Por Claudio VergaraAlain Johannes: “Todavía no supero la muerte de Chris Cornell y no me convence que haya sido un suicidio”
El legendario músico de origen chileno, parte de la élite del rock global, se presentará en Lollapalooza con su nuevo grupo, Drink the Sea. Un proyecto que lo tiene viviendo en Chile por razones artísticas y emotivas: “Todos mis amigos en Estados Unidos se empezaron a morir. En un universo paralelo, estarían todos”, dice con respecto a una saga de figuras que va de Chris Cornell a Taylor Hawkins. En el presente, revela cómo fue testigo de un diálogo de leyenda entre Paul McCartney y Rush.

El 22 de septiembre de 2022, Alain Johannes (63) se encontraba en el único lugar y momento del planeta en que importaba estar como devoto de la música popular. No había otro. Esa noche, el rock iba a inscribir una circunstancia irrepetible.
El músico chileno estadounidense caminaba por los camarines del Kia Forum de Los Angeles, California, luego de presentarse junto a una pléyade de figuras en el masivo concierto tributo a Taylor Hawkins, el baterista de Foo Fighters fallecido en marzo de ese mismo año. “Era mi vecino, vivíamos a cinco minutos”, precisa.
En el backstage, el extraordinario multinstrumentista fue testigo sin querer de una instantánea abultada en historia: cuando Paul McCartney convenció a los dos sobrevivientes de Rush, el cantante Geddy Lee y el guitarrista Alex Lifeson -todos también invitados a tocar en el evento-, de volver a los escenarios luego de la muerte del baterista Neil Peart en 2020, una vuelta que parecía casi imposible por la consabida alergia de los canadienses a las giras de retorno si no es con todas sus piezas. Pero Rush regresará a la acción este 2026. Y Sir Paul los persuadió.

“Los conocí a los tres y tuve la oportunidad de ver eso. Cuando terminó todo el show, Paul McCartney me dijo: ‘vente con nosotros, voy a intentar convencer a los cabros que tienen que irse de gira de nuevo’. Y ahí estaba yo sentado al lado de ellos. Y ahí estaba Paul y les decía ‘ustedes tienen que volver, por los fans tienen que regresar. Yo sé que Neil no está, pero deben hacerlo’. Hubo un poco de vino en todo esto. Paul me decía: ‘asegúrate que todo esto sea con copete, porque tengo que hablarles”, describe Johannes en una directa traducción al chileno de las palabras de un Beatle, mientras saca su celular para mostrar las fotos que documentan el encuentro. Ahí, el hombre de Let it be, con un trago en la mano, les conversa animadamente a Lee y Lifeson, quienes lo escuchan de forma atenta.
Por su lado, Johannes había llegado al homenaje a Taylor Hawkins como parte de Them Crooked Vultures, el supergrupo que integró desde 2008 y donde compartió créditos con colosos como el cantante de Queens of the Stone Age, Josh Homme; el hombre de Nirvana y Foo Fighters, Dave Grohl; y uno de los estandartes de Led Zeppelin, el bajista John Paul Jones.
Además, acompañó en el escenario con su guitarra a Violet Grohl -hija de Dave- para interpretar una sentida versión de Hallelujah, el himno de Leonard Cohen después inflamado en emoción y sensibilidad bajo la voz de Jeff Buckley.

El músico sigue: “Dave Grohl me dijo: ‘quiero que ustedes abran ese show cantando Hallelujah’. Entonces tuvimos que ensayarlo muy rápido. Yo le dije a Violet: ‘tú empieza a cantar la canción y yo te sigo. Tú no te preocupes de mí, yo te voy a seguir’. Y salió muy bonito. Fue maravilloso ver a toda esa gente en un momento tan hermoso, pero a su vez tan triste”.
En la primera línea
De algún modo, Johannes ha formado parte de la élite del rock global desde hace décadas, pero casi siempre desde las sombras. Como un escudero fantasmal que ha resultado clave para el protagonismo de otros. “Siempre encontré difícil hacer algo para mí. Me gustaba más hacer algo para otros, para el conjunto”, argumenta.
Hacia fines de los 80 se asentó en Los Angeles y en la escuela secundaria conoció a Hillel Slovak y Jack Irons, con quienes fundó el conjunto What is This? Posteriormente sumaron a Michael Peter Balzary, el hombre que la historiografía rockera perpetuaría como Flea. De hecho, el propio Johannes le enseñó a tocar el bajo. Todos después se convertirían en miembros de distintos períodos de Red Hot Chili Peppers. E incluso Irons también pasó en los 90 por las filas de Pearl Jam.
“Recuerdo que con Gustavo Santaolalla teníamos dos de las bandas más new wave de Los Angeles. Yo estaba con What is This? y él con Wet Picnic. Ahí nos conocimos. Estábamos por caminos paralelos, muy conectados. Lo que él hacía era muy interesante”, reconstruye de la escena de esos días.
Con sus camaradas de colegio ya instalados en proyectos que luego conquistarían la celebridad mundial, Johannes prefirió abrir una ruta más propia y junto a su pareja, la cantante Natasha Shneider, impulsó en 1990 el conjunto Eleven, una de las joyas del rock alternativo estadounidense de esa década, autores de un cancionero que balanceaba con clase melodía y exploración.
Desde ahí conoció a Chris Cornell, convirtiéndose en uno de sus aliados más férreos, hasta alzarse como mentor, productor y músico de Euphoria morning (1999), el debut en solitario del vocalista de Soundgarden, pero también un manifiesto tallado en melancolía que retrataba los días más duros del cantante.

