Gonzalo Moratorio, virólogo uruguayo: “Los políticos se pusieron de acuerdo en escuchar a los científicos”

Es el único latinoamericano seleccionado por la revista Nature en su lista de los 10 investigadores más importantes del 2020. Su desarrollo de un test de bajo costo permitió a su país reaccionar rápidamente ante la llegada de la pandemia, aunque él destaca varios factores en el éxito de Uruguay. “El alineamiento entre científicos y políticos fue desde el día uno”, dice, y advierte sobre la desigualdad global en el acceso a las vacunas para superar la crisis.




Es el único latinoamericano en la lista de científicos top 10 de la prestigiosa revista Nature. Gonzalo Moratorio fue reconocido como uno de los diez investigadores más importantes de 2020 por el desarrollo de un test de diagnóstico efectivo y de bajo costo, que ayudó a su país a contener los contagios del virus. Uruguay registra hoy menos de 200 muertos en toda la pandemia. “Estos individuos ayudaron a hacer descubrimientos increíbles y atrajeron la atención a temas clave”, explicó la revista, quien lo destacó junto a personas como el director de la OMS, Tedros Adhanom.

Su carrera partió en su país, donde hizo sus estudios de máster y doctorado, para luego pasar un año en la Universidad de California. Su posdoctorado lo llevó al Instituto Pasteur de Francia, por seis años, profundizando cada vez más en temas como evolución viral y desarrollo de vacunas.

Lleva más de quince años estudiando los virus. Cuenta que cuando supo de lo que estaba pasando en Wuhan, no pensó que una pandemia podía estar ad portas. “Pero cuando comenzó a expandirse fuera de China y llegó a Europa -inclusive antes de que empezara a desmadrarse en Italia y España-, ahí realmente pensé que sería cuestión de semanas y había que ponerse a trabajar”.

-Ahí usted se dio cuenta de que en Uruguay no tenían test, y se lanzó a fabricar uno nacional.

-Correcto. Empezar a fabricar estos test de manera nacional implicaba hacer algo que otros países latinoamericanos hicieron también, pero tal vez no con el timing que lo hizo Uruguay, y eso fue muy bueno. Redireccionó un sistema científico.

Para él, uno de los puntos centrales de este reconocimiento fue “convencer a las autoridades y actores políticos de que la academia, las universidades e institutos de investigación, podían tomar un papel primordial en el momento cero de la pandemia”, dice. “No esperar por laboratorios diagnósticos, sino que darles libertad a éstos. Hay que saber que los científicos, bioquímicos, biólogos moleculares, inmunólogos, neurocientíficos, inclusive microbiólogos moleculares, todos podíamos hablar el mismo idioma de cómo detectar al virus por biología molecular. Y la idea de poder utilizar la academia, y las máquinas que estaban ociosas, con un desarrollo nacional para impactar en el diagnóstico, creo que fue la clave”.

Pero creo que no hay ciencia básica, por una parte, y ciencia aplicada, por otro lado; hay buena y mala ciencia.

-¿Qué innovación tiene el test creado por ustedes? ¿Cómo lo armaron?

-Básicamente, en ese momento, los test moleculares usaban más de una reacción por paciente. Para que se entienda, más de un tubo por paciente. O sea que los controles iban por un lado, y la detección del virus, por el otro. Y esto reducía la capacidad de testear a numerosos pacientes. Entonces, en primer lugar, nuestro test interroga todo lo que hay que interrogar en un único tubo. Se arma trabajando con las secuencias genéticas del virus y utilizando los componentes que existían en el país, más allá de lo que se podía seguir importando: componentes y materias primas. Y acá se ensambla todo. Esto permitió escalar. Al momento que llega el virus al país, el Ministerio de Salud tenía únicamente 100 test en su freezer, dados por la OMS. Y nosotros, en nuestro laboratorio, teníamos 2.000. Y a los seis o siete hospitales públicos de la capital les transferimos la tecnología; les pedimos equipos prestados a las diferentes universidades y facultades. Por ejemplo, en la Facultad de Medicina y Agronomía había máquinas de PCR. Empezamos a hacer listas en Excel y a ubicar estas máquinas de PCR en los hospitales públicos; entrenamos a la gente de los hospitales y también mandamos becarios, que dejaron sus tesis de maestría y doctorados y se fueron a hacer diagnóstico para poder contener la pandemia

-Usted y su equipo montaron una red de laboratorios en todo el país, además.

