Educación

Estas son las carreras con más futuro: las necesidades de las principales industrias para liderar el desarrollo del país

Ingenierías, tecnología, salud, educación y formación técnica concentran parte de los perfiles que Chile necesitará para sostener su desarrollo en la próxima década. Más que nuevas carreras universitarias y técnico-profesionales, el desafío será formar personas capaces de responder a los cambios productivos, tecnológicos y demográficos cada vez más acelerados.

Estudiantes de educación superior.

Detrás de cada nueva faena, sistema eléctrico, data center, obra de infraestructura o proceso automatizado existe una condición común: contar con profesionales y técnicos capaces de diseñarlos, implementarlos, operarlos y adaptarse a tecnologías en permanente transformación.

Las ingenierías ocupan un lugar central en ese escenario. Ingeniería Civil, Eléctrica, Mecánica, Industrial, Minas, Automatización, Informática y Telecomunicaciones están directamente vinculadas con algunos de los sectores estratégicos para el país. Pero no son las únicas.

El envejecimiento de la población aumentará las necesidades de profesionales de la salud; el sistema educacional requerirá docentes capaces de formar a las nuevas generaciones; y los grandes proyectos productivos necesitarán técnicos especializados tanto como profesionales universitarios. El desafío, por tanto, no es solo identificar qué carreras tendrán mayor demanda, sino qué capital humano necesita Chile para sostener su desarrollo.

Ingenierías para una economía que se transforma

La cartera de proyectos de inversión extranjera gestionada por InvestChile cerró 2025 en US$65.689 millones, concentrada principalmente en energía, minería, tecnología e infraestructura. Ese volumen de inversión anticipa una creciente necesidad de capital humano especializado en distintas ramas de la ingeniería.

En minería, el Estudio de Fuerza Laboral de la Gran Minería Chilena 2025-2034, elaborado por CCM-Eleva, proyecta que el sector necesitará incorporar 36.895 nuevos trabajadores hacia 2034, tanto para reemplazar a quienes se retiren como para cubrir los nuevos proyectos. Entre los perfiles vinculados a esa demanda aparecen profesionales de Ingeniería Civil en Minas, Mecánica, Eléctrica e Industrial, junto con técnicos y especialistas en mantenimiento, automatización e instrumentación. En energía, el Estudio de Fuerza Laboral del Sector Energía 2025, del Ministerio de Energía, proyecta hacia 2035 una demanda adicional de entre 29.324 y 56.196 trabajadores, dependiendo del escenario, asociada a la expansión de las energías renovables, el almacenamiento, la electromovilidad, la eficiencia energética y el hidrógeno verde.

Pero el desafío no consiste solo en formar más ingenieros, sino en adaptar su formación. Susana Mondschein, decana de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, plantea que la inteligencia artificial debería asumir parte de las tareas rutinarias, mientras la formación debe concentrarse en capacidades en las que seguirá siendo clave el criterio profesional: identificar problemas, desarrollar pensamiento crítico y evaluar si las soluciones que entrega la tecnología son correctas.

“Tenemos que utilizar la inteligencia artificial para las tareas rutinarias. El foco tiene que estar en el pensamiento crítico: saber cuáles son los problemas y ser capaces de distinguir si la inteligencia artificial está haciendo algo bien o nos está dando soluciones incorrectas”, señala.

Para Mondschein, esa capacidad adquiere todavía más relevancia frente a los desafíos que vienen: “Tenemos el cambio climático, el envejecimiento de la población, la inteligencia artificial, y tenemos a los ingenieros, que son las personas que resuelven problemas. La mayoría de esos problemas no los va a resolver la inteligencia artificial”.

La tecnología se convierte en una competencia

En 2026, Tecnología es el área con mayor matrícula de pregrado del sistema de educación superior chileno: reúne 396.770 estudiantes, equivalentes al 28,9% del total. En primer año ingresaron 118.478 alumnos, 9,8% más que en 2025 y 37,6% más que cuatro años atrás.

Pero la transformación no se limita a quienes estudian Informática, Ciencia de Datos, Inteligencia Artificial, Ciberseguridad o Telecomunicaciones. Las competencias digitales comienzan a atravesar ocupaciones y sectores que hasta hace pocos años no eran considerados tecnológicos.

