10 años después de la Gran recesión: Las vías de salida de la crisis financiera

Hubo caminos rápidos, como el tomado por China; de media velocidad, como el transitado por EEUU; o simplemente lentos, como el que enfrentó la zona euro. La Gran Recesión los golpeó a todos con fuerza y varios factores influyeron en la capacidad de recuperación.


La crisis financiera probó rápidamente ser de carácter global, cuando a fines de 2008 y principios de 2009 China sufría una fuerte desaceleración, mientras entraban en contracción EEUU, Europa, Japón y un sinnúmero de países, entre ellos Chile (-1,7 en el 1T de 2009). Pero aunque la fuente era la misma, la posición en la que cada nación fue alcanzada por la crisis, la rapidez con la que se reaccionó y la estrategia se desplegó fueron factores cruciales en la velocidad de recomposición.

Las potencias de Occidente, que ya cargaban con pesadas deudas cuando llegó la debacle, desconfiaron del efecto que tendría en sus débiles cuentas públicas un estímulo fiscal, pero ese no fue el caso de China. Beijing puso sobre la mesa US$586.000 millones y para el 2010 ya recuperaba un ritmo de crecimiento de dos dígitos. Su estímulo fue tal que rindió frutos incluso en América Latina, con el boom de los commodities que le permitió a la región pasar de una contracción de 2% en 2009 a una expansión de 6,1% en 2010.

El arma monetaria

Si bien su estrategia impulsó el endeudamiento y explica en buena medida la desaceleración que actualmente alientan la autoridades chinas, Nake Kamrany, profesor de economía de la University of Southern California, destaca su efectividad. “Las grandes recesiones de 2007-2011 fueron contagiosas y se esperaba que la fuerte orientación de la globalización de China impulsara a su economía hacia una crisis global transmisible y turbulenta, pero irónicamente, China escapó”, señala en un paper, donde reclama a EEUU no haber seguido este camino.

Si bien la primera economía mundial inyectó recursos públicos a la economía, como los US$350.000 prestados a la banca, la política de largo plazo que impulsó la actividad fue la de tasas de interés en mínimos y una inédita flexibilización monetaria, que contribuyeron a retomar un crecimiento sostenido desde 2010 y diminuir el desempleo desde 10% al 3,9% actual.

Los últimos en llegar

La fórmula de la Reserva Federal fue seguida por europeos y japoneses, pero ellos estaban en una situación muy distinta a la de EEUU. Para la el Viejo Continente la pesadilla apenas comenzó con la crisis financiera, que dio pasó a la crisis del euro. Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España sucumbían y frenaban la efectividad del Banco Central Europeo, que ya enfrentaba otros desafíos. Así surgió el término PIIGS, por las iniciales de esos países.

“Lo que EEUU tiene, pero Europa no, es que la Fed es un prestamista de último recurso, mientras que el BCE no tiene esa autoridad. La Fed podría agregar liquidez más rápido”, señala a Pulso Ken Goldstein, economista de The Conference Board, quien además apunta a las políticas de austeridad como un freno, al impedir a los estados prestar soporte a la economía, la cual recién retomó el crecimiento en 2014.

Por su parte, Japón exhibía un desempeño económico mediocre incluso previo a la crisis, por lo que su política monetaria laxa simplemente no dio abasto. Tuvo que acompañar el impulso del Banco de Japón con los “abenomics”, el estímulo fiscal del primer ministro Shinzo Abe que sacó brotes verdes a la economía recién en los últimos dos años.

A diferencia de EEUU, la zona euro y los nipones continúan con sus tasas en mínimo y con política monetaria no convencional, la que recién podría comenzar a normalizarse el próximo año.

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