Cuando la evidencia guía y la colaboración impulsa: aprendizajes que llegan más lejos

El desafío educativo más urgente no es encontrar una ‘bala de plata’, sino hacer crecer lo que ya funciona. Si queremos mejorar los aprendizajes, debemos priorizar, fortalecer y escalar las iniciativas que demuestran resultados, sin perder calidad ni pertinencia territorial.
Sumar Saberes nació precisamente para orientar decisiones —públicas y privadas— con evidencia, y no por intuición o esfuerzos aislados. En el último año, la alianza mapeó más de 130 iniciativas, evaluó a fondo treinta de ellas con un instrumento común e identificó dieciséis programas con solidez técnica, trayectoria y efectos comprobados en aprendizajes. Ese conjunto está disponible en un repositorio público que facilita mirar, aprender, comparar y decidir mejor.
Cuando los recursos son limitados y apenas la mitad las niñas y los niños logran leer adecuadamente, hablar de evidencia no es un tecnicismo: es una responsabilidad ética. Implica enfocar esfuerzos donde realmente mueven la aguja y sostener ciclos de evaluación que permitan aprender y ajustar, incluso desinvertir cuando los resultados no acompañan.
Pero la evidencia, por sí sola, no alcanza. El paso siguiente es escalar. Y escalar no es copiar en serie: es adaptar con criterio, fortalecer capacidades locales, resguardar la fidelidad pedagógica y la pertinencia cultural y territorial. Requiere condiciones habilitantes: liderazgo directivo, tiempo para el desarrollo profesional docente, apoyo técnico oportuno y seguimiento que permita corregir rumbo. Toma tiempo y es difícil, pero se puede.
La colaboración es el medio para lograrlo. Cada actor aporta un valor distintivo: el sector público otorga escala y continuidad; la academia, rigurosidad y evaluación independiente; la sociedad civil, conexión con los territorios; y la inversión social privada, visión de largo plazo y foco en resultados. Cuando estos engranajes se coordinan con propósito, la evidencia se convierte en acción.
Para avanzar, proponemos cuatro pasos concretos: (1) Que quienes desarrollan innovaciones o quienes la financian, orienten sus decisiones para alcanzar el estándar que hemos concordado (2) usar el repositorio para decidir —que sostenedores, SLEP, municipios, fundaciones y empresas revisen y seleccionen soluciones con evidencia antes de iniciar o financiar nuevos esfuerzos—; (3) financiar la escala, no solo pilotos —con recursos plurianuales y métricas compartidas que den continuidad y permitan madurez-; y (4) cuidar la implementación —fortalecer capacidades locales, asegurar acompañamiento técnico y medir para aprender, no para sancionar.
Chile ya cuenta con un estándar de alto nivel para orientar la innovación educativa y con iniciativas que funcionan. La tarea ahora es consolidarlas y hacerlas crecer con seriedad y colaboración, para acercar a más comunidades a lo que realmente importa: más y mejores aprendizajes para cada estudiante.
*Claudia Ruiz-Tagle es directora ejecutiva de la Fundación Anglo American; y Valentina Quiroga es gerenta de Desarrollo Humano de la Fundación Chile.
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