La crisis de las isapres ahora pone en alerta a las clínicas

Isapre-6922955.jpg

Los prestadores han intensificado las gestiones para todo lo que les adeudan las isapres y cada vez son más frecuentes las amenazas de terminar convenios si no cumplen los plazos de pago. Clínica Alemana considera un fuerte ajuste en su presupuesto de inversiones para 2023 y ya se pone en el caso quiebras en el sector. Los ingresos de las clínicas del sector oriente dependen en altos porcentajes de las aseguradoras privadas.




El problema financiero que las isapres dicen estar viviendo también está repercutiendo a las clínicas. Por ahora se refleja en señales de alerta, pero los prestadores ven que si efectivamente llega a caer una o más isapres, también sufrirán sus efectos.

La Asociación de Isapres la semana pasada alertó al gobierno que “las isapres ya no tienen margen de operación, hoy funcionan únicamente con aportes de capital de sus dueños y el cierre puede producirse en solo meses. Afirmar lo contrario es arriesgado”. Hace algunos meses, las isapres lo anticipaban en privado, pero ahora la están verbalizando públicamente: no descartan la caída de una de ellas. Esa decisión de salir a hablar, dice un gerente de una aseguradora, se tomó porque ya no había nada que perder.

Los prestadores no saben a ciencia cierta si realmente va a caer o no una isapre, pero lo consideran probable. Y han tomado medidas. Hay clínicas que ya han hecho un cálculo ácido para ver de qué manera les afectaría y están simulando distintos escenarios.

Algunas entidades se lo toman con más calma que otras, porque los efectos son distintos. Hay prestadores de servicios de salud que atienden en su mayoría a pacientes de Fonasa, pero otros dependen en porcentajes importantes de los pagos que realizan las isapres: son, sobre todo, las clínicas del sector oriente de Santiago, cuyos ingresos en algunos casos provienen en casi un 90% de las aseguradoras privadas.

Por ejemplo, al primer trimestre de este año Clínica Las Condes (CLC) reportó que el 75% de sus ingresos para el rubro hospitalizados provenía de pacientes con isapres, el 11% de Fonasa, el 4% de empresa, y el 10%, particular. Este último ítem “corresponde mayoritariamente a beneficiarios de seguros que cancelan directamente y luego reembolsan con su financiador”. En el rubro ambulatorio, el 69% de sus ingresos proviene de isapres y el 25% del segmento particular.Solo el 4% proviene de Fonasa. En la clínica Indisa, el año pasado el 82% de los ingresos del ámbito ambulatorio vino de isapres: en hospitalizaciones fue el 72%. Pero hay otros privados con una cartera más diversa: en 2021 en Red Salud el 41% de sus ingresos totales provino de clientes de isapres.

Aunque no tiene balances públicos, los ingresos de Clínica Alemana, la mayor del sector, dependen de los flujos de las isapres. Un documento interno al que accedió Pulso sobre “aspectos relevantes a considerar en planificación 2023″, discutido recientemente en una reunión de ejecutivos de la Clínica Alemana, habla de que los “ajustes presupuestarios deberían ser al menos de un 30% y hasta un 70%, dependiendo de cómo se vaya desencadenando la quiebra de las isapres”. La clínica precisa que esa revisión se refiere al presupuesto de inversión. La entidad privada destina algunas decenas de millones de dólares a construcción y equipamiento cada año. Consultada la entidad por este documento, su gerente general, Cristián Piera, respondió por escrito: “Como Clínica Alemana estamos preparándonos desde hace meses, considerando la situación financiera de algunas isapres. Tenemos como centro de nuestra preocupación a los pacientes ante la eventual insolvencia de su isapre, situación que afecta especialmente a quienes pudiesen enfrentar problemas para cambiarse de financiador y deben migrar a Fonasa, por ejemplo, pacientes en tratamientos complejos o con preexistencias, que podrían ver retrasada su atención. Esto, porque el sector público enfrenta múltiples desafíos, agravados por la pandemia, lo que ha derivado en las listas de espera más largas de la historia”.

