Al menos un mes de adaptación: especialistas advierten que niños sufrirán problemas de sueño, apetito, concentración y energía en regreso a clases

Foto: AP.

Luego de meses sin asistir presencialmente, una cuota de ansiedad y nerviosismo será inevitable al reunirse en persona con amigos y profesores. Algo que debe ser tomando en cuenta, advierten, porque se trata de un retorno bajo nuevas reglas y un escenario distinto al que conocían.




Este 2021 la vuelta a clases después de las vacaciones de invierno será diferente. Los desafíos a los que se enfrentan niños, niñas y adolescentes también.

Luego de meses sin asistir presencialmente a los colegios, una cuota de ansiedad y nerviosismo será inevitable al reunirse en persona con amigos y profesores, advierten especialistas en salud mental. Algo que debe ser tomando en cuenta, porque se trata de un retorno bajo nuevas reglas y un escenario distinto al que conocían. Es volver a clases en pandemia.

Es una transición, especialmente en cuanto a salud mental se trata. “Representa una serie de desafíos diferentes de lo que era volver hace tres años de vacaciones de invierno, no es que sea solo regular el sueño luego de dos semanas de descanso”, dice la doctora Vania Martínez, psiquiatra y directora del Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes (Imhay).

La pandemia dejó en claro que el aprendizaje en persona es lo mejor para su salud física y mental en general. Pero les puede llevar un tiempo adaptarse.

A nivel social pueden experimentar dos cosas, señala Juan Ariel Zuñiga, psiquiatra y jefe de salud mental de Vidaintegra, por una parte alegría por estar con sus compañeros, pero al mismo tiempo temor, “el síndrome de la cabaña”, es decir, “¿qué hay ahí afuera? ¿cuándo me voy a contagiar?, ¿será peligroso?, lo que es de una ambivalencia tremenda para ellos”.

Los niños son resilientes, pero vienen de meses de mucho estrés. Diversos estudios han recalcado cómo los ha afectado tanto pedagógicamente como emocionalmente, el no asistir al colegio. El proyecto Impacto en la Salud Mental de Preescolares y Escolares Chilenos Asociado a la Cuarentena por Covid-19, realizado por el Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Norte de la U. de Chile, consultó a apoderados de 4.772 estudiantes de prekínder hasta cuarto básico, de 46 colegios públicos de las comunas de Cerro Navia, Lo Prado y Pudahuel, quienes reconocieron un alza en todos los síntomas de salud mental pesquisados.

Luego de meses sin asistir presencialmente a los colegios, una cuota de ansiedad y nerviosismo será inevitable al reunirse en persona con amigos y profesores, advierten especialistas en salud mental.

En ese estudio padres y padres admitieron que lo que más aumentó fue “estar triste” (24,6%), la “falta de ganas, incluso para hacer actividades que le gustan” (29,5%), “cambios en el apetito, ya sea comiendo más o menos que antes” (26,4%) y “problemas para dormir –ya sea que no quiere acostarse, le cuesta conciliar el sueño, despierta en la noche o tiene mucho sueño durante el día-” (26,4%).

Periodo de transición

Muchos de esos síntomas en salud mental se deben en gran medida a la incertidumbre. La vuelta a clases no implica que eso termine. “Esto es un proceso, en que algunos colegios van a abrir y otros van a tener que cerrar si se presentan casos de Covid-19, no es una certidumbre. Puede venir otra variante, son hartos factores”, todos elementos que hacen que sea una situación inestable, indica Martínez, también académica del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente (Cemera) de la U de Chile.

“Es complejo volver a intentar un colegio normal cuando la verdad la situación es que estamos viviendo no es normal y sobre todo actualmente donde hay una escasez de vacunas, entonces el joven se siente completamente expuesto”, subraya Zúñiga.

Para Fernando Marchant, psicólogo de Vidaintegra, la vuelta a clases para el niño o joven significa un periodo de adaptación normal que va a tomar de tres a cuatro semanas. Un tiempo que implicará, dice, nuevos períodos de ajuste con respecto a los ritmos biológicos, principalmente las horas de sueño, el apetito, la alimentación, la concentración, la energía física, “que van a cambiar después de estar más de un año en casa”.

Especialistas indican que la vuelta a clases para el niño o joven significa un periodo de adaptación normal que va a tomar de tres a cuatro semanas. Foto: Mario Tellez / La Tercera

“Ahora se cambia radicalmente a algo totalmente distinto, con estructura y organización, así que va a tomar cierto tiempo de ajuste por el período normal que tiene nuestro sistema psicológico y nervioso de cambiar de ambiente. No obstante, no debería extenderse más de un mes. Se debe estar alerta a cualquier cambio que perjudique este proceso con el ánimo de salvaguardar la salud y la vida de las personas”, aclara Marchant.

