Sólo el 48% en América Latina prefiere la democracia que otro sistema

REUTERS/Marco Bello

El informe Latinobarómetro 2018 presentado esta mañana indica que para el 28% de la región es indiferente el sistema de gobierno y el 15% afirma que una administración autoritaria puede ser preferible. Chile es el segundo país con mayor apoyo al autoritarismo (23%).


Es amplia la literatura reciente que ha señalado que la democracia en el mundo va a la baja. Y analistas advierten cada vez con más vehemencia aquella posibilidad. Este fenómeno en América Latina es el que revela el informe Latinobarómetro 2018, con sólo el 48% de los latinoamericanos que prefieren la democracia a cualquier otra forma de gobierno. El año pasado esa cifra fue de 53%, y en 2010, 61%. Solo en 2001 se había registrado un apoyo similar a la democracia, en plena crisis asiática.

El informe -que contó con entrevistas cara a cara en 18 países, entre el 15 de junio y el 2 de agosto de 2018 por la Corporación Latinobarómetro en alianza con el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL)- sostiene que la tercera ola de la democracia que duró cerca de 30 años con todos los países de la región bajo regímenes democráticos, llegó definitivamente a su fin este año, con al menos dos países que dejaron de cumplir con las “reglas mínimas que exige un régimen democrático”: Venezuela y Nicaragua.

 

“Nuevos autoritarismos”

“Tenemos nuevos autoritarismos en países que tuvieron una transición a la democracia, al igual que en la exEuropa detrás de la ‘cortina de hierro’ hay retrocesos de la democracia”, sostiene el informe. Sin embargo, estos “nuevos autoritarismos latinoamericanos”, no surgen de forma concreta y rápida como un golpe de Estado, por ejemplo, sino que nacen de las mismas democracias que se van transformando a través de los personalismos presidenciales. El autoritarismo de esta época llega por vía de las elecciones.

Además de Venezuela y Nicaragua, el informe cita a Turquía como parte del fenómeno de “autoritarismos electorales”.  “Son civiles, hoy día, no militares los que llevan a los países no sólo a grados mínimos de democracia sino también a su abandono como régimen político (…). Venezuela y Nicaragua dejaron de cumplir un sinfín de requisitos para ser considerados como democracias, y requieren tal vez la creación de una nueva tipología para identificar su tipo de régimen”, expresa el informe.

Ambos países han sido objeto de denuncias por parte de los organismos internacionales que denuncian una erosión de las garantías democráticas. Nicolás Maduro fue reelecto en mayo de este año en unas elecciones que suscitaron críticas en todo el mundo, y Daniel Ortega en Nicaragua, ha sido ampliamente juzgado por la represión del gobierno frente a las masivas manifestaciones sociales iniciadas en abril. En ambos casos se ha denunciado una inexistente separación de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo.

Apoyo a la democracia

Según el documento, son 14 los países de la región en donde el apoyo a la democracia disminuye entre 2017 y 2018, sin embargo, en Nicaragua este indicador aumenta 11 puntos porcentuales. Venezuela, en tanto, es el país de América Latina que declara tener más apoyo a la democracia, con 75%, pese a que se trata de una disminución con respecto a 2017 (78%).

Ante estas cifras, el estudio invita a preguntarse “qué significan estas respuestas donde los dos países donde más se cuestiona la democracia, son dos excepciones en este indicador”.

Al desclasificar el apoyo a la democracia, en nueve países de la región el apoyo a la democracia es superior o igual a 50%. Detrás de Venezuela está Costa Rica con 63%, Uruguay con 61%, y Argentina con 59%. Al otro extremo, entre los que apoyan en menor medida la democracia están El Salvador y Guatemala con 26%, seguidos por Brasil y Honduras con 34%.

La creciente indiferencia

Pero el declive a la democracia expone un fenómeno que tiene directa relación: el de la indiferencia de los ciudadanos frente al tipo de régimen de gobierno. Este indicador aumentó de 16% en 2010 a 28% en 2018 y se relaciona con un alejamiento de la política, una no identificación ni con la izquierda ni la derecha, la disminución de quienes votan por partidos y de la acción  de ejercer el voto. Aquello ha gatillado en gran parte la aparición de populismos.

“Este contingente de desafectados de los gobiernos, las ideologías y la democracia son la fuente mayor en el surgimiento de populismos en la región, no son una novedad y hace años que se observa su crecimiento”, asegura el informe. El país más “indiferente” con respecto a los regímenes democráticos o no democráticos es El Salvador con 54%, seguido de Honduras y Brasil con 41%. Los países menos indiferentes, en tanto, son Venezuela con 14%, y Chile con 15%.

Otro aspecto es el apoyo al autoritarismo dentro de la región. Un 27% en Paraguay y un 23% en Chile sostienen que un gobierno autoritario puede ser preferible. En cambio, Venezuela tiene el menor apoyo al autoritarismo, con 6%. En promedio, el 15% de la región se muestra favorable al autoritarismo.

Protagonistas del deterioro de la democracia

La corrupción y las élites son los protagonistas en el declive de la democracia, según indica el Latinobarómetro de este año. “La corrupción ha penetrado profundamente los Presidentes, parlamentos, miembros del poder ejecutivo en muchos países, minando la imagen de la democracia, confundiendo a la población”, declara el informe. Así, el deterioro de las élites, la corrupción, la desconfianza ciudadana en las instituciones de la democracia, la falta de conducción democrática de sus líderes, así como la falta de líderes, constituyen el principal problema de las democracias de la región.

El informe sostiene que el problema no está en los países en donde la democracia “ha dejado de existir”, sino que en aquellos donde hay problemas en el funcionamiento de sus democracias, con importantes grados de peligro en dejar de serlo. “Es necesario que la democracia tenga también, como la medicina, indicadores de la ‘presión’ democrática, un guarismo que permita encender las luces de alarma para actuar antes que sucedan los acontecimientos”, se lee en el estudio.

Con todo, los negativos resultados presentados en este estudio indican que este 2018 puede denominarse como un “annus horribilis” para la región, y que hay que encender las alarmas, puesto que “sin militares, sin armas, es más difícil reconocer la pérdida de democracia”.

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