Johannes, en rigor, no sólo fue su leal socio desde las consolas, sino que también su apoyo en sus tormentos más privados. Hasta que a él mismo le tocó lidiar con la penumbra: en 2008, Shneider, el amor de su vida, falleció de un cáncer a los 52 años. El chileno estadounidense pasó por un extenso luto, pero luego continuó con una carrera que lo acredita como músico de Queens of the Stone Age y PJ Harvey, ingeniero de sonido de Arctic Monkeys y productor -y también aliado- de uno de los héroes caídos del grunge, Mark Lanegan.
El chileno
Quizás haya que viajar aún más atrás para descifrar el universo que hasta hoy habita Johannes. En el tiempo, pero también en el espacio.
El cantante nació el 2 de mayo de 1962 en Santiago, fruto de la relación entre la figura de la nueva ola nacional Danny Chilean -Javier Astudillo, fallecido en 2014-, y la actriz y cantante Romy Mociulski, corista de la banda Los Lyons, fundada a fines de los 50 por Jorge Pedreros. Mociulski también era hermana de otro pionero del rock local, Peter Rock.

La pareja se conoció un día de 1961 en que el propio Peter Rock alojó en su casa de Santiago a Chilean, recién llegado de Antofagasta y por esos días aún en ascenso en el circuito artístico. Era una manera de “darle una mano” a un amigo y colega.
Como parte de su vida en conjunto, le presentó a su hermana, lo que remató en una fugaz relación amorosa que se extendió por apenas una semanas, pero de la que finalmente nació Johannes. Tras ello, Romy Mociulski regresó a Viena -ciudad de origen de toda su familia-, decidida a potenciar su carrera en el extranjero, por lo que contó varias temporadas en España, Argentina y México, hasta fijar residencia en EE.UU. con su hijo.
En esa travesía, se alejó para siempre de Chilean, no quiso saber más de él y en 1965 se casó con el empresario paraguayo Alfredo Samaniego, quien se convirtió en la figura paterna con la que creció Johannes. De hecho, ese no es su apellido; es su segundo nombre, ya que su acta de nacimiento lo registra como Mociulski. Durante décadas, el músico nunca supo de su padre biológico ni retornó a Chile.

“Él en los 80 me envió una carta y nunca le contesté en su momento, no sabía qué sentir, porque apareció de repente. Mi abuela me contó recién a los 27 años toda esta historia, de dónde venía yo. Cuando en 2008 falleció Natasha, Danny (Chilean) me envió un mail de apoyo y tampoco le contesté, me sentía muy abrumado, pero años después empezó el acercamiento”, recapitula.
En 2010, Johannes aún estaba golpeado por la muerte de su esposa -“me sentía muy frágil”, revela-, pero su amigo Josh Homme tuvo un plan para rescatarlo del abismo: como su banda Queens of the Stone Age tenía una fecha agendada en Santiago para octubre en el Club Hípico como parte del Festival Maquinaria, lo invitó a ser parte del show y a que él mismo mostrara su material en solitario. Pero el viaje guardaba una intención más profunda: que conociera a ese padre con el que jamás tuvo relación.
“Yo no había vuelto a Chile desde el año 63 o 64, siendo muy chico. A Danny le costó encontrarse conmigo ese 2010. Quedamos de vernos una primera vez y él no estaba preparado. Yo le dije que a mí no me importaba nada de lo que haya sucedido en el pasado, sólo me interesaba el futuro. Luego, en la siguiente ocasión, sí resultó. Y llegó con uno de mis hermanos y al tiro empezamos a hablar y a estar en contacto. Ahí todo se relajó un poco”.
Johannes dice que en esos encuentros tuvo algo así como una epifanía: mirando videos y escuchando las canciones de Danny Chilean que le mostraron, descubrió que ahí estaba el origen de su vínculo con la música.

El mismo que revivirá nuevamente en Chile, su tierra de origen. Y otra vez con camaradas de fuste: desde 2022, Johannes comanda Drink the Sea, otro supergrupo, y con el que esta vez se presentará en el festival Lollapalooza Chile, este viernes 13 de marzo a las 18.00 en el escenario Lotus del Parque O’Higgins. El proyecto también está integrado por el legendario Peter Buck (R.E.M.), Barrett Martin (Screaming Trees, Mad Season) y Duke Garwood (Mark Lanegan Band), además de Abbey Blackwell (Alvvays) y Lisette García.
Todos se unieron en distintas partes del mundo y en distintos momentos a un colectivo que ya exhibe dos publicaciones (Drink the Sea I y II), aunque se trata de músicos hermanados por una columna vertebral: todos en algún pasaje de sus carreras colaboraron con el fallecido Mark Lanegan, líder de Screaming Trees.
De hecho, el timbre espeso y el canto estoico que caracterizó al estadounidense define buena parte de la médula creativa de Drink the Sea, además de un sonido inquieto donde conviven instrumentos turcos y portugueses, influencias brasileñas o acentos que vienen desde India.

