Pfizer, la empresa de 171 años que pasó del viagra a luchar contra el cáncer, y hoy produce vacunas contra el coronavirus en un pueblo cervecero

La compañía, fundada por un farmacéutico y un pastelero, cuenta con una de sus fábricas en una pequeña ciudad belga, desde donde salieron las vacunas que arribarán este jueves a Chile. Junto a BioNTech, esperan producir 50 millones de dosis para fin de año y 1.300 millones en 2021.




La localidad de Puurs es una de las más prósperas de Bélgica. Con una superficie un poco mayor que la ciudad de Antofagasta y casi 18 mil habitantes, mantiene un perfil principalmente rural, aunque gracias a su cercanía con la capital Bruselas, poco a poco se ha ido convirtiendo en una ciudad residencial.

El lugar también es conocido por el cultivo de espárragos -producto estrella de la ciudad-, sus iglesias del siglo XV, ferrocarriles antiguos, y la cerveza Duvel (diablo en holandés), que según una leyenda urbana debe su nombre por su porcentaje de alcohol del 8,5 por ciento.

Sin embargo, la otrora desconocida ciudad hoy se ha convertido en un punto de esperanza para el mundo, debido a que es allí donde la empresa Pfizer cuenta con una de sus plantas de fabricación para sus vacunas -la otra se encuentra en Michigan, EE.UU.-, las mismas que arribarán a las 7 de la mañana de este jueves a Chile, marcando el inicio del plan vacunatorio en el país.

En Puurs, Pfizer produce cada año más de 400 millones de dosis de vacunas y medicamentos, y su número de empleados se ha duplicado en los últimos 10 años, alcanzando casi 3 mil personas, cifra que podría aumentar por el volumen de producción de las vacunas y un plan que tiene como objetivo 50 millones de dosis para fin de año y 1.300 millones en 2021.

Pero en Bélgica, Pfizer es sólo parte de un gran ecosistema farmacéutico, que junto con Alemania e Irlanda, tienen al país entre los tres primeros de la Unión Europea en la exportación de estos productos. Grandes nombres como Janssen, Biocartis, Novartis y GlaxoSmithKline se remontan a una larga tradición farmacéutica en la región, tanto en producción como en investigación y desarrollo. Y en Bélgica, las fábricas de GSK, Sanofi, AstraZeneca, Johnson & Johnson, Inovio o Univercells también fueron seleccionadas para producir vacunas.

La clave es el apoyo del país al sector de la investigación, desarrollo en innovación. En la Unión Europea, Bélgica es quien más invierte en el sector químico y farmacéutico, con un gasto de 4.500 millones de euros en 2019.

Una vista típica de la tranquila ciudad de Puurs, en Bélgica.

Pastelero a tus pasteles

Fundada en 1849 por dos primos originarios de Alemania, Charles Pfizer, un químico, y Charles Erhart, un pastelero, en el barrio neoyorquino de Brooklyn, Pfizer se presentó en sociedad con un medicamento contra las lombrices intestinales con aroma de almendras, aprovechando posteriormente la demanda de desinfectantes y analgésicos durante la Guerra Civil (1861-1865) para duplicar sus ingresos. Ya en la Segunda Guerra Mundial fabricó penicilina, y más adelante desarrolló técnicas para producir masivamente ácido cítrico, utilizado en refrescos.

El grupo vendió su primer medicamento bajo la marca Pfizer en 1950, el antibiótico de amplio espectro Terramicina, antes de expandirse en los años siguientes, tanto en el ámbito internacional como en el rubro de medicamentos para animales.

Su golpe de suerte lo obtuvo en 1998 gracias al Viagra, un fármaco para tratar la disfunción eréctil, posiblemente el producto más conocido del laboratorio junto con Xanax, un antidepresivo, y Lipitor, un anticolesterol.

Actualmente, Pfizer emplea aproximadamente a 88 mil personas en todo el mundo y vende sus productos en 125 países. Ofrece medicamentos para tratar el cáncer, enfermedades cardiovasculares y neurológicas entre otros, recaudando más de 50 mil millones de dólares al año.

Su beneficio en 2019 fue de 16.300 millones de dólares, y gastó alrededor de 8.700 millones de dólares en investigación y desarrollo, aunque regularmente compra o se acerca a otras compañías para completar su cartera de productos.

Así, en 2019 anunció la fusión de su actividad de medicamentos no patentados con el grupo farmacéutico Mylan para crear un gigante mundial en el sector de genéricos.

Sin embargo, la empresa se mantenía sin avances significativos por la falta de un nuevo medicamento revolucionario que impulse las ventas. Este llegaría en 2020 gracias a BNT162b2, nombre oficial de su vacuna contra el coronavirus, desarrollada junto al desconocido laboratorio alemán BioNTech.

La entrada a la planta de Pfizer en Bélgica, lugar donde se fabricaron las vacunas que se entregarán este jueves en Chile.

La carrera por una vacuna

A fines de enero, Ugur Sahin, empresario biotecnológico y uno de los fundadores de BioNTech, se encontraba leyendo un artículo en la revista científica The Lancet, que detallaba el caso de un nuevo y extraño virus con una alta capacidad de propagación entre personas, que había infectado a una familia en China. Tras hablar con su equipo, enfocado principalmente en oncología, les dijo que era posible que el virus oriental se convirtiera en una pandemia, y que era necesario comenzar a desarrollar una vacuna.

Para ello, recordó una alianza realizada en 2018 con Pfizer en la búsqueda de una vacuna contra la gripe, aunque el trabajo no había avanzado lo suficiente como para ser probado en humanos. De todas maneras, decidió llamar a la jefa de investigación de vacunas de Pfizer, Kathrin Jansen, para iniciar una colaboración que por entonces, no sabían que cambiaría el mundo.

Así, el 17 de marzo Pfizer y BioNTech anunciaron un acuerdo de colaboración para el desarrollo de una vacuna que ya se había considerado una pandemia, y de la que recién tendría sus primeras pruebas en abril.

Una vez que se seleccionó el producto, una vacuna administrada en dos dosis con tres semanas de diferencia, comenzó un gran ensayo clínico en julio, con un total de más de 40 mil participantes, anunciando en noviembre pasado que su vacuna tenía una efectividad del 90%.

Pfizer y BioNTech habían logrado una hazaña sin precedentes en el ámbito científico, desarrollando una vacuna eficaz menos de un año después del descubrimiento del nuevo coronavirus.

El éxito del proceso catapultó al estrellato no sólo a Ugur Sahin, sino también a Ozlem Tureci, ambos alemanes de origen turco que prefieren mantenerse alejados de la fama por su inesperado logro.

Sahin es hijo de un obrero turco que inmigró a Alemania para trabajar en la industria automovilística cuando él tenía 4 años, mientras que Tureci es la descendiente de un médico turco que abandonó Estambul para instalarse en el norte de Alemania.

El día del anuncio, la prensa alemana no escatimó elogios para los científicos, llamándolos “héroes”, y destacando cómo unos hijos de trabajadores inmigrantes se habían convertido en los salvadores del mundo. Sin embargo, en la comunidad científica ambos gozaban de reconocimiento tras destacar con sus investigaciones sobre el tratamiento del cáncer, que pretenden “revolucionar”.

Sahin y Tureci fundaron en 2001 su primera empresa de biotecnología, Ganymed Pharmaceutical, que vendieron en 2016. Mientras tanto, tuvieron tiempo para crear en 2008 BioNTech, su segunda empresa, con la que desarrollaron una nueva generación de terapias individuales para los pacientes de cáncer.

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