El inédito tour nocturno por Lo Hermida del capellán de La Moneda

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Poco partidario de las "condiciones" que ponen los albergues tradicionales, el sacerdote Pablo Palma salió anoche a recorrer las calles de Peñalolén. En medio del frío capitalino y en un furgón escolar cargado con sopas instantáneas, sándwiches y sacos de dormir, afirmó que "con la comunidad parroquial vimos la necesidad de salir al encuentro de la gente y ver cómo están".




Pablo Palma, el actual capellán de La Moneda, ayer se devolvía a su casa cerca de la medianoche. "Estábamos recontentos", dice el sacerdote. Cuando los termómetros marcaban 7 grados, el también párroco del templo Jesús Servidor de Lo Hermida, en Peñalolén, recorría junto a su comunidad las calles de la población en un furgón escolar.

La convocatoria partió a las 20:00 con una misa. "Nos hemos dado cuenta de que, a pesar de todas las iniciativas que existen de albergues, igual hay algunas personas que siguen viviendo en la calle en estos días de frío. Con la comunidad parroquial hemos visto la necesidad de salir al encuentro de esta gente y ver cómo está", señala Palma.

Su objetivo era entregarles a las personas en situación de calle, que deciden no ir a los albergues, carpas y sacos de dormir para enfrentar de mejor manera las bajas temperaturas. "Vimos que era algo mucho más cercano y amigable", explica el capellán del palacio de gobierno.

Cargados con sándwiches, té, café y sopas instantáneas, unos 20 parroquianos lo acompañaron durante la noche de ayer.

El recorrido partió por la caletera de Américo Vespucio sur. Continuó por Avenida Grecia, hasta la calle Alejandro Sepúlveda. Y terminó al interior de la población Lo Hermida. En total, se detuvieron en cinco lugares en que ayudaron a alrededor de 15 personas. Les armaron las carpas y los invitaron a asistir al desayuno solidario de la parroquia, donde además se pueden dar una ducha. "La idea, más que iniciar un asistencialismo, es entregar un acompañamiento humano y espiritual", dice el párroco.

A modo de perfil, el sacerdote de la Iglesia de Santiago explica que, en general, estas personas son hombres solos, de entre 35 y 45 años, con problemas de adicción y que han roto los vínculos familiares.

Albergues

El párroco recuerda que en 2015 intentó colocar un albergue en dependencias de la parroquia que tenía a cargo, con el respaldo de una ong. Pero, debido a los requisitos que se ponen a las personas para entrar, dice que no se llegaban a los cupos necesarios y se traía a gente de otros lugares.

Desde entonces, le ha dado vuelta a la idea de por qué las personas deciden permanecer en la calle. "Me he dado cuenta de que en los albergues o distintas instituciones ponen ciertas condiciones. Por ejemplo, no deben llevar alcohol y les dejan las cosas retenidas. Aparte de que varios tienen sus cachorritos y mascotas. Con esas circunstancias muchos dicen que no. Para algunos es bien complejo", explica Palma.

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