Sin naturaleza no hay desarrollo

SEÑOR DIRECTOR:
Un informe publicado días atrás por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) entrega una advertencia que debería encender alarmas económicas y políticas.
Durante décadas, el crecimiento de la economía mundial se ha producido a costa de una inmensa pérdida de biodiversidad, lo que ahora plantea un riesgo sistémico crítico y generalizado para la economía, la estabilidad financiera y el bienestar humano, señala el reporte. Se entregan además datos reveladores: en 2023, los flujos financieros públicos y privados globales con impactos negativos sobre la naturaleza se estimaron en 7,3 billones de dólares, de los cuales la financiación privada representó 4,9 billones de dólares, y el gasto público en subsidios ambientalmente perjudiciales fue de alrededor de 2,4 billones de dólares. En contraste, se destinaron 220.000 millones de dólares públicos y privados a actividades que contribuyen a conservación y restauración de biodiversidad, lo que representa apenas el 3% de los fondos e incentivos públicos que alientan prácticas perjudiciales para la biodiversidad.
Es el propio sistema económico el que se erosiona a sí mismo, con subsidios e incentivos que hacen más rentable degradar ecosistemas que protegerlos. Se requiere un cambio urgente y transformador. La biodiversidad es infraestructura económica básica, ignorarla solo significará pérdida neta. No podemos seguir eligiendo entre crecimiento y naturaleza, sino entender que sin naturaleza no hay desarrollo posible.
Diego Luna Quevedo
Especialista en Política y Gobernanza
Manomet Conservation Sciences
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