El lento retroceso de la forestación en el país

Pese a que Chile tiene 1,5 millones de hectáreas con potencial de forestación, la falta de incentivo estatal hizo que esta práctica pasara del 16% en 2012 al 2,5% en 2016.


¿Qué función cumplen los árboles en el medio ambiente? Limpian el aire, mitigan la erosión, captan agua y producen alimentos, medicinas, madera y papel. Pero, estas bondades evidentes parecen olvidadas en la práctica, ya que la deforestación a escala mundial, aunque haya ralentizado su ritmo en los últimos años, representa el 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero y un componente decisivo en el calentamiento global, especialmente en regiones en vías de desarrollo como América del Sur.

Los datos fueron recopilados en un reciente estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y despiertan una pregunta tan inquietante como prioritaria: ¿qué está ocurriendo con los árboles en Chile?

Forestar y reforestar

El especialista Julio Torres, secretario ejecutivo del Colegio de Ingenieros Forestales, introduce el tema con una distinción entre ambos conceptos: “La reforestación es la acción de reponer el bosque cortado mediante una plantación, lo cual es obligatorio, por ley, desde 1974. La forestación se refiere a la iniciativa no obligatoria de plantar un suelo carente de vegetación, que puede ser desnudo o con vegetación rala que no califica como bosque”, dice.

Este último punto es fundamental en la discusión, según Torres, porque la ausencia de estímulos para forestar desalienta el crecimiento de nuevos árboles. Desde 2012, cuando expiró el Decreto Ley 701, el Estado ya no entrega bonificaciones al establecimiento de plantaciones con fines de forestación. Sebastián Piñera en su primer mandato y posteriormente Michelle Bachelet quisieron extender este instrumento, aunque en ambos casos la medida no prosperó.

El panorama genera una baja de las hectáreas destinadas a la forestación, del 16% en 2012 al 2,5% en 2016 (últimas cifras disponibles). Consecuentemente, la plantación de árboles en Chile es promovida por la reforestación y se limita casi exclusivamente a pino y eucalipto por parte de las empresas que buscan preservar su propio patrimonio.

En el país hay cerca de 1,5 millones de hectáreas de suelos desnudos que podrían plantarse, mayormente en manos de pequeños propietarios que no tienen recursos.

La proyección del desabastecimiento en Chile de madera en las próximas décadas, especialmente del pino, exige con más urgencia un trabajo forestador a gran escala. La situación es más grave tras los incendios de 2017. “Fueron quemadas cerca de 600.000 hectáreas de plantaciones de pino y eucalipto, bosque nativo y asentamientos humanos”, dice el ingeniero forestal Alex Fajardo.

En su informe Avances en la restauración de bosques: hacia un cambio de paradigma, Fajardo destaca algunos proyectos como el del ingeniero Pablo Bravo-Monasterio, quien dirige en la Región de Maule una consultora ambiental para restaurar bosques con especies nativas, básicamente en planes de mitigación de empresas que impactan en el medio ambiente. Bravo alcanza altas tasas de supervivencia (cerca del 80%) con peumo, quillay y litre, que han sido plantadas en pequeños grupos. Algo parecido sucede en la restauración de bosques quemados en el Parque Nacional Torres del Paine, en la XII Región, donde se planta lenga, coihue y ñirre.

“Una vez que tengamos claro que la restauración ecológica debe ser con fines de conservación y de consolidación de funciones ecosistémicas, habremos dado un gran paso a la eficiencia en el uso de los recursos disponibles para recuperar nuestros bosques”, dice Fajardo.

Torres coincide y remarca la necesidad de discutir la creación de un nuevo instrumento de apoyo a la forestación. Pero el avance está condicionado al establecimiento de un servicio forestal público. Conaf es una corporación de derecho privado y cualquier nueva ley en materia forestal depende de que previamente Conaf sea un servicio público.

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