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[MTMAG.] Jakob Kiefer: La melomanía de traje y corbata

<p>Es una Gibson Les Paul de 1982. Seis cuerdas eléctricas y de color negro proveniente de Estados Unidos. Una compra por Ebay que tiene ahora entre sus manos y que la define como resultado de la crisis de los 40 años -hoy tiene 48-. Entre risas, Jakob Kiefer admite que la compró a los 38 [&hellip;]</p>

Es una Gibson Les Paul de 1982. Seis cuerdas eléctricas y de color negro proveniente de Estados Unidos. Una compra por Ebay que tiene ahora entre sus manos y que la define como resultado de la crisis de los 40 años -hoy tiene 48-. Entre risas, Jakob Kiefer admite que la compró a los 38 para tener algo cool.

La deja en el soporte junto a otras guitarras y sigue explicando los instrumentos que conforman su estudio musical. En el segundo piso de su residencia oficial en Lo Curro, Kiefer tiene todo lo necesario para producir sus propias creaciones. Un teclado que compró su padre en París en 1982, un amplificador, un micrófono y un computador para crear la magia del sonido y que son más que necesarios para producir sus propios temas, los que no duda en subir a la plataforma musical SoundClick, bajo el seudónimo King Kiefer.

De traje perfecto y corbata, nadie pensaría que el embajador de Suecia dedica sus ratos libres a componer canciones. "Cuando era joven, para llegar a tener un contrato de disco era imposible,  y grabar era súper difícil. Ahora, todos pueden ser su propio productor", cuenta.

Kiefer llegó a Chile en 2014. Es su primera vez como embajador, luego de haber estado en Beijing, China, como número dos, responsable del área comercial y empresarial. Fue en la Universidad de Uppsala, en el norte de Estocolmo, Suecia, en donde realizó sus estudios de economía y relaciones internacionales, mismo lugar en que pondría al límite sus capacidades musicales.

"Hasta los 22 o 23 años tuve mi grupo de música. Yo fui baterista cuando comenzó y era para ganar un poco de dinero y para que la gente bailara en la universidad", recuerda. "Tocábamos algunos clásicos, generalmente música pop para bailar, como Abba, Bon Jovi o Guns and Roses", agrega.

El conjunto se llamaba Six Pack, nombre que se lo daban sus seis integrantes, y estuvo vigente lo que duraron sus estudios, cinco años en total. "En Uppsala hay fraternidades, pero se llaman naciones. Yo vengo de la región de centro y ellos tienen una casa en donde todos los estudiantes de esta región se inscriben, hombres y mujeres; también tienen un sistema de hogares".

Era ahí donde tocaban, para las fiestas de estudiantes. &"Fue muy divertido", exclama entre risas, pero sin perder la seriedad que lo caracteriza.

Desde sus inicios en la música, sus gustos han variado a tal punto de decir que ahora no tiene un estilo favorito. &"Con los años aprendí que cada música tiene lo suyo&", indica. De esta manera, a los grupos de los años 70, como Led Zeppelin y Kiss -&"Kiss fue muy grande en Suecia&", enfatiza-, le suma la música clásica y hasta el pop, aunque dice que este último puede ser un poco artificial. Sin embargo, existe un requisito mínimo: &"Me gusta la música que tiene una melodía&", dice.

La sinergia de estos matices musicales se nota en sus canciones, con 45 temas en su lista de reproducción. Su favorita es &"Fight!&". Sobre ellas, explica que &"me gusta tocar rock y pop&", pero le es imposible encasillarse en un formato musical: &"El estilo de música es el de King Kiefer, es la mía&", dice entre risas.

Si bien no suele frecuentar muchos conciertos -&"a Lollapalooza todavía no voy&", bromea- sí le gustaría ir a ver a un grupo de Suecia. Aunque también se da sus gustos, como viajar a su país a ver a Black Sabbath. &"También estuvieron acá, pero no los fui a ver. Una vez es suficiente&", concluye con humor.

La segunda planta de su hogar resguarda este templo musical, un espacio oculto que no se deja ver desde la recepción, amplia e iluminada, con muebles de corte escandinavos y un piano de cola negro que da la bienvenida. Es subiendo las escaleras donde, definitivamente, se inyecta su sello personal.

