Alicia Vega, Joan Turner, Littin y Griffero van tras el Premio Nacional de Artes

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Figuras del cine, el teatro y la danza aspiran al máximo galardón del país, que por primera vez será entregado en octubre por el Ministerio de las Culturas. El último premiado fue Alejandro Sieveking en 2017, y este año se incorporará además el voto de un jurado especialista. Las postulaciones cierran el próximo 31 de agosto, y ya hay candidaturas en busca de respaldo.



En 25 años lo han ganado solo un cineasta, Raúl Ruiz en 1997, y una sola bailarina, María Luisa Solari en 2001. Los registros señalan también que la última mujer en recibirlo fue la fallecida actriz Marés González en 2003. Desde entonces, el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales se cargó hacia al terreno del teatro: los últimos en obtenerlo fueron, en 2015 y 2017, Héctor Noguera y Alejandro Sieveking, respectivamente.

Este año será la primera vez que lo conceda el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio que encabeza Consuelo Valdés. Su voto se suma al del rector de la U. de Chile, Ennio Vivaldi; el representante de la Academia de Bellas Artes, Ramón López; el del Consejo de Rectores, en este caso el titular de la U. Católica de Temuco, Aliro Bórquez; el último ganador (Sieveking) y al de dos expertas en el área, elegidas en julio pasado: la académica de la UC María de la Luz Hurtado y la dramaturga y directora Manuela Infante (en reemplazo del cineasta Andrés Wood).

Hasta ahora, son siete los nombres en carrera por el galardón, dotado con un diploma, un monto que se reajusta anualmente de acuerdo al IPC y en que en 2018 ascendió a $21.393.670, además de una pensión vitalicia mensual equivalente a 20 UTM (poco más de $980 mil). Las postulaciones cierran el próximo 31 de agosto.

Alicia Vega (1931)

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Alicia Vega.[/caption]

Profesora e investigadora, dio clases en la UC, la U. de Chile y entre 1985 y 2015 dirigió también el Taller de Cine para Niños, donde acercó el séptimo arte a pequeños de entre 4 y 12 años provenientes de poblaciones vulnerables. Aquél registro dio lugar al documental Cien niños esperando un tren (1988) de Ignacio Agüero, quien ahora la presenta por primera vez al galardón con apoyos del Instituto de la Comunicación e Imagen de la U. de Chile, la escuela de cine de la U. de Valparaíso, la Carrera de Dirección Audiovisual de la UC, la U. del Desarrollo, la Escuela de Cine del Instituto Arcos y otras instituciones. Vega es también autora de los libros Re-visión del cine chileno (1979) e Itinerario del cine documental chileno 1900-1990 (2006), consideradas obras de referencia. Distinguida en el 2000 con el Reconocimiento al Mérito Artístico y Cultural del Ministerio de Educación, entre mañana y el 31 de agosto una muestra en el GAM pone también en valor su trayectoria.

"La acción de Alicia debería ser conocida por todos y replicada en las escuelas, pues les hace muy bien a los niños ser considerados como ella los considera, a través del arte y del cine específicamente", opina Agüero. "Lo especial de Alicia es que trata a los niños como seres humanos y por medio del cine les ensancha el mundo, los invita a crear y jugar, a tener una experiencia pedagógica muy distinta a la que tienen (o no tienen) en las escuelas", agrega.

Miguel Littin (1942)

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Miguel Littin.[/caption]

Director de 20 películas, entre ellas El chacal de Nahueltoro (1969) y Tierra del Fuego (2000), el cineasta chileno ha sido nominado en dos ocasiones a la Mejor película en Cannes por Actas de Marusia (1974) y El recurso del método (1978), y también al Oscar de 1975 y 1982 a la Mejor película extranjera, también con Actas de Marusia y Alsino y el cóndor, en representación de México y Nicaragua. En su vasta trayectoria figura también su nombramiento como presidente del directorio de Chile Films en 1971, durante el gobierno de la Unidad Popular y por el que fue exiliado en 1974. También la publicación del libro Las aventuras de Miguel Littin clandentino en Chile (1986), de Gabriel García Márquez, basado en la historia de su película Acta general de Chile. Esta es su tercera postulación al premio (también se presentó en 2009 y 2013) y lo respalda la U. de O'Higgins de Rancagua.

"Este no solo es un reconocimiento a una vida, sino que lo es a una vocación y a un oficio", comenta. "Después de más de cincuenta años ininterrumpidos de ejercer como cineasta en Chile y el mundo, dedicado además a la docencia a través de clases, charlas y talleres, solo pienso dedicar el tiempo de vida por delante a acrecentar el legado que pueda significar mi modesta obra, sin otra pretensión que contribuir a mantener viva y vigente la identidad, la voz y el rostro de un país que no solo existe en Santiago y en las alfombras rojas".

Joan Turner (1927)

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Joan Turner.[/caption]

Dejó los escenarios en 1964 y la docencia en 2013, pero la bailarina inglesa nacionalizada chilena y guardiana de la memoria de Víctor Jara vuelve a ser postulada por sus colegas del Sindicato Nacional de Trabajadores y Artistas de la Danza (Sinattad). Formada en la escuela de Sigurd Leeder de Londres, donde nació, fue parte de la compañía de Kurt Jooss en Alemania. Ya casada con el fallecido bailarín y coreógrafo chileno Patricio Bunster, en 1954 ingresó al Ballet Nacional Chileno, ejerció la docencia en la U. de Chile y, tras el asesinato del cantautor chileno y su segundo esposo, partió al exilio en 1973. Volvió al país en 1984, fundó el Centro de Danza Espiral y dirigió el grupo Calaucán. En 1993 creó la Fundación Víctor Jara, que ahora apoya también su postulación junto al Departamento de Danza de la U. de Chile y la U. Academia de Humanismo Cristiano.

