Nunca es tarde para dar el “sí”, casi mil chilenos mayores de 75 años se casaron en 2017

Ese año 225 mujeres y 707 hombres de esa edad, se casaron, muestran datos INE. Un fenómeno que en una década creció un 43,3%. Las parejas que se divorcian y se casan más tarde en la vida, detallan expertos, a menudo tienen una mejor idea de quiénes son y de lo que quieren de una relación.


El matrimonio ya no entusiasma a los chilenos como en décadas pasadas. Si se compara, por ejemplo, con cifras de los años 80, en 1987, fueron casi cien mil chilenos los que se casaron (95.531), según datos de las Estadísticas Vitales 2007 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Treinta años después esa cifra fue de 61.320 enlaces, según comunicó el INE en las cifras provisionales de Estadísticas Vitales 2017 publicadas esta semana.

Es desde el año 1996 que los matrimonios celebrados en nuestro van disminuyendo. Ese año se registraron 83.547 matrimonios. Posteriormente, en 2005, por ejemplo, hubo un total de 53.842 uniones. La cifra de 2017 muestra un aumento, pero lejano a los registros de décadas atrás.

Sin embargo, al apreciar las edades resalta un aspecto: en 2017 hubo 225 mujeres que tenían 75 años o más cuando se casaron y 707 hombres contrayentes de esa misma edad. Fueron en total 932 los matrimonios de personas mayores. En el caso de los datos para Acuerdo de Unión Civil, el INE indicó que aún no los ha dado a conocer.

Un fenómeno que va en alza. En 2007 fueron 650 las personas de más de 75 años que se casaron (527 hombres y 123 mujeres). Al comparar con 2017, se aprecia que el aumento en una década fue de 43,3%.

La cifra da cuenta de matrimonios en que algunos de los contrayentes tiene 75 años o más. Al mirar sólo los enlaces en que ambos tienen esa edad, se ve que corresponde al 13,4% del total (125 enlaces).

¿Con quiénes se casan? En el caso de los hombres, la mayor parte lo hace con mujeres que tienen edades entre los 60 y 64 años, (144 enlaces), grupo que representa el 20% del total (707). En ellos el enlace con la pareja de menor edad, es uno, y se indica está dentro de la categoría de entre 25 a 29 años.

Para las mujeres el mayor grupo de edad de sus compañeros es el de 75 años y más, con 125 matrimonios (55,5%). En ellas, el matrimonio con pareja más joven, es también uno, con un hombre entre 40 y 44 años.

 

Edadismo

La población de personas mayores en Chile sobre 60 años es de 2 millones 850 mil 171. Equivale al 16,22% del total, de acuerdo al Censo 2017. Si es que se desagrega por tramo de edad, señala María José Gálvez, psicóloga y Secretaria de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, el tramo en cuestión (70 a 80 años) es el 30,9%, con 56% de mujeres y 44% de hombres.

El 85,5%, en sus actividades de la vida diaria, resalta Gálvez. Dato relevante en términos de generar nuevos proyectos a la edad de 75 años, tomando en cuenta la expectativa de vida nacional. “Son personas que todavía podrían vivir, dependiendo de su nivel funcional, 10 años más promedio con una realidad distinta. Entonces esto refuerza la idea de que nunca es tarde para tomar buenas decisiones. Esto desde el punto de vista de los nuevos matrimonios”, indica.

Se trata de una realidad y se debe dejar de observar con asombro, resalta Agnieszka Bozanic, psicogerontóloga de la Universidad de Barcelona y fundadora de #GeroActivismo. El hecho de que vivimos en un Chile envejecido ya no es un secreto, indica. “La esperanza de vida de nuestro país es la más alta de Sudamérica, según los últimos datos de la OMS, lo que quiere decir que vivimos más. Con una media mundial de 72 años, Chile aparece con 79,5 años”.

Es algo positivo, indica Gerardo Fasce, geriatra del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. “Es producto de una epidemiologia favorable, que nos hablan de que cada vez hay más personas, personas mayores en mejores condiciones de salud y están tomando decisiones como ésta, tan trascendental, como estar con una pareja”, destaca.

Estudios muestran que representa una alternativa desde el punto de vista legal. “Por un tema de herencia que es desde lo práctico bien relevante, ver quién va a quedar de heredero si es que no se detesta”, dice Gálvez.

También en estos casos, agrega Gálvez, estaría presente la teoría de la directora y fundadora del Stanford Center on Longevity, Laura Carstensen, de la selectividad socioemocional, que hace referencia a que en la medida que se acorta el tiempo las personas rescatan lo positivo solamente. “También haciendo como un análisis de la vida, de acuerdo a la teoría de Erikson, te das cuenta que te faltaron algunas decisiones por tomar o que te gustaría darle un vuelco a tu existencia independientemente de cuántos años de vida te quedan“.

Observar el fenómeno como algo anecdótico responde básicamente a una mirada edadista de nuestra sociedad hacia las personas mayores. El edadismo es un tipo de discriminación por edad, agrega Bozanic, en la cual se atribuyen ciertas características solo por tener esa edad. “Es un tipo de discriminación muy sútil y se ha observado que es más prevalente que el machismo y racismo. En este caso, el ‘viejismo’ es un problema mayúsculo. Algunos estudios hablan que la gente que interioriza el viejismo, vive 7,5 años menos”.