» Destino: Santiago

Formato trotamundos. Así ha sido la vida del diplomático sueco. Nació en Örebro, Suecia, una ciudad de 150 mil habitantes, ubicada 200 km al este de Estocolmo. Esta pequeña localidad, la misma donde nació Stig Blomqvist, recordado campeón del rally en los años 80, solo fue su punto de partida. De un país a otro, antes de pasar cuatro años en China, estuvo en París del 2001 al 2005 y previamente tres años en Malasia, además de un año en Dinamarca. Con estudios en Estados Unidos y Francia.

Örebro

&"Para mí, los suecos somos un poco como los vikingos, nos gusta viajar por el mundo. En Europa eso es muy fácil. Cuando era joven teníamos el interail, donde se compraba un boleto por un mes y se podían tomar todos los trenes que se quisiera. Desde Estocolmo hasta Turquía, solo, cuando tenías 16, 17 años&", recuerda.

A pesar de sus constantes movimientos, América Latina no figuraba en su lista. Menos nuestro país, del cual conocía su nombre y un poco sobre su geografía, especificamente de la Cordillera de los Andes. &"Ser embajador no fue sorpresa, pero tal vez sí la ubicación. Chile es como un país mitológico para nosotros, lejano, pero muy cercano también. Hemos tenido estos años muchos chilenos en Suecia.  Todos conocen un chileno. Cuando yo estuve en mi escuela, había uno o dos&", cuenta.

Con conocimientos sobre nuestra historia política y proceso de democratización, Kiefer emprendió este nuevo capítulo junto a su esposa y sus dos hijos. Y así se fue encantando con nuestra cultura. San Pedro de Atacama y sus cielos fueron una de sus grandes sorpresas. Y con el tiempo no demoró en adquirir algunos hábitos nacionales.

Foto: Alexander Schimmeck

Como todo chileno, ya incorporó el tráfico matutino en su rutina. Además, le gustan los asados y rescata cómo el vino chileno se ha posicionado a nivel mundial en los últimos 30 años.

Sin embargo, fue el idioma uno de los grandes desafíos. Llegó sin saber español, tuvo un par de clases, pero al llegar aquí fue totalmente diferente. &"Los chilenos, en particular los jóvenes, hablan muy, muy rápido, con ese chilenismo que para mí es súper divertido, pero también difícil. No es slang, ya que se usa en las discusiones, cuando escucho la radio, son palabras que se ocupan. Mi palabra preferida es guagua, porque es el sonido de un bebé que dice gua gua&", ríe.

» En clave chilena

Jakob Kiefer se ha ido acercando a nuestra cotidianeidad en diversos ámbitos. Incluso, el fútbol ha cobrado alguna importancia para el diplomático, especialmente la Selección, que se ha ganado el reconocimiento internacional en los últimos años.

Si bien no se reconoce como un gran fanático del fútbol, sí confiesa que le quedó grabada la final de la Copa América contra Argentina, &"un triunfo extraordinario&", según Kiefer. También el partido con Brasil en el Mundial de 2014, donde se perdió por penales tras empatar 1-1 en tiempo reglamentario.

&"Yo creía que el partido Alemania-Chile podía ser fantástico, ahora fue un fracaso total de los brasileños por falta de organización. Pero el partido de Chile con Brasil, con ese balón en el palo, ¡qué duro fue!, ¡qué golpe!&", dice con tono sufrido.

En cuanto a preferencias futboleras, Kiefer no se suma a ningún equipo en el ámbito nacional, pues se mantiene fiel a sus orígenes. &"Me gusta ver jugar a Zlatan Ibrahimovic, él es un gran jugador sueco. Estuvo en el PSG en París y ahora en el Manchester United. Yo lo voy siguiendo. También me gustan los grandes partidos, la Premier League, la Champions League, los clásicos&".

Su camiseta preferida tampoco vuela sobre límites fronterizos. &"Yo tengo mi equipo en Suecia, el  Örebro SK. Es muy importante, es mi ciudad, y están ahora en primera división&".

Con mucha cancha todavía, Kiefer ya se encuentra en la mitad de su estadía, tiempo suficiente para sentir a Chile como una segunda casa. &"Es muy fácil ser embajador acá, Suecia siempre ha tenido una gran marca y gran corazón entre los chilenos", finaliza.

Y así se despide, al lado de un mueble en el que se sobrepone la Orden Bernardo O&"Higgins en el grado de Gran Cruz, el reconocimieto más alto que se le puede conferir a un extranjero, y que le fue entregado por la Presidenta Michelle Bachelet, en mayo del año pasado. MT

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