Piera confirma que “en nuestra planificación 2023 estamos evaluando distintos escenarios, con foco en los pacientes, resguardando la calidad de la atención. Por eso tenemos previsto una eventual disminución de nuestro presupuesto de inversión, es decir, de compra de equipamiento y nuevas construcciones, entre un 30% y un 70% durante 2023, dependiendo de la situación que enfrentemos”.

Otros prestadores también están tomando medidas concretas, intensificando las gestiones de cobro con las aseguradoras para que les paguen los US$ 540 millones que les adeudaban a mayo por prestaciones realizadas (facturadas y no facturadas), debido a que advierten que, en los últimos doce meses, los retrasos en el pago de cuentas por prestaciones son cada vez mayores.

Si bien el pago debería realizarse en 60 días, según cálculos de Clínicas de Chile los procesos de facturación se están retrasando por hasta cuatro o cinco meses en promedio, porque advierten que las cuentas son objetadas por las aseguradoras. “Eso se ha intensificado en los últimos meses”, dicen desde una clínica.

El exsuperintendente de Salud, Patricio Fernández, lo explica así: “Las isapres tienen la obligación de pagar en un plazo máximo de 60 días desde que la cuenta está facturada, pero la obligación legal es desde que se emite la factura, porque ahí se inicia la deuda. Es decir, el paciente ingresó, empezó a utilizar las prestaciones, es dado de alta, y después viene el proceso donde esa cuenta se cierra y se envía por parte del prestador a la isapre. Lo que está ocurriendo hoy día, es que la cuenta se envía, la isapre la revisa, pero la manda de vuelta, rechazando la cuenta bajo cualquier argumento, como por ejemplo, que se cobró algo mal. Pero lo cierto es que esa es una de las formas que tienen las isapres para ir ganando tiempo y alargar el plazo de pago. Es una bicicleta”.

Las clínicas y las isapres también están trabajando actualmente en “paquetizar” las prestaciones. Por ejemplo, si hoy por una operación la cuenta incluye una larga lista de gastos en que incurrió la clínica, detallando desde el algodón que se usó hasta el costo del pabellón,ahora se pretende determinar un valor fijo por cada procedimiento.

En Clínicas de Chile afirman que “los prestadores privados en su totalidad atendemos más de 3 millones de personas afiliadas al sistema de isapre (y más de 7 millones de Fonasa), lo que significa que nuestro funcionamiento y aporte permite dar atención a más de 10 millones de chilenos y chilenas. Por ello es que el pago oportuno y completo de lo que se nos adeuda es esencial para permitir esas atenciones”.

El fantasma de Masvida

Los retrasos en el pago de las deudas ha complicado operación de algunos prestadores. Algunos actores de tamaño más pequeño han debido recurrir a la banca para conseguir recursos para mantener su operación. Y todo ello en momentos en que Fonasa tampoco está pagando a tiempo.

Pero también les preocupa porque la posibilidad de cobrar una cuenta impaga, en caso de la caída de una aseguradora se pone cuesta arriba, ya que los prestadores estiman que las garantías (fondos que deben mantener las isapres para respaldar el cumplimiento de sus obligaciones) no alcanzan para cubrir la totalidad de la deuda.

“Según nuestros cálculos, la cobertura de las garantías legales se ha ido deteriorando y al 31 de mayo alcanzaría solo al 50% de las deudas, lo que sería gravísimo ya que su insuficiencia repercutirá, una vez más, en los pacientes que han confiado en el sistema, y afectaría de manera muy importante a nuestro sector”, dicen desde Clínicas de Chile. Ello ya se lo han hecho ver a la autoridad y el directorio del gremio ha enfatizado que deben subir la voz sobre este tema.

Más allá de la coyuntura, dicen algunos prestadores, si la pretensión es acabar mediante una ley con las isapres, esas entidades no podrán pagar la deuda de un día para otro: no dan las garantías.

