Educación

“Flexahabilidad”: de qué se trata el nuevo concepto que quiere imponer el rector de la UAI

Ante un mercado laboral en constante cambio, el éxito ya no depende de una sola carrera, sino de la “flexhabilidad”: aprender, reaprender y moverse entre disciplinas para enfrentar un futuro que ya no es lineal.

“Flexahabilidad”: de qué se trata el nuevo concepto que quiere imponer el rector de la UAI: Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Para Francisco Covarrubias, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, el modelo universitario tradicional —esa ‘línea de tren’ donde todos avanzan por una misma vía— ya no responde al mundo actual. Desde su experiencia como exdecano de Artes Liberales y hoy a la cabeza de la institución, ha impulsado un giro hacia este modelo de red, donde la interdisciplinariedad y el pensamiento crítico son las llaves para evitar que un título pierda vigencia. En esta entrevista, explica por qué, en la era de la IA, el juicio ético es la habilidad técnica más necesaria de todas.

-Hoy se habla de un mundo del trabajo en constante cambio. ¿Cómo debería formarse el profesional del futuro?

El mundo está cambiando a una velocidad muy alta y, al mismo tiempo, tenemos una gran incertidumbre respecto a lo que va a ocurrir en 2040 o 2050. Nuestros estudiantes van a estar en la mitad de su vida laboral, y no sabemos qué se va a requerir. Lo único claro es que no podemos seguir haciendo lo mismo. No podemos seguir formando a los estudiantes solo transmitiéndoles contenido. Ese modelo ya no responde a las necesidades del mundo actual.

“Flexahabilidad”: el nuevo concepto que quiere imponer el rector de la UAI

-¿Qué es lo que debería cambiar en ese modelo?

La formación universitaria se ha estructurado como líneas de tren paralelas: cada carrera sigue su propio recorrido, sin cruzarse con otras, donde todos los estudiantes parten y terminan igual, recibiendo un conjunto de conocimientos. Hoy nosotros lo vemos de otra manera. Más que líneas de tren, pensamos la formación como una red de metro: los estudiantes pueden entrar por distintos puntos, cruzarse con otras disciplinas, tomar distintos caminos y llegar a destinos diversos. Eso implica una formación mucho más interdisciplinaria, más flexible y donde cada trayectoria es distinta.

¿Qué tipo de habilidades se vuelven clave en ese contexto?

Diría que hay tres importantes. Primero, la plasticidad intelectual: la capacidad de adaptarse, de no ser rígido, de enfrentar entornos inciertos y aprender de manera continua. Segundo, el liderazgo, entendido como la capacidad de impulsar proyectos, persuadir, trabajar con otros y llevar adelante iniciativas. Y tercero, el discernimiento ético. En un mundo saturado de información y herramientas como la inteligencia artificial, lo que se vuelve fundamental es la capacidad humana de cuestionar, de tomar decisiones difíciles y de distinguir lo correcto.

¿Cómo se forma ese discernimiento ético en los estudiantes?

No se forma a partir de respuestas únicas, sino exponiendo a los estudiantes a la complejidad. Por ejemplo, en clases analizamos casos reales donde no hay una respuesta evidente. Recuerdo uno ocurrido en Francia: un migrante indocumentado que trepa por el exterior de un edificio, de balcón en balcón, para salvar a un niño que estaba a punto de caer al vacío.

La pregunta que se abre ahí es si eso es un deber moral —algo que cualquiera debería hacer— o si es un acto heroico, excepcional. Y no es lo mismo. Este tipo de ejercicio es el que permite desarrollar un juicio ético más complejo, que después es clave en la vida profesional.

-En el modelo educativo de la UAI, ¿qué rol cumple la formación en artes liberales?

Es un pilar central. La formación en artes liberales es, por decirlo de alguna manera, la base común de todos los estudiantes.

No se trata de pasar materia, sino de debatir, de contrastar puntos de vista, de aprender a argumentar y a escuchar. Los estudiantes se enfrentan a preguntas fundamentales sobre la sociedad, la autoridad, la justicia, y lo hacen en conjunto con estudiantes de otras carreras.

Siempre digo que esto es como la preparación física en el deporte: no está orientada a una disciplina específica, pero es lo que permite desempeñarse bien en cualquiera.

-¿De dónde surge este modelo de formación general?

Nosotros lo desarrollamos a partir de una colaboración con la Universidad de Columbia, que tiene una tradición centenaria en este tipo de programas. A partir de ese trabajo pudimos estructurar nuestro Core, adaptándolo a nuestra realidad, pero manteniendo su lógica central. Es un modelo que venimos desarrollando y consolidando desde hace más de diez años, lo que ha permitido transformar estos cursos en un eje formativo real, no en asignaturas complementarias.

Rector Francisco Covarrubias. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Esto también se relaciona con la interdisciplinariedad que ustedes promueven.

Exactamente. Hoy creemos que no basta con formar a los estudiantes solo dentro de su disciplina. Por eso hemos roto la lógica de carreras separadas, con combinaciones que antes parecían impensables. Por ejemplo, un psicólogo que también es ingeniero comercial no solo entiende el comportamiento humano, sino que tiene la estructura para gestionar organizaciones o entender el comportamiento del consumidor desde la estrategia. O un diseñador con formación en ingeniería, capaz de unir la estética con la viabilidad técnica desde el primer boceto.

Ustedes han acuñado el concepto de “flexhabilidad”. ¿Por qué surge la necesidad de nombrar esto?

Porque es un proceso que veníamos trabajando hace tiempo, pero que no estaba sintetizado en una idea. Sentimos la necesidad de expresar de manera clara lo que buscamos formar en nuestros estudiantes. Hoy el desafío es formar profesionales con flexhabilidad, capaces de prosperar en un mundo incierto.

La flexhabilidad es, en el fondo, una forma de enfrentar el mundo profesional: una disposición a adaptarse, a aprender y reaprender, a moverse entre disciplinas y a enfrentar contextos inciertos con herramientas más amplias.

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