Larrondo y Bravo: Los curas “de calle y periferia” que el Papa eligió como nuevos obispos de Chile

El primero, designado como prelado auxiliar de Santiago, es vicario de la zona sur. Se trata del mismo sacerdote que en 2018 le dio la bienvenida al Pontífice, en el inicio de su gira por el país, en la parroquia San Luis de Beltrás, de Pudahuel. El segundo, en tanto, era hasta hoy párroco de La Matriz, en Valparaíso, donde funciona el emblemático Comedor 421, para personas en situación de calle y extrema pobreza.




En enero de 2018, el primer sacerdote chileno que recibió al Papa Francisco en terreno, en el inicio de su gira por el país, fue Julio Larrondo Yáñez, hoy de 59 años. Fue en la parroquia San Luis Beltrán, comuna de Pudahuel, donde está la tumba de Enrique Alvear. Así comenzó la visita “ya en calle” del Pontífice.

Algo de eso se comenta hoy en los círculos religiosos criollos. “Aires de cuneta”, es uno de los conceptos que se escuchan, luego de que a las 06.30 horas la Nunciatura Apostólica comunicara que el Papa Francisco nombraba a Gonzalo Bravo Álvarez como nuevo obispo de San Felipe de Aconcagua y a Julio Larrondo como obispo auxiliar de la diócesis de Santiago.

Dos casos algo atípicos, si se quiere, al menos en los últimos tiempos, para los prelados nacionales.

En el caso de Larrondo, por ejemplo, aún estaba en la retina el fallido y accidentado nombramiento de su antecesor, Carlos Irarrázabal, párroco de El Bosque (la otrora iglesia de Karadima). Este sacerdote fue designado en junio del año pasado como obispo auxiliar de Santiago, pero al mes renunció, tras una serie de aseveraciones polémicas en medios de prensa sobre el rol de la mujer y el judaísmo, entre otros temas.

Las críticas fueron inmediatas y el asunto no cayó bien en el Vaticano.

Larrondo parece tener un perfil muy diferente. Según informó la Conferencia Episcopal de Chile (Cech), desde 2013 a 2020 fue párroco de la parroquia San Luis Beltrán. Y a partir de marzo de 2016 se desempeñó como miembro del Consejo Presbiteral.

Este año, además, fue nombrado párroco de Nuestra Señora de Lourdes y Vicario Episcopal de la Zona Sur de Santiago.

Según Julio Pozo, vocero de la Fundación Voces Católicas, la señal es clara. “Es un obispo muy sencillo, bajito, con una habilidad blanda de ser empático, muy querido por el clero. Ha trabajo en San Miguel, La Cisterna, Pudahuel y Lo Espejo, una zona con más de 36 parroquias, por decirlo de algún modo de la periferia de la ciudad”, explica.

Una fuente de la Iglesia capitalina manifestó que “en su carrera, en general, no ha estado centrado en el servicio a los creyentes y practicantes, sino de quienes están más lejos, de los más necesitados”.

El Arzobispo de Santiago, Celestino Aós, expresó que “estoy contento, feliz (…)junto a monseñor Cristián Roncagliolo y a monseñor Alberto Lorenzelli (los otros dos obispos auxiliares), serviremos a esta Iglesia, que son ustedes”.

El recién nombrado Larrondo señaló que “quiero hacer lo que nos decía don Celestino, ser un servidor para la comunidad, estar cerca de todos, sacerdotes y fieles, de la comunidad”.

Comedor 421

El otro prelado designado por el Papa Francisco fue Gonzalo Bravo Álvarez (56), en la Iglesia de San Felipe, donde por años estuvo el cuestionado Cristián Contreras Molina y ahora ejercía como administrador apostólico el ex vicario judicial de Santiago, Jaime Ortiz de Lazcano.

Bravo tiene un perfil muy similar al de Larrondo. Nació en Valparaíso e hizo sus estudios primarios y secundarios en Quilpué. Es ingeniero civil de la Universidad Técnica Federico Santa María y actualmente ejerce como decano de la Facultad Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

En términos pastorales, desde 2008 se desempeñaba como párroco en la Parroquia El Salvador del Mundo “La Matriz”, en Valparaíso, templo donde funciona el emblemático comedor popular “421”, orientado a personas en situación de calle y de extrema pobreza. Durante todo este tiempo ha sido su principal impulsor.

Según Julio Pozo, de Voces Católicas, “no es para nada frecuente en Chile que un obispo llegue de regiones. Siempre son de Santiago, con estudios en la capital, de congregaciones, y Bravo es netamente un cura de provincia, formado y criado allí, con mucha experiencia en el mundo pobre”.

El anuncio, de hecho, lo hizo el administrador apostólico de Valparaíso, Pedro Ossandón, desde el mismo Comedor 421.

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