"Joan es conocida en todo el mundo por preservar la memoria y el legado de Víctor Jara, pero lo que más nos interesa es relevar su figura como trabajadora de la danza", apunta Paola Aste, coordinadora de Sinattad. "Ella no solo fue una bailarina excepcional, sino que también fundó importantes compañías, talleres y escuelas que han aportado al desarrollo de la danza profesional en Chile. Ha sido una tremenda maestra y sus alumnos y discípulos se han esparcido por nuestro país, difundiendo la danza y formando continuamente a las nuevas generaciones".

Nissim Sharim (1932)

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Nissim Sharim.[/caption]

Es su tercera carrera por el galardón. Alejado de los escenarios desde que protagonizó Einstein en 2014, nuevamente lo postulan sus compañeros del grupo Ictus, compañía que el actor y director lideró por más de 50 años y cuyas riendas lleva hoy su hija Paula, una de sus generalísimas. Aquejado de salud, a sus 86 años Sharim vuelve a intentar quedarse con un premio que considera "un reconocimiento tardío, pero justo".

"El Premio Nacional es uno de los pocos estímulos con que cuenta la gente que se ha desempeñado durante toda una vida en ese ámbito, y ganarlo –en términos de visibilidad– implica en nuestro país un reconocimiento cultural importante", apunta. Aun cuando este premio sólo contenga compensaciones materiales moderadas, constituye una ayuda significativa para quienes hemos dedicado nuestra vida al ámbito de la cultura. Concuerdo con la vieja idea de que el galardón es o se parece a una jubilación como muchos han dicho, y obviamente representa un reconocimiento algo tardío pero justo. Mientras mi trabajo se mantenga en el nivel de dedicación que ha tenido durante más de 50 años, considero que esta es una razón más que suficiente que me anima y motiva a esta postulación".

Ramón Griffero (1951)

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Ramón Griffero.[/caption]

Dramaturgo y director teatral, Griffero es uno de los más destacados exponentes del teatro chileno contemporáneo y figura de la escena cultural durante la década de los 80. Algunas de sus obras, como Historias de un galpón abandonado (1984), Cinema Utoppia (1985) y 99 La Morgue (1986) se asocian a la resistencia política y pusieron en escena la Dramaturgia del Espacio, propuesta que desarrolló junto al escenógrafo Herbert Jonckers. Ha dado clases en la U. de Chile, la UC y otras, y desde 2016 dirige el Teatro Nacional Chileno. Postula por primera vez y "por las suyas", dice, respaldado por una campaña virtual que ya suma más de mil firmas.

"El Premio Nacional es una distinción de la nación bastante mezquina con el arte y sus creadores", señala. "Al agrupar en un solo premio bianual el audiovisual, la danza y el teatro, minimiza y desvaloriza el quehacer de estas disciplinas. En un país donde los creadores están en la escala más baja de pensiones, sin duda este premio aparece como una lotería para una jubilación digna. Postulo dado que sería un reconocimiento a una trayectoria de 40 años dedicados a montajes y acciones de arte que renovaron los lenguajes de la escena teatral, como a la elaboración de una teoría escénica global y la creación y gestación de espacios culturales y educativos".

Oscar Castro (1947)

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Oscar Castro.[/caption]

El escritor y Premio Nacional Antonio Skármeta, junto al documentalista y director de cine y fotografía Sergio Bravo (A Valparaíso) respaldan la segunda nominación al premio del fundador del Teatro Aleph. Radicado desde 1977 junto a su compañía en París, cuando partió al exilio, Castro fundó allí su escuela Latín Actor, donde ha traspasado sus conocimientos en teatro, danza y canto. En enero pasado recibió las insignias de Caballero de la Legión de Honor, máxima distinción que el Gobierno de Francia entrega a personas que destacan por sus méritos en dicho país.

"Mientras hay vida, hay esperanzas", dice Castro sobre esta nueva postulación. "Para mí, presentarme al premio al cual puedes o no puedes ser elegido, tiene por un lado una profunda humildad. Yo le he dado mi vida al teatro y el teatro salvo la mía, en el campo de concentración, en el exilio y en todos mis regresos… A mi edad uno no va a ninguna parte, solo se regresa, siempre regresa. Presentarme al premio es también un homenaje que yo le hago al teatro que me ha dado tanto. Y si me lo dan cuando tenga una pata en el cajón, pensaré como (el actor francés) Philippe Noiret: me hubiera gustado que me lo dieran cuando me servía para algo y no para comprarme un cajón de primera clase".

Benjamín Galemiri (1956)

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Benjamín Galemiri.[/caption]

El dramaturgo y autor de Infamante Electra alcanzó su mayor notoriedad en los 90, junto a la compañía Bufón Negro. A fines del año 2017, tras el estreno de su más reciente obra, Karl Marx, Año Zero en Matucana 100, el mismo espacio y su director, Cristóbal Gumucio, decidieron presentarlo nuevamente al premio. Es el más joven de la nómina, y dice tomarse esta segunda postulación "con humor".

"Me hice la promesa desde muy niño de que un día me iba a ganar el Premio Nacional. Me he ganado varios premios muy bellos, pero este tiene algo colosal, es nuestro Nobel chileno", comenta el autor. "Te instala no solo en la vitrina de los grandes galardonados, sino además en los libros de los colegios como autor obligatorio. Y pertenecer, en este caso a Chile y que es algo he buscado, pues si bien soy nacido aquí provengo de una familia de emigrantes judía, el premio me haría no solo judío de marca sino además un chileno destacado".

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