Diego Tala, director de Laborum Chile y Perú, señala que entre las habilidades más buscadas aparecen la inteligencia artificial, el manejo de datos, la optimización de operaciones y la ciberseguridad. “Esto ya no es exclusivo de las áreas tecnológicas, sino que se está transversalizando a ventas, minería y educación”, sostiene. A ello se suman capacidades de gestión de proyectos, liderazgo, adaptabilidad y comunicación.

La expansión de los data centers muestra esa convergencia. Catalina Iglesias, vicerrectora Académica y de Innovación de INACAP, señala que la industria triplicará su tamaño en los próximos años, con 30 nuevos proyectos en desarrollo hasta 2028 y una inversión estimada de US$4.148 millones. Su expansión requerirá especialistas en ciberseguridad, eficiencia energética, administración de data centers y normativas ambientales.

Así, una de las transformaciones más relevantes puede no estar en la aparición de nuevas profesiones, sino en cómo la tecnología modifica las competencias exigidas dentro de carreras y sectores que ya existen.

Técnicos: la otra pieza del desarrollo

Los grandes proyectos productivos no funcionan únicamente con profesionales universitarios. Electricidad, mantenimiento industrial, automatización, instrumentación, minería, energías renovables y logística requieren técnicos capaces de operar y mantener equipamiento cada vez más sofisticado.

La escasez de talento se observa tanto en el ámbito digital como en los sectores productivos. Nicolás Ocaranza, vicerrector Académico de AIEP, identifica entre los perfiles más difíciles de encontrar a desarrolladores de interfaces y aplicaciones web —frontend, backend y fullstack—, especialistas en ciberseguridad, arquitectos de sistemas y analistas de datos. En minería e industria, agrega, se buscan especialmente “técnicos electromecánicos, operadores con experiencia en automatización e ingenieros de procesos y mantenimiento industrial”, porque la incorporación de nuevas tecnologías “avanza más rápido que la disponibilidad de talento”.

Esa necesidad coincide con el peso que ha adquirido la educación técnico-profesional en el sistema: en 2026, los IP y CFT volvieron a reunir en conjunto más estudiantes de primer año que las universidades.

Salud: otra forma de necesidad estratégica

El envejecimiento de la población también modificará la demanda por profesionales de la salud. Las proyecciones del INE estiman que desde 2028 habrá más personas de 65 años o más que menores de 15, mientras el Ministerio de Salud proyecta una brecha de 5.041 profesionales de Enfermería, 1.211 de Tecnología Médica, 940 de Kinesiología, 619 de Terapia Ocupacional y más de 11 mil técnicos paramédicos/TENS en la red hospitalaria.

Egon Montecinos, rector de la Universidad Austral de Chile y vicepresidente de la Red G9, advierte que “carreras como Enfermería, Kinesiología y Terapia Ocupacional son relevantes para la salud pública pensando en el futuro. Es ahí donde debemos enfocar esfuerzos y ampliar la formación en estas áreas hacia geriatría y gerontología, por ejemplo, desde el pregrado”.

Montecinos destaca especialmente el rol de Enfermería, tanto por su presencia en los distintos niveles de atención como por su capacidad de articular el trabajo con otras profesiones. “La enfermera está en diferentes niveles de atención, tanto primaria, secundaria y terciaria, y puede hacer que las otras profesiones puedan conversar entre ellas”.

Educación: formar a quienes formarán el desarrollo

La educación aparece como una pieza menos visible, pero estructural. En 2026, la matrícula de primer año del área de Educación cayó 12,3%, hasta 11.732 estudiantes, en momentos en que el Ministerio de Educación proyecta un déficit superior a 33 mil docentes hacia 2030.

Mauricio Bravo, vicedecano de la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo (UDD), advierte que serán especialmente estratégicas las pedagogías en Matemática, Ciencias y Tecnología si Chile quiere formar más capital humano en ingeniería y áreas STEM. Pero agrega que el desafío es transversal: “Todos los profesores deben desarrollar competencias tecnológicas y de inteligencia artificial, porque estas herramientas están transformando la manera en que los estudiantes aprenden y acceden al conocimiento”.

La disminución del ingreso a pedagogía, añade, puede profundizar el déficit docente, aumentar las clases impartidas por profesores sin la especialidad idónea y ampliar las brechas territoriales. “Si queremos formar más ingenieros, científicos y especialistas en tecnología, primero necesitamos buenos profesores que desarrollen esas capacidades desde la escuela. Atraer talento a pedagogía y formar docentes preparados para enseñar en tiempos de IA es también una política estratégica de desarrollo y capital humano para el país”.

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