-Sí, fue una experiencia muy gratificante, porque pude realmente sentir, palpar, que la ciencia puede impactar de forma directa en la sociedad. Yo soy un científico de base, uno que se pregunta o que hace ciencia guiada por curiosidad, y muchas veces la aplicación no es algo que defina las líneas de investigación que tenemos. Pero creo que no hay ciencia básica, por una parte, y ciencia aplicada, por otro lado; hay buena y mala ciencia. Mucha de la ciencia básica termina teniendo una aplicación, y todo esto fue posible por eso, porque éramos muy fuertes desde el punto de vista de la ciencia básica.

-Además, el test es gratuito para la población, ¿no?

-Totalmente. Nosotros llevamos haciendo más o menos el 20% de todos los test que se han hecho en Uruguay, y a costo cero. El gobierno deberá pagar lo que son los recursos humanos, pero que es una fracción que quizás no llega al 20% de lo que cuesta un hisopado, que no sé cómo será en Chile, pero acá está en torno a los 100 dólares. Conseguimos unos fondos del Mercosur, de unos 3 millones de dólares, y pudimos hacer estas decenas de miles de test, capacitamos a la gente, y todo gratis. Fue espectacular.

-¿Por qué Uruguay es tan excepcional en Latinoamérica combatiendo la pandemia?

-Hay que partir diciendo que administrar Uruguay tiene que ser bastante más sencillo que países como Chile, Argentina, Brasil. Primero, por la densidad poblacional. Lo segundo es que Uruguay tiene un sistema de salud universal integrado y público, lo que permitió poder llevar adelante esta pandemia desde el punto de vista médico sanitario. Y lo tercero es que creo que, a diferencia de muchos países, desde el momento inicial hubo un alineamiento entre actores políticos, autoridades nacionales y científicos.

-¿Cómo así?

- El 1 de marzo de 2020 entraba un nuevo gobierno, de un partido totalmente diferente al que había gobernado los últimos 15 años. Y al ministro de Salud pública le llega la información de que había virólogos formados en el exterior, y me pide una reunión en febrero para aprender del virus. Esa fue la primera vez que conocí al ministro de Salud, con el cual hoy en día me mando whatsapp y hablamos. O sea que el alineamiento entre científicos y políticos fue desde el día uno. Por supuesto, los científicos sugieren, y las decisiones son tomadas por los políticos. Puedo decir que gran parte de las sugerencias han sido acogidas y hay una parte que no, por supuesto. Pero creo que políticamente se ha manejado, hasta ahora, de manera positiva la pandemia. Podemos decir que los políticos se pusieron de acuerdo en escuchar a los científicos para entender sobre un patógeno y una enfermedad de la que seguimos aprendiendo, y en tiempo real.

Creo que esta pandemia nos deja dos grandes lecciones. Fortalecer y valorizar todo lo que hacen los científicos. Sabemos que los científicos en Chile, en Uruguay, en muchos países eran apenas escuchados. La actividad científica debe ser transversal.

-¿Cómo es su sistema de salud pública? ¿Cómo lo definiría?

-Lo definiría como un sistema de salud al cual hay que seguir apostando, pero en el que se ha invertido muchísimo en los últimos 15 años, y eso ha permitido mejorar de forma significativa la infraestructura, expandirlo hacia todos los rincones del país, y hacerlo accesible. Por ejemplo, este sistema de salud tiene lo que se conoce como el fondo nacional de recursos, en donde gran parte de los medicamentos, muy, pero muy costosos, son cubiertos para toda la población, más allá de si se está en salud pública o privada. Porque existe una conexión entre la salud pública y la salud privada: hay jugadores, recursos y componentes que son simétricos, de manera de balancear la cantidad de habitantes que ocupan uno u otro servicio de salud, no colapsarlos y reducir las esperas. Creo que es un sistema de salud que ha amortiguado la pandemia y permite hoy tener una salud muy accesible en Uruguay.

-¿Vendrá un fortalecimiento de la salud pública pospandemia como una tendencia?

-Eso espero. Lo primero que hay que enfrentar es lo que estamos viendo hoy, en que países muy prósperos pueden reservar un mayor número de vacunas que otros países. Y esto hay que considerarlo, más allá del fortalecimiento de la salud pública. Creo que tiene que haber políticas para poder atender a todos los ciudadanos del mundo de forma un poco más equitativa, y no en función de los acuerdos que se puedan hacer, o del poder económico o de mercado que tengan algunos países con las multinacionales que hoy lideran el desarrollo de vacunas.