“Para mí, Mark es una figura muy significativa en mi vida y también lo es para el resto. Después de su muerte (en 2022), nos conectamos con él y nos dimos cuenta de su presencia. Eso nos unió. Si él hubiera estado vivo, no me cabe duda que se habría sumado a esta idea. Hemos grabado las composiciones en distintas partes del mundo. Por ejemplo, Peter y Barrett pasaron por Chile el año pasado, porque estaban ayudando a trasladar un telescopio hacia el norte, y ahí se unieron a mí y grabamos unos temas en Pirque. Ese caos a veces puede parecer un problema, pero no lo ha sido. Es lo interesante de este grupo, estamos todos en un período de nuestra carrera en que estamos mas viejitos, más sabios y no nos gusta complicarnos”.
De Lanegan a Cornell
Johannes revela que, a la semana siguiente de Lollapalooza, partirán a Pichilemu con los músicos de Drink the Sea para grabar los siguientes dos volúmenes del grupo. La planificación también esconde un momento superior: el cantautor abandonó por un tiempo su casa en Los Angeles, California, para mudarse a Pirque, donde vive desde hace unos años y donde proyecta estar al menos hasta fines de este 2026.
Pero él lo explica de una forma mucho más emotiva: “Me instalé en Chile porque todos mis amigos en Estados Unidos se empezaron a morir”. La lista es extensa y alude a Mark Lanegan, Chris Cornell, Taylor Hawkins y, por supuesto, su esposa Natasha Shneider: todos partieron demasiado jóvenes.

“Todos se tienen que morir, pero lo de ellos fue demasiado pronto. En un universo paralelo, estarían todos. Yo tengo 64, cualquier cosa podría pasar. Los músicos que tienen 70 o 80, también les puede pasar. Pero mis amigos no se fueron de manera normal. Por eso, a través de la música, yo quiero seguir un legado. Para mí, seguir haciendo música es parte de sanar. Estoy más viejo, tengo problemas de salud, pero quiero seguir adelante y tener a mis amigos alrededor”.
En ese sentido, el artista recuerda con claridad la última vez que habló con Lanegan: “Él estaba viviendo en Irlanda y estábamos planeando su nuevo disco solista. Él siempre me enviaba una playlist de lo que escuchaba y de cómo le interesaría sonar. Podía ser rock ácido peruano de los 60 o folclor coreano, de todo. Siempre había algo diferente. Y él me ocupaba como instrumento humano cuando grabábamos: nos juntábamos, grababa su voz en un par de tomas y le encantaba irse del estudio rápido para llegar a su casa a ver películas. Teníamos planeado juntarnos en Lisboa a grabar el disco, pero nunca sucedió. Fue una sorpresa que muriera, aunque cuántas veces estuvo casi casi. Pero en un momento ya no lo crees, era como Keith Richards, Willie Nelson y Mark Lanegan. Pero creo que quedó muy frágil por el Covid que lo afectó. Estuvo en coma casi cinco semanas y, cuando despertó, lo escuché fumando. Lo reté: ‘cómo despiertas de un coma y empiezas a fumar’”.
Si el fallecimiento de Lanegan escapó al libreto, el deceso de Chris Cornell -sucedido el 18 de mayo de 2017 y con informaciones forenses que han hablado desde ese momento de un suicidio- fue aún más traumático.
“Todavía no supero la muerte de Chris y todavía no me convence totalmente de que haya sido un suicidio. Pero también no se puede pensar en eso todo el rato. O sino uno se vuelve loco, ¿verdad?”, interpela.

Luego profundiza: “Hay teorías conspirativas, claro. Él estaba también trabajando en un documental de tráfico de niños y todo eso. La autopsia, que fue que lo cremaron tan rápido. Yo recibí además un texto de un amigo de Rusia que estaba en un monasterio diciéndome que el monje que estaba ahí, que es medio santo, le había dicho: ‘dile a tu amigo que su amigo no se suicidó’. Eso me puso en un estado muy inquieto sobre el asunto. Pero esto no va a cambiar lo que ya no está y me iba a enfermar. Pero es raro que pase algo así con una persona que amaba tanto a su familia y que entre shows se tomaba un avión para estar con sus hijos. Y según la autopsia, él no tenía suficientes drogas en su sistema, un par más para la ansiedad, pero eso normalmente no te causa un quiebre psicótico así. Es un tema complicado con el que yo no estoy en paz. Pero tampoco puedo seguir. Lo que yo piense no va a cambiar la lamentable realidad de lo que pasó”.
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