El imperio del balón parado

Los goles nacidos desde una pelota detenida se tornaron claves. En total se convirtieron 58 tantos por esta vía: un 34% de los 169 en total.


Finaliza la Copa del Mundo y al instante las imágenes que se creían frescas comienzan a desvanecerse. Se evoca fácilmente alguna jugada específica, un gol magnífico, al jugador más espectacular. El resto se pierde con el paso del tiempo.

Al rescate de la memoria llega la tecnología, que ya aloja en sus componentes los 169 goles convertidos en Rusia 2018. Pese a un inicio lento, este Mundial termina siendo el tercero con mayor cantidad de tantos anotados, solo por detrás de Francia 98 y Brasil 14, ambos con 171 conquistas.

Sin embargo, la máxima cita del fútbol solo cuenta con 32 equipos desde 1998. Por esto, el dato que permite comparar esta versión con las anteriores es el promedio de goles, y aquí Rusia no sobresale. Con un 2,6 de media por partido, cae una décima con respecto al torneo anterior, aunque aumenta 0,3 con respecto a Sudáfrica y Alemania. El último Mundial en registrar un promedio de goles igual o superior a 3 fue México 70.

Cada córner, penal o tiro libre mantendrá vivo el recuerdo de este Mundial. Porque Rusia 2018 es sinónimo de balón parado. Durante esta competición se convirtieron 58 goles desde pelota detenida, contando tiros de esquina, penales, faltas e incluso saques de banda. Es decir, más de un tercio de los tantos llegaron por esta vía.

Francia, ahora bicampeona del mundo, hizo de este recurso su principal arma, brillando en las instancias finales. En octavos, contra Argentina, Griezmann convirtió de penal; en cuartos, frente a Uruguay, Varane guió el triunfo sobre los charrúas tras una falta servida por el ariete del Atlético de Madrid; contra Bélgica, en semifinales, no iba a ser diferente, ya que Umtiti marcó el único tanto de la victoria luego de un córner ejecutado, otra vez, por el colchonero; y en la final, como debía ser, el autogol de Mandzukic vino de un libre directo del 7 francés, así como el 2-1 parcial, logrado de penal.

Seis goles de pelota parada en total para los galos, de un total de 14, con Griezmann como el encargado de llevarlas a cabo. Su zurda siempre se las arregló para alcanzar a los centrales, que no fallaron la ejecución.

Eso sí, los verdaderos campeones de la jugada preparada fueron los ingleses. Nueve de sus goles llegaron por esta vía: tres penales, cuatro tiros de esquina y dos lanzamientos libres. Todo gracias al trabajo específico realizado por Allan Russel, aunque ciertamente ordenado por Gareth Southgate.

Porque su decisión de prestarle atención a la pelota parada no fue antojadiza. Southgate estimó que el 11% de los goles convertidos en la fase final de Brasil 2014 llegaron desde un balón detenido, así que motivado por esta cifra se nutrió de las estrategias usadas en la NBA y NFL para darle a su equipo esa ventaja decisiva. Sus cálculos estuvieron en lo correcto: en Rusia el 30% de los goles anotados a partir de octavos de final nacieron de balón parado. Desequilibrante.

Otro dato que ilustra el gran nivel de este Mundial es cuántos movimientos le tomó al jugador convertir el gol. Y el número es avasallador. En 127 goles, es decir, en el 75%, al goleador le bastó con un toque para celebrar. Solo en ocho oportunidades una conquista necesitó más de tres toques para gritarse, aunque cinco de ellas fueron a través de un contragolpe, lo que explica la gran cantidad de movimientos.

Los millones de espectadores alrededor del mundo fueron testigos de 83 goles con la derecha, 50 con la izquierda, 35 con la cabeza e incluso uno con el codo. El saldo goleador de Rusia.

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