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Rudolf Tamás Metz, analista húngaro: “Orbán hizo demasiado hincapié en política exterior y alianzas simbólicas como con Trump y Meloni“

El analista y profesor de ciencias políticas de la Academia Húngara de Ciencias analiza la derrota del partido Fidesz del primer ministro Viktor Orbán y comenta el futuro de Hungría, ahora que el gobierno que encabezará Péter Magyar promete ser más proeuropeo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, saluda al primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, el 13 de mayo de 2019. Carlos Barria

Esta semana, después de casi cuatro años de veto húngaro, la Unión Europea logró aprobar un crédito de 90 mil millones de euros para la defensa de Ucrania, junto con nuevas sanciones para Rusia. Esto, como una consecuencia directa de la derrota de Viktor Orbán en las elecciones legislativas del domingo 12 de abril, que puso fin a sus 16 años en el poder. El líder de extrema derecha había sido “la piedra en el zapato” de la UE, aplicando sistemáticamente su poder de veto para impedir envíos de armas y recursos al país invadido.

Ahora, ya casi dos semanas después de unas elecciones que marcaron a Europa, el nuevo gobierno se alista a asumir el 9 de mayo. El partido de centroderecha Tisza, liderado por Péter Magyar, promete un acercamiento más claro al bloque, y alejar a Budapest de la esfera de influencia rusa.

En entrevista con La Tercera, el analista y profesor de ciencias políticas de la Academia Húngara de Ciencias, Rudolf Tamás Metz, comenta la manera en que Magyar llega al poder, y que se puede esperar para el país centroeuropeo.

Péter Magyar (C), líder del partido Tisza, ondea una bandera nacional húngara en un mitin de celebración en Budapest, el 12 de abril de 2026. Foto: David Balogh/Xinhua David Balogh

¿Qué señales ha dado Tisza en estas dos semanas para vislumbrar el perfil de su gobierno?

En las últimas dos semanas, Tisza y Péter Magyar han dado señales de lo que podría describirse como un enfoque “populista tecnocrático” de la gobernanza. Este enfoque combina un marcado discurso populista, centrado en el pueblo, el antielitismo y la retórica anticorrupción, con un claro énfasis en compromisos políticos sustantivos, que abarcan desde la salud hasta la protección del medio ambiente. Es importante destacar que estos objetivos políticos están respaldados por la contratación de expertos, lo cual también se refleja en el proceso de formación del gobierno.

Políticamente, se observa una dinámica dual. Por un lado, Magyar se posiciona en clara oposición a la élite anterior, haciendo hincapié en la rendición de cuentas y la responsabilidad. Por otro lado, se aprecian gestos conciliadores, particularmente en la distribución de los cargos parlamentarios, que sugieren cierto grado de pragmatismo institucional.

El primer ministro entrante reconoce y comunica la magnitud del mandato electoral. Él señala constantemente que este mandato está vinculado a objetivos previamente articulados: la restauración democrática (incluido el Estado de Derecho y el sistema de controles y equilibrios), una postura firme contra la corrupción, y la transformación y modernización más amplias de la gobernanza.

¿Qué se puede esperar del partido Tisza una vez en el gobierno?

Es probable que Tisza se enfrente a un doble desafío: mantener su dinamismo propio de un movimiento y, al mismo tiempo, consolidar instituciones de gobierno estables. Puede que siga centrado en las campañas, pero ya está desarrollando una estructura más organizada a través de redes de activistas (“Islas Tisza”) y grupos de expertos.

Políticamente, un aspecto clave será la cohesión y la disciplina internas, especialmente dentro del grupo parlamentario. Sin embargo, el fuerte respaldo personal del líder podría garantizar inicialmente un alto grado de lealtad.

En materia de políticas públicas, cabe esperar un énfasis en las medidas anticorrupción, las reformas institucionales y un reequilibrio de las prioridades de las políticas públicas hacia el bienestar social, la salud, la educación y la modernización económica.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, junto a su par italiana, Giorgia Meloni. Foto: Archivo

¿Habrá cambios en el ámbito internacional, dada la orientación más ”europeísta” del nuevo liderazgo?

Es probable que se produzca un cambio hacia una relación más cooperativa y predecible con la Unión Europea. Esto incluye esfuerzos para reconstruir la confianza, desbloquear fondos de la UE y reposicionar a Hungría como un socio constructivo dentro de las instituciones europeas.

Al mismo tiempo, esto no implica necesariamente abandonar la política basada en los intereses nacionales. Más bien, podríamos presenciar una reorientación: una política exterior más pragmática y menos confrontativa que busque combinar la integración europea con las prioridades de reforma interna.

¿Cuáles fueron las principales razones de la derrota de Orbán?

El factor más importante es que tanto la élite gobernante como su electorado principal se volvieron cada vez más cerrados en términos ideológicos y de identidad. El gobierno se centró en gran medida en cuestiones existenciales y de identidad, como la guerra en Ucrania, la migración, la seguridad energética y los conflictos culturales en torno al género y el multiculturalismo. Esto, descuidando en gran medida las preocupaciones políticas cotidianas que afectan directamente a los ciudadanos, incluyendo la salud, la educación, la política social y la economía.

Al mismo tiempo, se hizo demasiado hincapié en el posicionamiento en política exterior y en alianzas simbólicas (por ejemplo, con Donald Trump, Giorgia Meloni y Marine Le Pen), que no tuvieron la misma repercusión entre los votantes nacionales.

En términos más generales, el régimen mostró signos de agotamiento: tuvo dificultades para renovarse, perdiendo su capacidad de visión, innovación y adaptación. Orbán operaba cada vez más dentro de un entorno mediático altamente controlado, evitando el debate espontáneo y el escrutinio crítico. Esto derivó en una forma de dependencia de la trayectoria ideológica.

Finalmente, la campaña negativa contra Tisza, que incluyó ataques personales, escándalos fabricados y supuestos abusos de poder, resultó contraproducente. En lugar de debilitar al candidato opositor, a menudo reforzó la percepción de decadencia moral y movilizó a los votantes de la oposición.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán (izq.), y el vicepresidente estadounidense, JD Vance, asisten a un acto de campaña en Budapest, el 7 de abril de 2026. Foto: David Balogh/Xinhua David Balogh

¿Cómo cambió Orbán a Hungría en los últimos 16 años? ¿Cuáles son los ejemplos más claros de corrupción?

La transformación más significativa ha sido la concentración de poder. Con el tiempo, los controles y equilibrios se debilitaron sistemáticamente y el Estado de Derecho se erosionó. Esto incluyó la centralización del control político sobre instituciones clave, el debilitamiento de la independencia judicial y el aumento de la influencia sobre las fuerzas del orden y los servicios de inteligencia.

Al mismo tiempo, se construyó una red de clientelismo leal que vinculaba el poder político con los recursos económicos. El panorama mediático también se concentró en gran medida, con actores progubernamentales dominando amplios segmentos del mercado.

En cuanto a la corrupción, los patrones más visibles implican el enriquecimiento de personas estrechamente vinculadas al liderazgo político, incluidos familiares y socios de larga data. Los procesos de contratación pública, la asignación de fondos de la UE y las inversiones respaldadas por el Estado han sido frecuentemente criticados por su falta de transparencia y competitividad. Un caso particularmente notable fueron las controversias en torno a las fundaciones afiliadas al Banco Nacional de Hungría y sus prácticas de gestión de activos, que suscitaron serias dudas sobre la rendición de cuentas y el uso de fondos públicos.

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