Es claro que los adultos mayores no solo necesitan espacios de cuidado, un techo, alimentación y abrigo. También existe la necesidad de amistad y el amor. Y eso es precisamente lo que han visto en Fundación Las Rosas, resalta Carolina Baquerizo, encargada de fidelización y acompañamiento de voluntariado.

“Entre los residentes aflora el amor y la amistad. Es también una necesidad vital para ellos, aunque no para todos”, dice Baquerizo. En un caso, cuenta, una pareja se enamoró y se quisieron casar, lo que consultaron con sus hijos. Pero hubo uno que no estaba muy de acuerdo. No es un tema sencillo, dice, porque es necesario reconocer que amar también es parte de su derecho. “Al final se casaron y constituyeron una familia”, recuerda.

Gerardo Fasce, geriatra del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, señala que los matrimonios sobre los 75 años no es algo esporádico. Se trata, de relación de pareja que muestran un sentido diferente a otras etapas. Es un grupo más maduro, dice el geriatra, que tiene más claro en qué situación están. “Existe bastante más compromiso y reconocen las carencias y dificultades del otro, y donde el vínculo pasa más acompañarse en esa etapa de la vida, hay mucho de eso”.

Otras veces, señala Baquerizo, no se casan, pero hay pololeos. Amistades más íntimas, a las cuales hay que brindarles los espacios. Es el caso, dice, de otra pareja que son pololos, amigos y se visitan. “Viven en dos residencias que están cerca y día por medio se visitan, toman té”.

El libro publicado en el año 2004, Intimacy in Later Life aborda esa temática, e indica que muchos  hombres y mujeres mayores que se habían embarcado en una nueva relación de pareja, reconocían que nunca pensaron que volverían a sentirse enamorados. Las parejas que se divorcian y se casan más tarde en la vida, detalla el texto, a menudo tienen una mejor idea de quiénes son y de lo que quieren de una relación.

Kate Davidson, coautora del texto, señaló cuando fue lanzado, que hombres y mujeres muestran, eso sí, distintos modos de reanudar su vida amorosa. Los hombres quieren una pareja que viva con ellos. En cambio, ellas desean salir con alguien, pero no siempre vivir juntos.

La capacidad de vivir la viudez y la tercera edad, es mucho mejor en la mujer, resalta el geriatra de la U. de Chile. El hombre, en cambio, manifiesta con mayor frecuencia necesidad de  compañía. “La mujer en cambio es mucho más longeva y tienen un mejor estatus de salud que los hombres, son más independientes y disfrutan más de esa etapa”.

Las mujeres, dice Camila Quinteros Socia Fundadora 60 y Más Consultores, pareciera que tienen sus necesidades sociales y afectivas cubiertas en esa etapa, sin la presencia de un vínculo marital. “Por el contrario, hay estudios que muestran que los hombres una vez que enviudan se casan prontamente o su estado de salud decae considerablemente. Pareciera que la mujer puede seguir siendo autónoma en la vejez sin la compañía de un hombre”.

Prejuicios

Sin embargo, también habrían otros aspectos implicados en esa diferencia, dice Quinteros, socia Fundadora 60 y Más. En general, los estudios muestran que para los hombres es más fácil tener pareja en la adultez mayor que para las mujeres y eso se debe, entre otros muchos factores, dice, a condicionantes sociales de tipo machista. “Por ejemplo: un hombre mayor viudo o separado, se pone a pololear y los hijos y nietos son los primeros en celebrar la noticia. Pero cuando es una mujer, comentarios como ‘ya no está en edad’, ‘qué va a pensar la gente’, ‘ya se te olvidó mi papá’, afloran casi espontáneamente y son los familiares más cercanos los primeros en dificultar esa nueva relación sentimental”, resalta.

“Ser mujer y mayor no es fácil”, agrega Bozanic. Y en la tercera edad nuevamente está el estigma del ‘qué dirán”. O bien, dicen, muchas piensan que es algo que no es para ellas. Lo que no es simplemente una interiorización del viejismo. Se sabe que la sociedad espera que las personas mantengan los roles o funciones considerados propios de su género, independiente de la edad. Por lo tanto, es bastante dificultoso para las mujeres tomar la decisión de comenzar una nueva relación de pareja y velar por la felicidad propia”.

El geriatra de la U. de Chile destaca que se vive una sexualidad distinta, “ya no con tanto énfasis en la genitalidad, pero es un tema relevante para ambos”. Un tema que abre desafíos, como por ejemplo, las enfermedades de transmisión sexual y VIH, del cual, dice no se tiene mucha conciencia.

Eso de que las personas mayores son “asexuadas” está totalmente fuera de la realidad hoy en día, destaca Quinteros. 60 y Más realizó un estudio al respecto que evidencia que las personas mayores siguen activas sexualmente. “Una de las variables que elevan la probabilidad de mantenerse sexualmente activo era precisamente ser hombre”, indica.

Para Bozanic el fenómeno reafirma que se debe combatir la idea de una sociedad que exalta la juventud y la relaciona con productividad, belleza y éxito, mientras la edad y el paso del tiempo, son vistos como un desvalor. “Ante esto, resulta urgente resignificar la imagen de la vejez, teniendo presente que es una etapa de la vida que, como cualquier otra, contiene aspectos positivos y negativos. Es necesario deconstruir los prejuicios y estereotipos que recaen sobre las personas mayores, así como lo estamos haciendo con el género. Es una tarea pendiente como sociedad que contribuirá a erradicar las practicas discriminatorias cotidianas”, destaca.



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