El drama de las clases vespertinas en medio de la crisis

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Más de 260 mil estudiantes de educación superior empiezan la jornada justo a la hora de las marchas.




Por la tarde, cuando comienzan las protestas en las ciudades, la mayoría de la gente regresa a su casa. Excepto los estudiantes de educación superior que están en jornada vespertina, cuyas clases comienzan a la hora en que ocurren las marchas, por lo que han sido los más perjudicados desde que estalló la crisis.

Esa es la sensación que tienen quienes transitan a las 19 horas por el barrio universitario, en Santiago, donde los planteles se han visto obligados a habilitar clases online. "Nos hemos visto afectados, porque ya no tenemos clases regulares. Se han buscado otros métodos, pero aun así ha sido complejo", dice Javiera Erba, estudiante de Derecho de la U. Santo Tomás, quien afirma que desde el 18 de octubre hasta ahora solo ha tenido una clase presencial.

Javiera Castillo, quien estudia Técnico Jurídico en el IP Santo Tomás, cuenta que tiene una hora de clases presenciales los lunes, martes y miércoles. "Uno se demora más en llegar acá que estando en clases", cuenta. Pero espera que las protestas permitan abaratar los costos de la educación, "porque cuesta mucho estudiar".

En el mismo plantel, Carolina Silva, alumna de Administración de Recursos Humanos, dice que se les habilitó un aula virtual para continuar los estudios y que deben ir a la sede solo para resolver dudas. "Todo esto ha sido engorroso y desordenado, pero tenemos el apoyo de los profesores", detalla.

Uno de cada cinco

En Chile, hay más de 269 mil estudiantes que están en jornada vespertina. Eso quiere decir que uno de cada cinco alumnos de la educación superior podría estar viviendo este tipo de problemas, y los planteles han debido adaptarse.

En AIEP, el viernes lograron cerrar el año de los estudiantes vespertinos que tenían clases presenciales. "En el caso de los alumnos del Programa Ejecutivo Vespertino, ellos están realizando clases presenciales y telepresenciales, dependiendo de la disponibilidad de movilización en cada ciudad", dice la vicerrectora de Vinculación con el Medio, Marcela Vaccaro.

En medio de la readecuación de actividades, la Superintendencia de Educación Superior envió un oficio a 150 rectores, detallando qué condiciones se deben cumplir para que un plantel deje de entregar su servicio educativo "por fuerza mayor".

El documento dice que un suceso de ese tipo ocurre cuando se dan tres condiciones a la vez: que la institución no haya podido prever el hecho, que la institución no lo haya podido evitar y que el hecho sea provocado por una causa ajena al plantel. Un hecho de esa naturaleza, dice el texto, "puede, excepcionalmente, liberar a una institución de la obligación de prestar los servicios educacionales". Pero "si solo hace más difícil y gravoso el cumplimiento de la obligación, mas no imposible, esta no se extingue".

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