Inédito estudio con Inteligencia Artificial busca entender las razones por las que algunas personas en Chile se oponen a las vacunas contra el Covid-19

La investigación pretende comprender quiénes son las personas que desconfían de la campaña de inoculación contra el coronavirus, cuáles son sus razones y en qué zonas del país se concentran.




Cuando Chile ya lleva varios días vacunando a la población, en un trabajo que es reconocido a nivel internacional, todavía quedan algunas personas reticentes a la inoculación. Por desconocimiento, desinformación u otro motivo, los cargamentos de vacunas que han llegado al país, no son apreciados por todos.

¿Por qué algunas personas no se quieren vacunar? Eso se precisamente lo que realizará Merlin Research: buscarán conocer las razones e interrogantes más latentes en la población chilena que reniega de las vacunas.

Tal como lo hizo durante el 2020 con “Diálogos”, un estudio de campo que en conjunto con la Fundación Encuentros del Futuro y el Ministerio de Ciencias consultó a la ciudadanía sobre las ideas y sentimientos que los ciudadanos declaran sobre el futuro, la nueva investigación realizará una jornada de encuestas hechas completamente con Inteligencia Artificial para averiguar, con la mayor representatividad posible, cuál es la disposición de la población en Chile tiene frente al plan de vacunación contra el coronavirus y si existen diferencias o sesgos a la hora de “elegir” por alguna de las vacunas ya desarrolladas, y en actual uso por el Gobierno.

Para esto, es necesario entender dónde se ubica la gente que tiene menos disposición a inocularse y cuáles son sus motivos para resistirse a la dosis. El director de estudios de Merlin Research, José Manuel Ferreiro, explica que “queremos tratar de entender sus razones, y dar un insumo para las políticas públicas, porque estamos empezando un plan gigante de vacunación”.

¿Por qué con Inteligencia Artificial?

La idea de este estudio es captar toda la información posible que pueda entregar las personas entrevistadas en este proceso. “Es mucho más complejo que preguntar sobre si se vacunarían o no, y por eso necesitamos a la Inteligencia Artificial”, afirma Ferreiro.

El proceso de este estudio dispone de “robots cognitivos” que pretenden encuestar a 10.000 personas, como mínimo. Estos robots son capaces de entender lo que una persona le está hablando, y por lo mismo reaccionar a esa respuesta. “El cuestionario debiera ser distinto para alguien que dice que sí se va a vacunar a una que diga que no, y la IA es capaz de detectar eso y seguir con el diálogo porque va entendiendo lo que le responden”, desarrolla Ferreiro.

Una persona con una máscara y una vacuna de cartón se manifiesta durante una marcha antivacunas el 12 de diciembre en Perpignan, Francia. Foto: AFP

El proceso de transcripción de estas respuestas también está realizado con IA. Este proceso es supervisado por personas, las cuales corrigen errores que puedan haber en la transcripción. Finalmente, se lleva a cabo el proceso de analítica de la información obtenida, también a través de Inteligencia Artificial.

“Como el principal insumo de este estudio van a ser respuestas abiertas, desestructuradas, la Inteligencia Artificial ayuda en ese proceso de generar los primeros códigos y asociaciones de las respuestas”, comenta Ferreiro. Como la encuesta no tendrá preguntas de alternativa, u otro tipo de opción prediseñada, se hace importante el uso de esta metodología para comprender mejor las razones de quienes aún tienen dudas sobre la vacuna, o simplemente se niega a la inoculación. Estos procesos también son supervisados y verificados por personas para evitar el mínimo margen de error.

Los resultados ayudarán a entender en qué zonas del país hay mayor resistencia a vacunarse contra el COVID-19 y qué rango etáreo y género predomina entre quienes aún tienen dudas de inocularse.

Se espera, además, que durante las próximas semanas comience el proceso de este estudio, previo al cierre de las respectivas alianzas con el los Ministerios de Salud, y Ciencias y actores del sector privado. Los responsables del estudio estiman que el proceso durará dos meses y medio, desde que se haga el primer “diálogo” entre un robot y un encuestado, hasta que se puedan conocer los resultados.

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