Francisco Melo y Felipe Rojas protagonizan “El Quinto paso” en Teatro Zoco
Tras su debut en el Festival de Edimburgo de 2024 y una exitosa temporada en el West End de Londres, llega a Chile la más reciente y personal obra del dramaturgo norirlandés David Ireland. Dirigida por Jesús Urqueta, la pieza enfrenta a dos hombres en un crudo ejercicio de honestidad dentro de un programa de rehabilitación. El montaje se presenta en Teatro Zoco desde el 14 de mayo. Entradas en Punto Ticket.

Dos hombres están sentados frente a frente. Un café se enfría mientras intentan decirse la verdad. Así comienza El Quinto paso (The Fifth step), la última obra del dramaturgo norirlandés David Ireland.
James (Francisco Melo), veterano de Alcohólicos Anónimos, accede a acompañar a Luka (Felipe Rojas), un recién llegado que intenta mantenerse sobrio. Entre ambos se activa el llamado “Quinto paso” del programa: admitir ante otro la naturaleza exacta de los propios errores.
Durante noventa minutos, sin pausas ni distracciones, ambos se ven envueltos en un ejercicio de redención que pronto se tuerce. La conversación se vuelve incómoda. La confianza entre ambos se tensiona. Y surge una certeza inquietante: la verdad no siempre libera.
Tras su paso triunfal por Edimburgo en 2024, la obra llegó al West End de Londres protagonizada por Martin Freeman (Sherlock, The Responder, The Hobbit) y Jack Lowden (Slow Horses) bajo la dirección de Finn den Hertog, en el teatro @sohoplace. The Guardian la definió como “brutalmente honesta y agudamente ingeniosa” y destacó su mezcla perfecta de comedia y desesperación.
Teatro Zoco estrena la primera producción en Chile de El Quinto paso. El montaje se presentará en la sala de Lo Barnechea del 14 de mayo al 21 de junio. Las entradas están a la venta en Punto Ticket.
Dirigida por Jesús Urqueta –quien vuelve a Zoco tras éxitos como Lluvia constante y Honor–, la obra marca también el regreso a las tablas de Francisco Melo, quien no pisa el escenario desde 2022 en La clausura del amor, y se une a Felipe Rojas en una puesta en escena que destaca por su crudeza emocional y su agudeza. La traducción del texto al español estuvo a cargo del actor Pablo Schwarz.
Brutalmente honesta
Reconocido por obras como Cyprus Avenue y Ulster American, David Ireland se aleja aquí del conflicto político para adentrarse en la intimidad masculina. La obra explora la culpa, la fe y la necesidad de sostenerse en otro para seguir adelante.
“El quinto paso explora el proceso de rehabilitación de las adicciones, adentrándose en la experiencia de quienes reconstruyen sus vidas paso a paso. Ireland retrata con rigor y honestidad ese camino, sin caer en sentimentalismos ni en juicios morales”, comenta Pablo Halpern, director artístico de Teatro Zoco.
La crítica internacional la ha definido como una pieza “brutalmente honesta”, destacando su capacidad de transitar entre el humor negro y el desasosiego en cuestión de segundos.
La dirección de Jesús Urqueta apuesta por una puesta despojada, donde todo ocurre en tiempo real y sin artificios.
“La acción transcurre en un espacio cotidiano. Dos personas que se encuentran y conversan. Nada más. La puesta trabaja desde la continuidad y la presencia, quitando todo lo que pueda distraer de lo esencial: el vínculo”, explica el director.
Esa decisión instala al espectador como un testigo. “Me interesaba que el público sintiera que está presenciando algo en tiempo real, casi sin mediación. Que no hay distancia segura. Que uno está ahí, acompañando cómo ese vínculo se transforma”.
Un vínculo al límite
La obra instala una pregunta que trasciende a la anécdota de la adicción: ¿qué ocurre cuando una persona se sostiene en otra para poder existir?
“La herida que abre tiene que ver con eso. Con la fragilidad de los vínculos cuando se cargan de una responsabilidad que ningún vínculo puede sostener completamente. La obra muestra cómo algo que parte como cuidado puede transformarse, sin que nadie lo quiera, en dependencia, en presión, en desajuste”, continúa el director.
En ese desplazamiento, la obra dialoga con el presente: “Buscamos sistemas, comunidades, relaciones que nos den sentido, que nos ordenen, que nos sostengan. Y muchas veces funcionan… hasta que dejan de funcionar. No es una obra que juzgue eso. Más bien lo mira con bastante humanidad: cómo intentamos vivir con otros, y hasta dónde eso es posible”.
Con solo dos actores en escena, todo descansa en la relación entre ambos, sugiere Urqueta. “Más que pensar en cómo mantener la tensión, trabajamos en la escucha. Es una obra donde todo depende de que realmente se escuchen. De que lo que uno dice afecte al otro en el momento, no como una repetición, sino como algo que está pasando por primera vez”.
“Con Pancho y Felipe trabajamos mucho desde ahí: desde la presencia, desde no adelantarse, desde dejar que el vínculo se mueva en escena. La tensión no viene de empujarla sino de sostener ese nivel de exposición durante toda la obra. Son dos personajes que, de a poco, dejan de poder protegerse. Y cuando eso pasa de verdad, la tensión aparece sola”, concluye.
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