El retorno a la forma presencial además implica nuevas restricciones. Los recreos no serán como antes. Tampoco verán a todos sus compañeros. “Nuevas reglas y nuevos desafíos, y esas adaptaciones provocan ansiedad, no quiere decir que sea algo negativo, puede ser bien valorado si está bien planificado”, sostiene Martínez.

Es un grupo con casi dos años sin una cotidianidad normal, lo que puede ser mucho más difícil esa reincorporación, añade la psiquiatra de la U. de Chile: “Para ellos dos años de vida es mucho. El pasar de 13 a 15 años, por ejemplo, son tantas las cosas que ocurren en ese tiempo, que es prácticamente otra persona la que regresa a encontrarse con amigos, amigas y profesores”.

Enfrentar esa situación puede que no sea fácil para adolescentes que pueden presentar ansiedad ante el juicio de pares. En casi dos años la apariencia física ha cambiado. Algo importante para todos los grupos de edad advierte Martínez, es pensar en la opinión del otro luego de no verse por tanto tiempo, pero en ellos más. “Algunos han dejado de hacer actividad física y puede que hayan subido de peso, o al contrario. Y la adolescencia es una etapa en que se está muy pendientes de la opinión de otros y sobre todo en relación con el tema del aspecto físico, algo en que las redes sociales y los filtros no contribuyen”, detalla.

Temor a contagios

Para Zuñiga si bien después de que han estado mucho tiempo en su casa sin ver a sus pares, es una experiencia positiva en el aspecto social, también puede ser negativa en cuanto al temor que aún se tiene de ser infectado por otras cepas, “como la Delta que está recién en el país y qué afectaría bastante a los jóvenes”.

No tener esa vacunación completa inquieta a los niños y jóvenes porque si se contagian implica el contagio de todo un colegio y de todo el grupo familiar, dice Zúñiga, entonces el no tener las vacunas al día, “es bastante pernicioso”.

Para Marchant, el no tener un esquema de vacunación completo puede generar inseguridad y temor en por miedo al contagio. Y eso se puede manifestar como alteraciones en el dormir, en conciliar el sueño o no teniendo un sueño reparador. Además, puede alterar el apetito, y tener mayor signos de irritabilidad o nerviosismo con baja concentración.

No tener esa vacunación completa inquieta a los niños y jóvenes porque si se contagian implica el contagio de todo un colegio y de todo el grupo familiar. Foto: Agencia UNO.

A nivel social, añade Marchant, pueden darse comparaciones y competencias entre los alumnos, y acentuar la diferencia entre las personas, generando ansiedad. Por ejemplo, entre el grupo de quienes se vacunaron primero y quienes después, lo que puede generar cierta rivalidad. “Espero que los jóvenes cooperen y también sean empáticos entre ellos ahora en este reencuentro después de tanto tiempo deseando estar juntos”, apunta.

En los colegios deberían hacerse terapias de grupo, con la ayuda de un psicólogo en estudiantil que esté permanentemente hablando de los síntomas de la ansiedad y del estrés, dice Zúñiga, para que estos puedan ser detectados a tiempo.

Se deberían aceptar las diferencias individuales de los alumnos. Cada uno va a tener su propio ritmo de ajuste que va a ir alcanzando la normalidad. Para Marchant, no se debe apurar este proceso y tampoco exigir de más. “Se debe entender que este periodo es normal y que todo lo que nos vaya sucediendo psicológicamente y emocionalmente, sentirse ansioso, temeroso, irritado, todo esto es parte de un proceso de adaptación y por lo mismo el colegio y los profesores deben ser muy flexibles y muy comprensivos con todos y entre todos”.

Todos esos temas podrían ser tratados en el aula. Y además ser detectados por las y los docentes. “Los profesores tiene una posición privilegiada para aportar al desarrollo psico emocional de los niños y adolescentes en estas circunstancias. Al estar en contacto presencial tienen hartas posibilidades de detectar situaciones de más riesgo. Pero ellos necesitan herramientas”, indica Martínez.

La directora de Imhay señala que se han dado muchas condiciones para que en pandemia y post pandemia aumenten problemas de salud mental como suicidios adolescentes, “donde las comunidades educativas tienen una gran oportunidad para detectar y actuar preventivamente”. Por eso en Imhay, con el financiamiento de la Iniciativa Científica Milenio de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) realizan asesoría gratuita on line a profesores de colegios en el curso “Abordaje del riesgo suicida en jóvenes estudiantes”.

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