Una delicada agresión: sexismo en el Taller de Escritores de Iowa

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Con profesores como Kurt Vonnegut, John Irving y Philip Roth, el programa de escritura creativa de la Universidad de Iowa se convirtió en el más prestigioso de Estados Unidos. En su historia se cuentan 18 premios Pulitzer para sus egresados, pero también una cultura de misoginia y machismo que formó a generaciones de autores, como cuenta el periodista David O. Dowling en su libro A Delicate Agresion: Savagery and Survival in the Iowa Writers' Workshop.


El año era 1965 y Kurt Vonnegut todavía no publicaba ninguna de sus obras célebres. El autor de Matadero 5 era un perfecto desconocido, otro de los tantos escritores que enseñaban en la Universidad de Iowa. Lejos de su esposa, Jane, y sus seis hijos, Vonnegut, además, decía estar bloqueado, por lo que necesitaba inspirarse. "Las mujeres tienen el poder de renovar la ambición y el ingenio de los hombres que están a la deriva, y lo han hecho dos veces por mí… En ambas ocasiones, después de acostarme con estos ángeles, comencé a escribir y a hacer fotos de nuevo", escribió el autor estadounidense en una carta. Vonnegut sugería que no era recomendable involucrarse con estudiantes de pregrado, pero con las de posgrado no habría problemas. Saul Bellow y Norman Mailer, escribió, también "se han renovado de esta manera una y otra vez, como si compraran autos nuevos".

Según el periodista David O. Dowling, las palabras de Vonnegut son un reflejo, claro, de algo más grande. No solo del machismo institucional de entonces, sino, igualmente, de lo que sucedía en el famoso Taller de Escritores de la Universidad de Iowa. En A Delicate Aggression: Savagery and Survival in the Iowa Writers' Workshop, Dowling no solo cuenta la historia del programa de escritura creativa más importante de Estados Unidos; también deja al descubierto cómo la misoginia, el machismo y el racismo, en algunos casos, formaron a generaciones de autores.

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El taller de Iowa en 1959, bajo la dirección de Paul Engle (izquierda). Al extremo derecho, el escritor Norman Mailer.[/caption]

"Las sesiones de crítica de manuscritos en clases eran más bien fórums para determinar el estatus social de los escritores", asegura Dowling sobre el funcionamiento de las clases en Iowa. Clases que, asimismo, parecían infectadas por una "lógica masculina".

Hoy existen más de 300 maestrías en escritura creativa en Estados Unidos, en ciudades de todos los tamaños y con una amplia gama de profesores. El de Iowa fue el primero, fundado en 1936, aunque se consagró durante el periodo 1941–1965, al mando del poeta y lobista literario Paul Engle.

Gracias a este programa, conocido como "el taller", Iowa, una ciudad perdida en medio del mapa de Estados Unidos, eventualmente fue declarada una de las ciudades literarias del mundo junto con Edimburgo, Dublín y Barcelona, según la Unicef.

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Iowa es considerada hoy como de las ciudades literarias del mundo.[/caption]

Por Iowa han pasado los mejores nombres de las letras contemporáneas. Estos han sido algunos de sus alumnos: Daniel Alarcón, Raymond Carver, Michael Cunningham, Flannery O'Connor y Mark Strand. Y la lista de profesores es incluso más impresionante: John Cheever, Orhan Pamuk, Philip Roth, Jane Smiley, Tennessee Williams, Mo Yan y John Banville, por citar unos pocos.

El taller se convirtió en un imán para los agentes en busca de nuevos talentos, así como un nexo entre estudiantes, escritores consagrados y editores. Dieciocho graduados de Iowa han ganado el Premio Pulitzer, y miles publicaron libros con gran recepción crítica.

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El taller literario de Iowa en la actualidad. Fue fundado en 1936.[/caption]

A Delicate Aggression se publica en un momento bisagra dentro de la industria literaria estadounidense. Como toda industria de entretenimiento y cultural, el sistema de maestrías de escritura (que alimenta gran parte de la industria mundial) entró a la era de las identidades y discusiones de género.

En la Era de Acuario

La idea inicial del programa, dice Dowling, era "desmitificar las nociones románticas de producción literaria a través del duro deslumbramiento de la crítica de pares". Aunque esto "fomentó un clima de envidia, paranoia y competencia despiadada".

Engle promovía el ejercicio de una crítica severa, a menudo cruel entre los talleristas. El enfoque consistía en preparar a los futuros escritores contra un enemigo común, "en este caso las legiones de críticos y editores potencialmente hostiles de la industria editorial", una lógica que respondía a "una mentalidad de la Guerra Fría", anota Dowling.

Con el tiempo, Paul Engle se transformaría en empresario, burócrata, agente, promotor y publicista de Iowa. "Escribe y publica. O te echamos", fue lo que dijo a otros profesores en medio de una reunión. Engle mezclaba un capitalismo oportuno con una ética de trabajo protestante (antes de Iowa tuvo un periodo de cura metodista). Un ejemplo: durante una clase, el poeta y profesor anunció que había vendido –secretamente– a la revista Esquire uno de los relatos escritos para el taller. Y luego sacó el cheque para mostrar la cantidad de dinero que el alumno recibiría. La idea era "fomentar" la competencia.

En los 60, el taller recibió los aires de la Era de Acuario y la revolución sexual. Ingresaron más estudiantes afroamericanos y más mujeres. Ellas solían verse enfrentadas a la disyuntiva: demuestra cuán fuerte eres y serás considerada junto con los hombres. De otro modo, eventualmente solían recibir insinuaciones o propuestas sexuales: Dowling cita el caso de un profesor que trató de sobrepasarse con una estudiante en la parte trasera de un auto, y ante la negativa de ella exclamó: "¿Qué? ¿Quiere decir que no jodes?".

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El libro de David O. Dowling fue editado por Yale University Press. Está a la venta en

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"Los profesores estaban mal de la cabeza", dijo la escritora Sandra Cisneros sobre su tiempo en Iowa, a fines de los años 70. "Pensaban que tener sexo con alumnas era parte de su paquete de compensación". Cisneros dice que no lo pasó bien. Y, de hecho, su profesor de tesis le dijo que no perdiera el tiempo con su proyecto. Ese proyecto, años más tarde, se convertiría en La casa en Mango Street, en la actualidad un clásico de la literatura estadounidense.

"Norman Mailer, boxeo y alcohol" eran los elementos que reinaban el ambiente en Iowa durante los 70. Dice Dowling que el programa de escritura creativa parecía camerino de hombres. Puede que el clímax de esa era haya sido cuando John Irving retó a pelear a otro estudiante, el cual, por lo demás, era boxeador. Todo nació porque este último dijo algo en contra de Vonnegut, mentor de Irving. Y claro: la lucha se dio en uno de los bares próximos a la universidad y hasta hoy se recuerda.

Con el tiempo, Iowa se ha convertido en un espacio más diverso y menos propenso al boxeo (o a la lucha libre). Lan Samantha Chang recuerda en el libro que el novelista Frank Conroy le recomendó lo siguiente: que no escribiera tantos relatos con personajes chino-estadounidenses, ya que sería encasillada para siempre. Chang no le hizo caso. Se convirtió en una premiada escritora que justamente explora una identidad dual. Y en la actualidad, además, es la directora del taller de Iowa. "Ha sido un cambio cultural progresivo", escribe Dowling sobre el nombramiento de Chang como directora. "Un cambio radical en la política de género y etnias del programa".

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