradicional y a cambiar las reglas de la economía. Eso implica un riesgo que hay que reflejar. El otro, es que como Boric no tiene apoyo en el Congreso, va a ser una dura pelea obtener apoyo para las reformas. Por el contrario, en Uruguay el Frente Amplio entró con mayoría en el Congreso, de manera que ellos pudieron tener una agenda más radical, pero no lo hicieron. En Chile va a haber una clara brecha que cerrar entre las propuestas de Boric y su coalición, y la realidad parlamentaria.

De todas maneras, ¿le parece que su país es un modelo a seguir para Chile?

—Uruguay tiene una diferencia muy importante con Chile: no es un país que haya nacido rico de recursos naturales. Fuera de la industria agropecuaria y la forestal que se está desarrollando ahora, en Uruguay nunca ha habido riqueza minera, por ejemplo. En Uruguay no había muchos millonarios, ni que hablar de billonarios, e inclusive el Estado nunca ha tenido industrias que generasen grandes utilidades como lo hace Codelco. Entonces, no ha sido un país con mentalidad rentista. Eso también ha llevado a que siempre ha sido una sociedad más equitativa, por el solo hecho de que no ha habido fuentes de riqueza proveniente de los recursos naturales.

En segundo lugar, Uruguay ha sido muy equitativo hace ya varias décadas, porque ya en los ños 20, 30 y 40 se introdujeron reformas a la europea, donde se garantizó el acceso a la escuela pública, a jubilaciones, hospitales, etc. Entonces, mucho de lo que se está hablando hoy en Chile se implementó décadas atrás.

Me parece que en varias medidas no son situaciones comparables. Además de que Uruguay no es un país rico en recursos y ha habido un rol gubernamental más importante hace muchas décadas, es un país muy liberal en temas como prostitución, aborto, divorcio, que hace casi un siglo han sido permitidos, mientras que Chile se ha abierto en estas cosas solo en los últimos años. Ha sido un país mucho más conservador.

En fin, así como no ha habido tanta necesidad como la que ha habido en Chile de cambiar las cosas, el Frente Amplio del Uruguay no tuvo que ser tan revolucionario y ambicioso.

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