Perú: subregistro de muertes provoca confusión y críticas

Las sombrillas y lonas de colores en el mercado de abastecimiento La Parada, en medio de la pandemia de coronavirus en Lima, Perú. Foto: AP

Cuando falta apenas una semana para dejar atrás el confinamiento obligatorio, del que se cumplen 100 días y en plena reapertura del comercio, los peruanos aún no tienen claridad de cuál es la cifra de fallecidos por la pandemia: ¿8 mil o 24 mil?




“La semana pasada falleció el abuelo de mi pareja. Tenía 93 años y estaba sano, pero la enfermera que lo atendía lo contagió. Le dio neumonía y murió a los dos días. No sabían que había sido por Covid-19 porque la prueba molecular llegó recién al día siguiente. Antes veía al virus más lejano, pero desde ese momento comencé a escuchar sobre más casos. Ahora la mayoría en Perú conoce a alguien que está contagiado o que lamentablemente falleció por el virus”, cuenta a La Tercera, Camila Román, residente de Lima.

Como este testimonio son varios los casos que coinciden en el segundo país con más contagios de la región -260.810 infectados- y que este lunes cumplió 100 días de cuarentena en medio de un criticado plan de reapertura del comercio, que fue opacado por denuncias de subregistros de muertes que triplicaría la cifra oficial de 8.404 decesos entregada por el Ministerio de Salud.

En Perú los registros oficiales de muertes por Covid-19 solo incluyen a los casos confirmados por “pruebas moleculares y rápidas”. Sin embargo, un reportaje de IDL-Reporteros comparó las estadísticas entregadas a la OMS con la del Sistema Informático Nacional de Defunciones (Sinadef) sobre los fallecidos por causa de muerte.

Desde marzo y hasta el 15 de junio, el Minsa informó 6.860 fallecidos, pero el Sinadef -también una entidad gubernamental- contabilizó al menos 24.262 muertos por la pandemia. De estos, 16.213 eran víctimas fatales confirmadas por el Covid-19 y 8.049 catalogados como “sospechosos”, “probable” o “no confirmado”. Al igual que en otros países, muchos murieron antes de ser testeados o ingresados a hospitales.

El radical contraste de los decesos se debería a que el Sinadef “registra casos que los médicos certificaron como fallecidos por el virus, ya sea por sus síntomas y/o el resultado de los exámenes rápidos o moleculares”. Justamente, como los diagnósticos de causa de muerte son inscritos por los equipos médicos hay variaciones como “neumonía por Covid-19”; “infección por Covid-19”; “enfermedad por coronavirus SARS CoV 2”; “neumonía atípica” y otros.

De esta manera, los registros de Sinadef advierten que en lo que va de junio han fallecido en promedio 494 personas por el virus a diario. Según IDL Reporteros, esta información debe ser contrastada con la base de datos general, ya que existen errores de “tipeo” en la base de datos pública con certificados en línea, donde “cerca del 30% de los certificados de defunción son en papel”.

El ministro de Salud, Víctor Zamora, admitió en abril ante la Comisión de Salud, de Fiscalización y de seguimiento a las acciones de Covid-19 del Congreso que “en todos los países del mundo existen diferentes grados de subregistro. No existe voluntad de ocultar esa información, pero puede haber debilidades en cuanto a la calidad del registro”.

Según el diario peruano Expreso, en mayo, después que el Financial Times reveló que existían alrededor de 8 mil muertos más que la cifra oficial, el presidente del Consejo de Ministros, Vicente Zeballos, reconoció que el gobierno maneja un “registro incompleto”.

El impacto de la pandemia

El 15 de marzo, el gobierno de Martín Vizcarra decretó una cuarentena obligatoria y el cierre de fronteras, dejando a más de 30 millones de peruanos en sus casas para frenar el avance del virus. A pesar de la rapidez de las medidas “pioneras” en América Latina y aplaudidas por la ciudadanía, una serie de factores sociales hicieron casi imposible contener la pandemia, transformándose en el séptimo país del mundo con más casos totales. Eso sí, el Centro Nacional de Epidemiología sostiene que el confinamiento evitó alrededor de 100 mil muertes y 900 mil contagios.

Entre los principales “errores” del manejo en la emergencia estaría la nula fiscalización inicial en mercados de abastecimiento que generó aglomeraciones y focos de contagio. Por ejemplo, el Mercado de Frutas de Lima llegó a tener al 80% de sus vendedores infectados tras un testeo rápido masivo. Ocurre que casi el 70% de la población trabaja de manera informal, recibiendo ganancias diarias, lo que les ha impedido cumplir el confinamiento. También los expertos culpan a la poca claridad en las informaciones y al hecho de que las ayudas sociales generaron grandes filas en los bancos, ya que muchos no tienen cuentas bancarias ni menos internet.

Esto se sumó a las debilidades del sistema sanitario peruano, que según The Washington Post al inicio de la pandemia solo contaba con 276 camas de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), menos de una por cada 100 mil personas, lo que obligó al gobierno a ampliar la capacidad con más de 800 camas, reconvirtiendo zonas como la Villa Olímpica y creando hospitales de campaña.

Debido a la imposibilidad de mantener a la población en sus casas por las consecuencias económicas que derivarán en la peor crisis de los últimos 100 años -con una caída de 12,5% del PIB según las proyecciones más conservadoras-, el Ejecutivo permitió desde el lunes la reapertura del comercio, con medidas sanitarias como disminuir el aforo al 50%, la prohibición de ingreso de menores de edad y la toma de temperatura al ingreso.

Justamente, el lunes se vieron largas filas en los centros comerciales. Para el 1 de julio, los peruanos dejarán atrás la cuarentena y el Ministerio de Educación informó que al menos 12 mil colegios estatales de zonas rurales comenzarán a reabrir con “estudiantes de manera dosificada”, especialmente por las limitaciones a internet para tener clases online. “La cuarentena fue respaldada por la ciudadanía, la aprobación de Vizcarra subió al 87% y hace dos semanas según Ipsos está al 70%. El problema no solo en Perú, sino que en América Latina, es la falta de claridad con la información por parte de las autoridades. Además, un error ha sido tratar de poner una dicotomía entre lo sanitario y lo económico que no se pueden desligar”, señaló a La Tercera el analista peruano Jeffrey Radzinsky.

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