La hora de actividad física en las instituciones educacionales

La promulgación de la Ley 21.778, que establece la implementación de una hora diaria de actividad física, deporte o juego en los establecimientos educacionales del país, representa una oportunidad significativa para reflexionar sobre el papel que ocupa el movimiento humano en los procesos formativos contemporáneos. En un escenario marcado por crecientes desafíos asociados a transformaciones culturales, demandas de bienestar integral y la necesidad de fortalecer la convivencia escolar, esta política pública emerge como una medida relevante para promover estilos de vida activos.
Tradicionalmente, la actividad física escolar ha sido valorada principalmente por sus beneficios fisiológicos. Si bien estos aspectos continúan siendo fundamentales, limitar la comprensión de esta ley únicamente a indicadores de condición física, reduce considerablemente su potencial educativo. La incorporación de una hora diaria de movimiento invita a preguntarnos no solo cuánto se mueve el alumnado, sino también cómo viven esas experiencias, qué significados construyen a partir de ellas y de qué manera contribuyen a su formación integral.
Desde el paradigma de la motricidad humana, el movimiento deja de entenderse como una simple acción mecánica o funcional. Reconoce a la persona como una totalidad compleja e indivisible, donde cuerpo, pensamiento, emociones, cultura, historia y relaciones sociales, se encuentran permanentemente interconectadas. En este sentido, cada experiencia motriz constituye una oportunidad de expresión, comunicación y construcción de significado. Correr, jugar, colaborar, explorar o crear a través del movimiento, son acciones que trascienden lo físico y permiten al individuo desarrollar su identidad, fortalecer vínculos y comprender el mundo desde una perspectiva vivencial.
Esta comprensión dialoga de manera perfecta con la teoría de la complejidad, pues cuestiona las visiones fragmentadas del conocimiento y propone entender los fenómenos humanos como sistemas dinámicos, abiertos e interdependientes. Desde esta perspectiva, el aprendizaje, bienestar, la convivencia, emociones, corporalidad y la construcción de ciudadanía no pueden analizarse de forma aislada. Todas estas dimensiones interactúan permanentemente y configuran experiencias educativas complejas que exigen enfoques integradores.
Bajo esta mirada, la hora de actividad física adquiere una relevancia que va más allá de la ampliación del tiempo destinado al movimiento dentro de la jornada escolar. Se transforma en un espacio pedagógico capaz de favorecer el desarrollo de habilidades socioemocionales, fortalecer la participación, promover la inclusión, estimular la creatividad y contribuir a la formación de sujetos más conscientes de sí mismos y de su entorno.
La verdadera trascendencia de esta normativa radica, por tanto, en su potencial para promover una transformación cultural dentro de las instituciones educativas. Desde la convergencia entre política pública, motricidad humana y teoría de la complejidad, esta iniciativa invita a avanzar hacia una educación más integral, inclusiva y coherente con los desafíos del siglo XXI, situando a la persona, en toda su multidimensionalidad, en el centro de la experiencia educativa.
*Jorge Valdivia Díaz, director Magíster en Educación Física y Motricidad Humana de la Universidad de Las Américas.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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