Atrapados en Catar: el relato de una pareja de chilenos en medio de los ataques en Medio Oriente
Alan Bey y María José Moreno se encontraban en Doha cuando estalló el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Con el espacio aéreo cerrado, explosiones nocturnas y poco apoyo, según dicen, la pareja pasó casi dos semanas intentando salir del país.

El plan era simple: tres días de escala, aprovechar de hacer turismo y luego tomar el vuelo de regreso a Chile. Pero para el traumatólogo Alan Bey Vives y su pareja María José Moreno, profesora de barré, ese breve paso por Catar terminó convirtiéndose en una espera angustiante de casi dos semanas en medio de una crisis militar.
La pareja había planificado sus vacaciones con meses de anticipación. Compraron los pasajes en julio y armaron un itinerario de casi cuatro semanas por el sudeste asiático. El viaje incluía también una breve escala en Qatar, ya que Moreno quería tomar una clase de barré para perfeccionar su técnica.
Venían de Tailandia cuando aterrizaron en Doha, la capital catarí, el 26 de febrero. Los primeros dos días fueron exactamente lo que esperaban: desierto, paseos en camello y visitas a museos. “Un país muy ordenado, muy lindo. Todo perfecto”, recuerda Bey.

Pero durante la tercera jornada, cerca de las 10 de la mañana, mientras su esposa asistía a su clase y Bey esperaba en el hotel, la tranquilidad se rompió de golpe. “Primero escuchamos explosiones en el aire. Después sonó una alarma, similar a las de los tsunamis en Chile”, relata el médico.
Era el inicio de una serie de ataques que Israel lanzó contra Irán con apoyo de Estados Unidos, una ofensiva en la que murió el líder supremo iraní, Alí Jamenei.
La reacción fue inmediata: miedo y desconcierto. “Dijimos ‘oh, cagamos’, porque si hay misiles en el aire la posibilidad de que salga un avión es muy baja”.
Minutos después llegó la confirmación. El espacio aéreo había sido cerrado y su vuelo en Qatar Airways, cancelado. En televisión y redes sociales el mensaje se repetía: no acudir al aeropuerto.

El cierre del espacio aéreo en varios países del Golfo provocó miles de vuelos cancelados y cientos de miles de pasajeros varados, afectando aeropuertos como Doha, Dubái y Abu Dabi, según reportaron medios internacionales.
Y lo que pensaron sería una espera de dos o tres días terminó transformándose en casi dos semanas -12 días- atrapados en Medio Oriente.
Las noches bajo explosiones
Las primeras noches fueron las más difíciles. El silencio de la madrugada se interrumpía cada cierto tiempo con explosiones en el cielo y con alertas de emergencia —en árabe— que llegaban a los celulares.
“Escuchabas una explosión y pensabas: ‘ya, hasta aquí no más llegamos’”, recuerda Bey.
Con el paso de los días la pareja empezó a acostumbrarse a una rutina extraña: despertar sin saber qué pasaría, revisar noticias, esperar novedades sobre los vuelos y volver a escuchar alarmas en la noche. “Veías una estela de humo que venía por un lado, otra que salía a interceptarla y después una explosión en el medio”, describe.
En paralelo comenzaron los intentos por encontrar una salida. El primer paso fue contactar al consulado chileno. Buscaron teléfonos y revisaron páginas oficiales, pero había un problema: Chile no tiene consulado ni embajada en Catar.
Los trámites consulares dependen de la sección consular de la embajada chilena en Abu Dhabi, en Emiratos Árabes Unidos, lo que obligaba a realizar cualquier gestión a distancia. Llamaron por teléfono, enviaron correos e incluso lograron comunicarse con el cónsul de Chile en esa ciudad, Fernando Contardo.
La respuesta, sin embargo, era siempre la misma: “Nos decían: ‘la información ya la mandamos a Chile, estamos esperando respuesta’”.
A pesar del relato de Bey, desde Cancillería indican que los consulados “se han encargado de apoyar su retorno, realizando gestiones que permitan el tránsito por los países de la zona, así como también manteniéndolos informados sobre la apertura de las distintas rutas aéreas”.
Mientras tanto, los vuelos seguían suspendidos y las alertas no paraban de acaparar las pantallas de sus teléfonos. Ante ese escenario comenzaron a evaluar otra alternativa: salir por tierra hacia Arabia Saudita —el único país con frontera terrestre con Qatar— y desde allí intentar tomar un vuelo internacional.

Pero para hacerlo necesitaban una visa de ingreso. Desde el consulado les aseguraron que el trámite estaba en curso. Hasta hoy, ya de regreso en Chile, esas visas no están listas.
Cuando llevaban más de siete días atrapados en el hotel, la tensión comenzó a pasarles la cuenta. Sin contacto con otros chilenos y rodeados de un idioma que no entendían, había días en que la pareja rompía en llanto.
A la vez, veían cómo el hotel se iba vaciando: “Primero se fueron los italianos, los franceses, los españoles. Y nosotros seguíamos ahí”, cuenta Bey.
A la incertidumbre se sumó otro problema: los medicamentos. Él es hipertenso y había viajado con pastillas suficientes solo para las semanas que duraban las vacaciones. “Uno no viaja con remedios pensando que va a quedar atrapado en una guerra”, dice.
El final del viaje
El consulado chileno les informó que evaluaba habilitar un bus para trasladar a los chilenos hasta Arabia Saudita y desde allí buscar vuelos de salida. Sin embargo, el plan se fue dilatando: pasaban los días y ni el transporte ni las visas necesarias para cruzar la frontera se concretaban.
Según Bey, durante toda la espera tampoco recibieron apoyo económico para alojamiento, traslados o medicamentos. A partir del tercer día, la estadía en el hotel fue cubierta por el propio Estado de Catar, junto con parte de la alimentación.
Cuando la angustia parecía no tener salida, apareció una nueva opción: un vuelo de repatriación organizado por el gobierno de España para ciudadanos europeos varados en la región. Aunque no eran españoles, decidieron intentarlo.
Gracias a su insistencia —“de catete”, como lo describe Bey— después de 71 llamados a la aerolínea lograron inscribirse en la lista de pasajeros y conseguir un asiento, pagado por ellos mismos y en un vuelo sobrevendido, que saldría desde Doha con destino a Madrid.
Hoy ya están de regreso en Chile. Pero la sensación que les dejó la experiencia no es de alivio completo.
“Es súper desmoralizante que te cancelen los vuelos, que no te contesten las llamadas, que no te contesten los mensajes, y que las personas que te tienen que ayudar no te estén ayudando”, asegura el ciudadano chileno.
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