-De hecho, hay una enorme desigualdad global con la vacuna. Algunos países del mundo en desarrollo están tratando de tomar las vacunas que vayan quedando… ¿Cómo lo ve usted, como científico?

-Desde el punto de vista científico no puedo entender cómo hay países que reservan hasta cuatro o cinco veces más vacunas que el tamaño de su población. Y si no me equivoco, los hay... Y, por otro lado, lo veo como un claro indicador de que hay que invertir en ciencia y tecnología, en innovación y desarrollo, y hay que invertir desde nuestras latitudes. Desde nuestros países, porque eso es lo que nos va a permitir tener soberanía nacional y regional frente a un mundo que claramente está polarizado. Y en momentos de emergencia sanitaria, no podemos dejar que esto pase. Hay que repensar el mundo.

-¿Cuáles serían las prioridades?

-Creo que esta pandemia nos deja dos grandes lecciones. Fortalecer y valorizar todo lo que hacen los científicos. Sabemos que los científicos en Chile, en Uruguay, en muchos países eran apenas escuchados. La actividad científica debe ser transversal, debe estar en el pensamiento de la energía renovable, del agua potable, de la sustentabilidad, de la limpieza de una ciudad, de áreas protegidas, de cambio climático. La ciencia tiene que estar en cada punto de nuestra sociedad. ¿Para qué? Para mañana poder tener valor agregado, y con él, generar conocimiento real que se pueda no sólo utilizar en nuestros países, sino exportarlo. Y al final del día entrar en lo que se conoce como la sociedad del conocimiento.

-¿Cree que nuestros países debieran producir vacunas de nuevo? En Chile se dejaron de hacer porque era más barato traerlas de afuera...

-La respuesta contundente es sí. Un episodio como este nos ha mostrado que es mucho más caro que haber seguido produciendo y haber generado valor agregado nacional. Considero y espero que de aquí a 10 años años el Uruguay pueda hacer su vacuna. Me gustaría ver a muchos países latinoamericanos en la misma sintonía.

-¿Qué piensa de la vacuna Sputnik, que no ha pasado todas las etapas de testeo?

-Tengo una particular confianza en la vacuna Sputnik, porque utilizó una tecnología que es anterior, que tiene algún punto de comparación con la de Oxford. No es la tecnología de Pfizer o Moderna. Es una tecnología de la cual se conoce y existen décadas de indagación en ciencia básica. Por supuesto me gustaría ver mayor accesibilidad de todos los artículos científicos que de alguna manera otorgan mayor visibilidad a todo lo realizado con la vacuna. Pero no tendría ningún problema con ella e incluso la aconsejaría.

-Parece haber cierta ansiedad global por obtener la de Pfizer o la de Moderna…

-Después de la pandemia tal vez la Organización Mundial de la Salud tendrá que imaginarse un planeta con factorías de vacunas estratégicamente ubicadas en diferentes continentes de manera de poder traducir información, desarrollar estas vacunas, y proveerlas a diferentes lugares. Estamos siendo testigos de la campaña de vacunación más grande de la historia de la humanidad; por lo tanto, es imposible que algunas vacunas puedan cubrir de forma global a todo el planeta. Pfizer y Moderna presentan resultados muy prometedores, y a mí particularmente me gusta mucho la tecnología del RNA porque he trabajado muchos años con esa tecnología. Pero hay otras vacunas que han sido muchísimo más utilizadas en la historia que estas con esta tecnología tan reciente. Entonces yo estaría tranquilo.

-El Presidente uruguayo lo felicitó por aparecer en la selección de Nature y usted le contestó, en un tuit, que ojalá suba la inversión en ciencia, del 0,4 % del PIB al 1%. ¿Puede traer una consecuencia así el coronavirus?

-Creo que sí, que puede crear una mayor inversión en ciencia, y en nuestra región, donde a veces creemos que es más productivo traer cosas de afuera que poder desarrollarlas. Tiene que ser una combinación de las mismas. Tenemos que salir a formarnos y aprender de las últimas tecnologías para poder no solo reproducirlas, sino mejorarlas y poner nuestra impronta. Con respecto al tuit, creo que Uruguay invierte poco. Espero que el presidente se acuerde de estos momentos, en que los científicos hemos trabajado de forma totalmente pro-bono, como yo, que no recibí ni un centavo porque todo lo cedí para el uso de salud pública. Que este momento no sea sólo de situación límite, en que se nos felicite, sino que se piense en ciencia a mediano y largo plazo.

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