Sexo compro, sexo vendo
La regularización de la prostitución permite tener precios justos y darle las mujeres el control del intercambio de sus propios cuerpos.


El nuevo general de Carabineros, Hermes Soto, ha sido puesto en la palestra pública por frecuentar un prostíbulo y recibir "atenciones gratuitas a cambio de protección". Un rodeo para decir que desde su posición en Carabineros abusó de su poder para satisfacer su deseo sexual. Un problema que de ninguna manera es moral sino que nos habla de las precarias y desregularizadas condiciones del trabajo sexual en Chile.
Este año reeditaron el famoso ensayo de la francesa Virgine Despentes titulado "Teoría King Kong" donde uno de los temas centrales es justamente la prostitución. Uno de los puntos más interesantes del ensayo, es el relato de su experiencia como prostituta. Despentes señala que fue agradable recibir dinero por algo que las mujeres, a través de un contrato matrimonial, han dado gratis: el sexo. Desde ese lugar de elección y ese relato tan liberador y despatologizador de la prostitución, vale la pena hacerse un par de preguntas. ¿Es necesario regularizar la prostitución? ¿Es acaso una decisión tan deliberada como señala la francesa?
El debate sobre la prostitución se ha enfocado en profundizar la regularización, la que por cierto, considero necesaria. Como chilenos ya tenemos suficiente experiencia para saber que un mercado desregularizado (como el que tenemos) es un caldo de cultivo para el constante abuso: ¡hasta en el confort! Y sabemos también que, económicamente, las más perjudicadas son siempre las mujeres. El punto de regular la prostitución permite la fiscalización del trabajo sexual, permite a las mujeres trabajar en lugares seguros que hoy no están regulados, permite perseguir a los abusadores y golpeadores de mujeres que en escenarios ilegales dan rienda suelta a su masculinidad violenta. La regularización permite tener precios justos y darle las mujeres el control del intercambio de sus propios cuerpos. Solo regularizando la prostitución podemos llegar al relato de Virgine Despentes, porque cuando no está regularizado es cuando los Hermes Soto del mundo pueden llegar y abusar de su poder.
Hoy en Chile son pocas las mujeres que libremente eligen dedicarse al comercio sexual. En general son mujeres pobres, que no tienen muchas más opciones laborales, que les pagan mal, que las hacen trabajar demasiado. Mujeres extranjeras, inmigrantes, que son traídas por proxenetas y son obligadas a intercambiar su cuerpo por solo una tajada del precio. Mujeres que deben ser protegidas ante la violencia y donde un carabinero puede intercambiar esa protección por sexo. En ese mundo, es imposible pensar en la autonomía del cuerpo de las mujeres, es imposible pensar en intercambios justos. Regularizar es mejorar la vida de todas las trabajadoras sexuales, dar autonomía a nuestros cuerpos y tener mayores oportunidades en un mercado laboral tan abusivo para las mujeres.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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