La paradoja del consumo como analgésico
"No gastamos mirando lo que tenemos, sino que mirando lo que creemos que nos falta para sentirnos mejor (...) La evidencia sugiere una relación clara entre tener deudas y presentar un mayor riesgo de experimentar síntomas depresivos y de ansiedad", dice Nicolás Núñez, académico de Psicología de la Universidad Andrés Bello.

La billetera chilena tiene un serio problema de coherencia. Uno que amenaza silenciosamente la salud mental de sus dueños. Por un lado, tenemos a casi la mitad de la población endeudada, con cerca de un 45% de los hogares chilenos registrando deudas, de acuerdo a lo reportado por la consultora Defensa Deudores. Por otro, tenemos un país que participa religiosa y activamente de verdaderas fiestas del consumo del retail, como el conocido Cyber Monday, que en 2025 superó los US$520 millones en ventas, con más de 5,8 millones de transacciones, lo que se traduce en más de un tercio de la población adulta participando de este evento.
Tal parece que no gastamos mirando lo que tenemos, sino que mirando lo que creemos que nos falta para sentirnos mejor. Un mejor que nunca llega, que nunca se sacia y que nunca se acaba, a diferencia del dinero en la cuenta y la salud en la mente.
El endeudamiento y el gasto excesivo tienen un efecto profundo y multidimensional en nuestra salud mental. La evidencia sugiere una relación clara entre tener deudas y presentar un mayor riesgo de experimentar síntomas depresivos y de ansiedad.
Por otro lado, la conducta de ahorro aparece sistemáticamente en la evidencia como un protector de la salud mental. Pero parece que nada de lo anterior es capaz de contener o disuadir los fuertes y peligrosos impulsos de comprar por fuera del presupuesto.
Esto pasa porque comprar se ha convertido en una forma de encontrar un alivio momentáneo en momentos de estrés.
Comprar algo para sentirse mejor puede ser una de las prácticas más populares de nuestra cultura moderna. Si te sientes triste o desmotivada(o), puedes vitrinear en la web y comprar alivio con un par de “clicks” para cambiar esa emoción en entusiasmo. Y si no es momento de gastar, puedes decirte a ti mismo que te lo mereces, que la vida es para disfrutarla, y que de eso se trata la felicidad, de hacer lo que uno siente, sin pensarlo demasiado.
Es en estos casos en que la compra se utiliza como una estrategia de regulación emocional inconsciente, en donde la persona, muchas veces sin darse cuenta, aumenta sus emociones agradables o disminuye las incómodas adquiriendo. En ocasiones, la compra puede aumentar, de manea ilusoria, un sentido de mayor autoestima, mitigando el dolor social de la exclusión, y generando una sensación de mayor “estatus” al poseer un bien deseado por otros, o símbolo de un estatus social diferente, como ocurre con las marcas de “elite”.
El gran problema es que ese brillo emocional post compra no dura mucho, y pronto necesitamos recargar el ánimo con otra compra, y otra más, hasta entrar, de a poco, en un espiral de consumo compulsivo que ocurre en momentos de estrés emocional, y que va marcando un camino hacia una mala salud mental y financiera.
¿Qué podemos hacer para dejar de gastar en momentos de estrés?
Tu cerebro tiene una respuesta en una estructura llamada corteza prefrontal, la que te asiste para tomar decisiones inteligentes y manejar impulsos en momentos de aflicción. El único problema es que esta zona del cerebro consume una enorme cantidad de energía y es la primera en “apagarse” cuando estamos cansados. Pero ojo, esto mismo se puede convertir en una pieza clave para reducir la compra por estrés.
Por ejemplo, puedes generar verdaderos interruptores del gasto en momentos de estrés, desvinculando las tarjetas de crédito de las aplicaciones de compra rápida, borrando las apps del retail del teléfono durante las semanas de alta carga laboral, o decretando la “regla de las 72 horas”, que consiste en esperar tres días antes de concretar cualquier compra no esencial.
Y no olvides, si compramos para sentir alivio, una forma de dejar de comprar compulsivamente es buscar activamente ese alivio de otras maneras que no estén asociadas a una transacción económica.
Busca activamente tu autocuidado emocional, haz más de lo que disfrutas, reflexiona sobre tus necesidades, y cuida tus emociones como cuidas tus dientes o de tu cuerpo. Si al menos tres veces al día le haces un cariño al corazón, el impulso por comprar, sin el combustible del estrés, ira perdiendo fuerza de forma natural.
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