Desde Clínicas de Chile creen que “no puede volver a ocurrir lo sucedido con la quiebra de isapre Masvida, donde terminaron siendo los pacientes y las clínicas quienes asumieron los costos de dicha quiebra, ya que las garantías legales fueron completamente insuficientes, a pesar de que la normativa vigente asegura su suficiencia”. Y añaden que “las cifras que manejamos son globales del sector y tienen un impacto diverso de prestador a prestador. Sí es posible afirmar que el financiamiento obtenido desde el sistema de isapres es esencial para el funcionamiento de todos nuestros establecimientos, tanto en regiones como en Santiago”. Por ello, las isapres creen que la suerte de ambas industrias está atada y la caída de unos perjudica a los otros. “Las clínicas sin las isapres no sobreviven.Si quiebran, a continuación vienen las clínicas”, dice el director de una isapre.

Dos gerentes de clínicas y el director de una isapre aseguran que la industria está “técnicamente quebrada”, y que un eventual fallo favorable de la Corte Suprema para las isapres respecto a la adecuación de planes, solo sería “oxígeno” por un tiempo, permitiéndoles ajustar sus planes en un 7,6%, pero no asegura su sostenibilidad.

Coyunturalmente, los prestadores han pasado a la acción y en algunos casos están amenazando a las isapres con acabar la relación comercial si es que no pagan en los plazos que corresponden. Eso implica que algunas clínicas podrían terminar sus convenios con una o más isapres.

¿Qué implicaría el fin de un convenio? Primero, que los precios que tienen pactados las isapres con las clínicas, con valores más bajos para ciertas prestaciones, aumentarían. Segundo, que cuando un paciente de esa isapre llegue a atenderse, deberá pagar la cuenta a la clínica y luego pedir el reembolso a su aseguradora. Así, el prestador se asegura el pago de su cuenta. Pero el prestador se arriesga a que la isapre recomiende a sus afiliados ir a otras clínicas donde pueden atenderse sin necesidad de pagar y luego tramitar el reembolso.

Amenazas de ese tipo ha habido muchas, pero en general no se han concretado. Un ejemplo de ello es lo ocurrido recientemente entre clínicas de Empresas Banmédica y Nueva Masvida. Así lo revela un comunicado que el 20 de junio envió el gerente de clientes de Nueva Masvida a trabajadores de la isapre, que dice así: “Quiero informarles que las clínicas Santa María, Dávila, Vespucio, Ciudad del Mar y Biobío nos comunicaron, a fines de la semana pasada, el término del convenio con la isapre. La razón de esta decisión no es clara, cada clínica esgrime diferentes situaciones que no se ajustan necesariamente a lo acordado en los contratos suscritos”, señalaba. Sin embargo, la amenaza no se concretó y el convenio por ahora no se ha cortado. Actualmente, estarían en conversaciones para perfeccionar un nuevo convenio.

Desde que empezó la pandemia, las clínicas y las isapres vienen registrando resultados opuestos para un mismo año. En 2020 los prestadores tuvieron prácticamente el peor año de su historia. A raíz de la pandemia, sus atenciones de otras patologías cayeron un 80% en el peak de la crisis del Covid-19. Cada mes eran cerca de $ 245.000 millones menos en ingresos para el sector privado. Clínicas como Las Condes o Santa María terminaron con pérdidas superiores a los $ 5.000 millones. Las isapres, en tanto, gozaron de abultadas utilidades por la baja de atenciones, mientras seguía entrando el 7% de las cotizaciones individuales al sistema.

Al año siguiente se invirtió el resultado para ambas industrias: en 2021 las isapres tuvieron el peor año de su historia tras perder unos $ 151 mil millones debido al aumento de atenciones médicas, el alza en costos de la salud, el incremento del gasto por licencias médicas, dos años con precios de los planes congelados, y el desembolso que tuvieron que hacer por la Licencia Médica Preventiva Parental (LMPP), algo que debe restituir el Fisco, reclaman. Este año ven cómo las pérdidas continuarán: al primer trimestre perdían $ 21 mil millones. Sus esperanzas están puestas, entre otras cosas, en que la Suprema las autorice a subir sus planes. Si el máximo tribunal no lo hace, ya no tendrán oxígeno, advierten en una isapre. “Sería la muerte de la industria por secretaría”, alega un director.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.

Este miércoles -al mediodía- debutó la marca sueca en Chile y con ello en Sudamérica. El primer local que se abrió en Open Plaza Kennedy, comuna de Las Condes, y cuenta con un aforo de 2.550 personas.