Por Gonzalo ValdiviaLas mentes detrás de Boda Sangrienta 2: “Jamás imaginamos que llegaríamos a trabajar con David Cronenberg”
Junto a la actriz Samara Weaving, la secuela trae de vuelta a Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, la dupla que confeccionó la alabada película de terror del año 2019. En entrevista con Culto, explican cómo renovaron la fórmula y de qué modo lograron que el octogenario cineasta se uniera al elenco. “No hay escapatoria ni para el público ni para los personajes”, indican.

Hace siete años, Boda sangrienta (2019) se convirtió en una de las gratas sorpresas de la temporada. Con su original mezcla de horror y comedia, y un ritmo que sacudiría hasta al más aletargado de los públicos, se convirtió en la clase de película de género que destaca dentro de la oleada de películas y series que llegan cada año, y es capaz de trascender en el tiempo.
Por eso, Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett se sentaron a pensar en lo que hicieron bien y en cómo formular una secuela que estuviera a la altura y no se sintiera como una repetición de la película original.

“Creo que una de las cosas que más nos gusta de la primera película es la continuidad de la historia y la sensación de que no hay escapatoria ni para el público ni para los personajes. Una de las cosas que realmente nos inspiró fue la idea de crear una experiencia de alta intensidad que llevara a un personaje al límite”, explica Gillett a Culto.
La segunda parte, titulada Boda sangrienta 2 (en cines chilenos desde este jueves 18), comienza inmediatamente después del final de la primera. Tras convertirse en la única superviviente de un brutal “juego” que acabó con la vida de su marido y sus suegros, Grace MacCaullay (Samara Weaving) es trasladada a un hospital donde recibe la atención necesaria. Hasta ese lugar llega su hermana, Faith (Kathryn Newton), pero apenas tienen tiempo para ponerse al día: ambas son el blanco de las familias más ricas e influyentes del planeta, empecinadas en que participen en otro mortal juego.
“La secuela empieza justo después de la primera y lo lleva aún más lejos de lo que esperas –enfatiza Gillett–. Creo que gracias a esa energía pudimos diseñar una historia sin relleno ni desvíos en su narrativa, que siempre tenga un ritmo frenético. Para nosotros mantener la energía de la historia es muy divertido, y eso significa que, como producción, esa misma energía forma parte fundamental de su creación. Al terminar el rodaje, sentimos que vivimos la misma experiencia que Grace. Fue un rodaje maravilloso, pero agotador por el ritmo”.

Ambas cintas son una exhibición del amor de los directores por el cine de género: si la primera tomó inspiración de El resplandor (1980), Fargo (1996) y Muerte a la medianoche (2001), la segunda nace a la sombra de otro puñado de títulos icónicos.
“Fuga a la medianoche (1988) es una de las mejores de todos los tiempos para nosotros. Su relación, su viaje, es simplemente perfecto; los personajes son increíbles. Lo mismo ocurre con Thelma y Louise (1991). Duro de matar 3: La venganza (1995) fue gigantesca para nosotros. Y luego Butch Cassidy y Sundance Kid (1969). Esas fueron las grandes películas en las que nos inspiramos”, detalla Bettinelli-Olpin.
Y agrega: “Vimos esas películas una y otra vez para intentar descifrar cuáles son los ingredientes que las hacen tan especiales. ¿Por qué seguimos hablando de Fuga a la medianoche 40 años después? Estuvimos dándole vueltas a eso en todo momento”,

En Boda sangrienta 2 cumplieron un sueño de juventud: dirigir a David Cronenberg. El octogenario cineasta se pone en la piel de Chester Danforth, el patriarca del siniestro clan al que también pertenecen Ursula (Sarah Michelle Gellar) y Titus (Shawn Hatosy).
“Fue increíble tenerlo en el set. No creo que alguna vez pensáramos que llegaríamos a trabajar con David Cronenberg. No es un sueño que uno se permita tener”, afirma Bettinelli-Olpin, junto con especificar que la idea original de convocar al autor de La mosca (1986) fue de la directora de casting.
“Muy pronto descubrimos que le interesaba y que iba a hacerlo. Te pone nervioso trabajar con alguien a quien has admirado durante tanto tiempo. Pero parte de la razón por la que es una leyenda es que fue muy amable y generoso con nosotros y con el elenco, con el equipo y todos los involucrados. Era como si estuviera feliz de estar allí, y eso disipó nuestros temores. Él estuvo allí para hacer todo lo posible por ayudar a mejorar la película. A nivel personal, fue algo muy, muy especial para nosotros. Y en la película, aunque tiene poco tiempo en pantalla, aporta muchísimo y su presencia se cierne sobre todo el filme. Eso es lo que pasa cuando trabajas con alguien tan increíble”, sostiene Bettinelli-Olpin.

Su dupla de trabajo añade: “Cuando consigues que gente tan talentosa se interese en formar parte del proyecto, le da un valor añadido que nos resulta realmente profundo. Te da una inyección de adrenalina y energía que necesitas para seguir adelante y pensar: ¡Mierda, tenemos algo realmente especial! Si David lee el guión y dice ‘esto es muy divertido e interesante’, es un gran elogio y significa que estás haciendo las cosas bien. Y así lo sentimos. Sentimos un gran respeto y aprecio por todos los miembros del reparto; su participación significa muchísimo para nosotros”.
En ese equipo también se cuenta Elijah Wood, quien interpreta al abogado que se asegura de que el juego de la trama se desarrolle en conformidad con las pautas establecidas hace siglos. Pero quizás la pieza central de la secuela es la insistencia de los cineastas por buscar formas originales de sorprender al público y brindar una experiencia difícil de olvidar.
“No queríamos hacerla a menos que sintiéramos que para nosotros fuera tan especial como la primera, que pudiéramos hacer una película que pudiera estar a la par con la primera. Por lo tanto, una gran parte de esa ecuación fue cómo nos asegurábamos de que nada fuera simplemente repetir cosas que ya había visto. Teníamos que subvertir eso en cada esquina. Hubo conversaciones constantes con los productores y los guionistas para tratar de averiguar cómo mantener eso en movimiento y mantener la misma energía que esperamos te haya encantado de la original, pero hacerlo de una manera nueva y fresca”, expresa Bettinelli-Olpin.

Ambos están de acuerdo en su intento por explorar la dimensión más primitiva del ser humano no resuena en 2026 de la misma forma que en 2019.
De acuerdo con Gillett, “hay oportunidades para la sátira y el humor mordaz, y también para generar verdadero terror. Y no en vano, es una oportunidad para reflejar una versión del mundo que nos resulta genuinamente aterradora, devolviéndosela al público de una manera que esperamos se sienta más segura, más catártica y más entretenida que la jodida realidad en la que, lamentablemente, estamos viviendo en este momento”.
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