El relato de Duco: “Me la dio una persona de mucha confianza”

Autor: Ignacio Leal

De no saber cómo llegó el GHRP-6 a su cuerpo a admitir que lo ingirió, por recomendación de un cercano, con fines terapéuticos, pero sin saber qué era: “Esto te hará bien”. Las contradicciones ante el Tribunal que condenaron a Duco.


“Señorita Duco, ¿cómo llegó el GHRP-6 a su cuerpo?”. Natalia, nerviosa, ansiosa, no consigue decir mucho. Se encoge de hombros, abre las manos, pero no sale de ahí. “No sé cómo”, responde a la pregunta del Tribunal de Expertos en Dopaje. El 24 de octubre, a un costado del Velódromo del Estadio Nacional, y tras tres meses de prórrogas, la mejor atleta chilena del siglo comparece ante el TED tras su positivo por dopaje. Se declara inocente, pero no consigue demostrarlo.

La Tercera tuvo acceso a los detalles del proceso que terminó con la deportista castigada. Las hipótesis fueron cambiantes. Primero, en la audiencia, los abogados deslizaron que el positivo, quizás, ocurrió a raíz de un suplemento contaminado. La defensa, a cargo de Rodrigo Gil, Andrés Jana y Enric Ripol, explica que pudo haber sido a través del set Aminoácido 28, que habría estado en mal estado. Sin embargo, días más tarde, en el escrito que debieron enviar para responder a la presentación de la Comisión Nacional de Control de Dopaje (CNCD), la parte acusadora en este caso, comenzaron las contradicciones.

Así se desechó el primer planteamiento, asumiendo que la deportista, derechamente, ingirió el péptido que la inculpaba. Eso sí, sin saber lo que era. Así lo determinó el informe elaborado por el experto toxicólogo Pascal Kintz, contratado especialmente por la defensa. El francés señaló que la deportista ingirió la sustancia con fines terapéuticos, específicamente como un método antiinflamatorio.

El informe de la propia defensa dice que la atleta se inyectó la sustancia entre el 1 y el 22 de abril. Y detalla las cantidades, que, según aseguran, están muy lejos de los estándares de dopaje.

En ese informe posterior, Duco, por escrito, aseguró que la sustancia se la dio “una persona de mucha confianza”. Tanto así, que se inyectó el producto sin mayores cuestionamientos. Por ello, y para evitar una sanción de cuatro años, sus abogados alegaron negligencia y ausencia de culpa, reclamando no intencionalidad de la excampeona del mundo juvenil. “No hubo afán de hacer trampa”, aseguraron, para así ampararse en el Artículo 10.2.3. del Código Mundial Antidopaje.

Olvidaron que para demostrar esa hipótesis con una sustancia no específica como el GHRP-6 (según el Artículo 10.2.1.1), el TED estableció, a través de sus sentencias previas, que debían explicarse con evidencia suficiente dos aspectos: primero, cómo llegó la sustancia al cuerpo del deportista y, segundo, que la atleta tomó todas las precauciones para no dar un positivo. Ambos aspectos no fueron demostrados.

“La atleta se autoadministró GHRP-6, sin saber que es lo que era, con fines terapéuticos”, indicó Kintz en el informe. Y la propia Duco aseguró en su comparecencia que, al ser una persona de su extrema confianza quien le suministró el péptido, lo ingirió sin ninguna precaución. “Esto te hará bien”, fue la recomendación que, según esa versión, ese cercano (o cercana) le hizo a la atleta.

En su informe, Kintz también intentó explicar que las dosis y la periodicidad de la ingesta de GHRP-6 no provocaron en Natalia un aumento de su masa muscular, por lo que su rendimiento deportivo no mejoró gracias a la sustancia y que, por lo tanto, no habría intención de trampa.

Para demostrarlo, la atleta atribuyó a su cambio de enfoque en el entrenamiento el éxito obtenido en mayo y junio, donde consiguió el oro en los Odesur, además de batir el récord de la competencia y también el chileno. Pero la hormona de crecimiento liberada sí tiene un efecto comprobado en la reconstitución celular y tisular (tejidos) en quien la ingiere, además de una recuperación física notable. Es decir, la ayudó y mucho.

Dulce Margarita García, la entrenadora de Duco; Verónica Latuf, su psicóloga, y Luis Salazar, el médico del CAR, fueron testigos en la audiencia. Los tres explicaron cómo el cambio en el planteamiento de su preparación influyó en su mejora. Flaco favor, pues con sus testimonios dejaron en claro que la recuperación y el descanso son parte importante de la preparación de un deportista de alto rendimiento, otro indicador de que el GHRP-6 sí la ayudó a mejorar, debido a que su restauración física fue más mucho más efectiva gracias a la sustancia.

En su especialidad, Duco ha sido campeona mundial juvenil, iberoamericana, sudamericana y nacional, además de medallista panamericana, en mundiales universitarios y finalista olímpica. Por algo es que formó parte del grupo internacional de atletas de la IAAF, quienes deben declarar paradero constantemente. Actualmente, además, pertenece al grupo de registro nacional antidopaje… El Tribunal entiende que no puede alegar ignorancia sobre lo que consume.

El argumento de que no tuvo beneficio deportivo ya lo quiso hacer en 2010 la biatleta eslovena Teja Gregorin, quien arrojó positivo por GHRP-2. Y se consideró entonces que gracias a la secreción inducida de hormona de crecimiento, la atleta pudo “practicar más fuerte y recuperarse más rápido”, según se lee en el fallo. Ella recibió dos años de castigo por dopaje.

Al igual que Gregorin, Duco aseguró que ingirió la sustancia para mejorar un aspecto fundamental en la preparación deportiva, como es la recuperación y el descanso. Según el Tribunal, de eso mismo obtuvo una ventaja competitiva gracias al péptido que se inyectó.

Ahora, sus abogados irán al TAS, donde confían en reducir la pena de Natalia por una trampa que el TED considera probada.

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