La carrera de Cuba para hacer su propia vacuna contra el coronavirus

Centro de inoculación en La Habana, Cuba, donde se prueba su vacuna Soberana. Foto: Reuters

El país está trabajando en cinco vacunas candidatas para Covid-19, dos de las cuales han pasado a ensayos clínicos de fase 3: Soberena O2 y Abdala.




A lo largo de 2020, la pequeña nación insular de Cuba pudo limitar la propagación de casos de Covid-19 y el número de muertes. A principios de mayo de 2021, poco menos de 700 personas habían muerto a causa de la enfermedad, lo que representa una tasa de muerte de alrededor de 60 personas por millón, en comparación con alrededor de 1.750 por millón en los EE.UU.

Si bien la tasa de mortalidad sigue siendo baja, el número de casos ha aumentado en 2021 y actualmente se registran alrededor de 1.000 casos nuevos cada día.

Una mujer en el centro de La Habana, el pasado 3 de mayo. Foto: Reuters

Mientras tanto, la pandemia ha golpeado duramente a la economía cubana: su economía se contrajo un 11% en 2020. Junto a la pérdida de ingresos del turismo, una fuente importante de divisas para la isla, el fortalecimiento de las sanciones de Estados Unidos contra el gobierno comunista de Cuba provocó una grave crisis económica, crisis, que ha provocado escasez de alimentos. Las sanciones estadounidenses tienen como objetivo aislar al gobierno cubano y presionarlo para que mejore la situación de los derechos humanos en el país.

Cuando se trata de vacunas, Cuba ha decidido hacerlo solo. Tres expertos explican cómo va la carrera de Cuba por una vacuna contra el coronavirus y dónde encaja en el panorama más amplio de la diplomacia mundial de las vacunas.

El virólogo Amilcar Pérez Riverol es investigador postdoctoral en la Universidad del Estado de São Paulo en Brasil explica que Cuba está trabajando en cinco vacunas candidatas para Covid-19, dos de las cuales han pasado a ensayos clínicos de fase 3: Soberena O2 y Abdala. Estas dos vacunas también se están extendiendo a más de 100.000 trabajadores de la salud. Riverol dice que es “un poco inusual” inmunizar a miles de personas con vacunas candidatas para las que “aún no se conoce la eficacia”.

Un grupo de personas en el Malecon de La Habana. Foto: Reuters

Jennifer Hosek, profesora de idiomas, literaturas y culturas en Queen’s University, Ontario en Canadá, dice que en Cuba, “la confianza en el gobierno en lo que respecta a la atención médica se ha construido a lo largo de muchas, muchas décadas”.

El país también ha invertido mucho en su sistema de salud durante muchos años y es conocido por su diplomacia médica, que incluye el envío de doctores a todo el mundo como parte de su enfoque en la solidaridad internacional.

Peter Hotez, profesor de pediatría y virología molecular en el Baylor College of Medicine en Estados Unidos, pone el esfuerzo de Cuba para producir su propia vacuna en una perspectiva global. “Necesitamos tener la capacidad de desarrollar vacunas a nivel local en África, expandir la capacidad en América Latina y el Medio Oriente y en Asia”, dice, argumentando que es parte de la respuesta para arreglar la dependencia de las empresas multinacionales, que no siempre produzca las vacunas que se necesitan en los países de ingresos bajos y medianos.

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