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Nona Fernández y su novela sobre el comandante Ramiro del FPMR: “¿Qué hacemos con la lucha armada? ¿Son héroes, villanos? El libro se hace esas preguntas”

La escritora publica "Marciano", un libro basado en conversaciones con el ex jefe militar del FPMR, condenado como autor intelectual del asesinato de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards. Cruzando memoria y ficción, la autora explora en la vida privada y en la esfera íntima de Mauricio Hernández Norambuena, el hombre detrás del exfrentista.

Eran cerca de las tres de la tarde cuando escucharon el ruido del helicóptero. No había nubes en el cielo el lunes 30 de diciembre de 1996. Mauricio Hernández Norambuena, el comandante Ramiro, y tres compañeros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez esperaban en el patio de la Cárcel de Alta Seguridad. Se instalaron allí temprano, con el calor de fin de año y con cuadernos y lápices para dar la impresión de que trabajaban. No se movieron ni siquiera para ir al baño. El helicóptero dejó caer un canasto blindado y ellos corrieron, entre tiros de fusil y la sorpresa de gendarmes y presos. Fueron solo unos segundos antes de que la máquina alzara el vuelo. Fue tan rápido que Hernández Norambuena quedó colgando, agarrado de un brazo. Así salió de la cárcel: fue una fuga audaz y cinematográfica, que sacó aplausos de los presos y causó conmoción en las autoridades de la época.

–Cuando se habla de la fuga se habla del superhéroe colgando del helicóptero, aguantando las balas, que en realidad no llegaron. Y él lo recuerda cagado de miedo, con el brazo acalambrado, a punto de caer. Esa humanización me parecía clave –dice Nona Fernández.

Narradora, actriz y dramaturga, la escritora publica Marciano, una novela basada en años de conversaciones con Mauricio Hernández Norambuena, el comandante Ramiro. El libro nace de un proyecto cancelado: una miniserie sobre la historia del FPMR desde la perspectiva de quien fue su jefe militar. El proyecto no se realizó, pero ella heredó el permiso para visitarlo cada viernes en la cárcel de seguridad de Rancagua, donde cumple condena como autor intelectual del asesinato del senador UDI Jaime Guzmán y del secuestro de Cristián Edwards.

Mauricio Hernández Norambuena fue extraditado desde Brasil en 2019. Aquí aparece durante un interrogatorio del juez Mario Carroza, a un día de su llegada a la Cárcel de Alta Seguridad. FOTO: Eduardo Ramirez/ PODER JUDICIAL VIA AGENCIAUNO Eduardo Ramirez/ Poder Judicial Via AGENCIAUNO

A partir de esas conversaciones –sin lápiz ni grabadora–, así como de cartas y conversaciones con su familia, Nona Fernández compuso un libro que explora en el perfil más privado de Mauricio Hernández Norambuena: en la biografía afectiva y emocional de quien fue uno de los jefes y fusileros en el atentado contra el exgeneral Augusto Pinochet.

Premio Sor Juana Inés por la Dimensión desconocida y nominada al National Book Award en Estados Unidos por Space Invaders, Nona Fernández es autora de una obra que explora en nuestro pasado reciente con las armas de la memoria, la crónica y la ficción. Marciano es un artefacto literario que expande ese ejercicio y que toma su título del sobrenombre del protagonista cuando era un niño en los cerros de Valparaíso y pasaba las tardes jugando fútbol, pegándole a la pelota como si luchara contra la opresión. En sus páginas los recuerdos, la imaginación y la ficción literaria se cruzan y se nutren mutuamente.

Articulado en 12 encuentros entre “N”, la escritora, y “M”, el exfrentista, Marciano tiene la estructura de un diálogo desde el encierro: una conversación que viaja al pasado, recrea momentos, sueños, convoca a vivos y muertos: su familia, sus compañeros, el comandante Rodrigo y la comandante Tamara. La escritora pregunta y busca comprender al estudiante que militaba en las Juventudes Comunistas (JJCC) y que a los 20 años decidió tomar las armas y desafiar la dictadura. Que siguió en pie de guerra subversiva en democracia y que cayó detenido en Sao Paulo en 2001 por el secuestro de un empresario brasileño.

El libro será presentado el miércoles 10 de septiembre, a las 19.00 horas, en elNona Fernández Centro Cultural de España por la escritora Alia Trabucco yla periodista Daniela Figueroa.

–Mis conversaciones fueron siempre con Mauricio Hernández, no con Ramiro. Esa fue mi apuesta literaria: hablar con Mauricio –dice la escritora.

Conocido como el hombre fuerte del FPMR, ese carácter le permitió sobrevivir 17 años en las más difíciles condiciones de reclusión y aislamiento en Brasil. Pero los años de encierro dejaron huellas en su cuerpo y su psiquis. Hoy, dice Nona Fernández, es un hombre reflexivo, que vive entre la memoria y la ficción: se volvió un lector infatigable.

–Él es un hombre que ha trabajado muchísimo su memoria: tiene sus recuerdos intactos. Él mismo dice que dejó de construir recuerdos cuando cayó preso en Brasil. Su presente está estancado, marcado por las visitas o por las conversaciones de patio. Es como el “día de la marmota” que dura casi 25 años. Su pasado se volvió su única compañía y él lo ha organizado y examinado al detalle.

En ese ejercicio, cuenta, ha pensado en versiones alternativas: qué habría pasado si el día del atentado Tamara (Cecilia Magni) participa como estaba previsto en el plan original o si ella y Rodrigo (Raúl Pellegrin) no mueren tras el asalto a Los Queñes. “Construía spin-off de su vida. Y ese ejercicio fue su tabla de sobrevivencia”.

Cecilia Magni, la comandante Tamara. Murió tras el ataque a Los Queñes junto a Raúl Pellegrin. De acuerdo con el Informe Rettig, fueron detenidos, torturados y ejecutados por agentes del Estado.

Nona Fernández esperaba encontrarse con un hombre áspero como su leyenda, pero se sorprendió, dice:

–Yo esperaba toparme con un milico. Pero conocí a un hombre de 64 años (hoy tiene 67), culto, reflexivo, con lecturas vastas y una visión aguda no solo de Chile, también del mundo. Me impresionó su trabajo espiritual: meditación, yoga. Una contradicción respecto al materialismo marxista, y él mismo se ríe de esa paradoja. Por supuesto, el frentista sigue ahí, pero nuestras conversaciones se movieron en otro plano.

La literatura fue uno de sus temas de conexión. En su lista de lecturas figuran Kafka y Salman Rushdie, Sandor Marai, JM Coetzee, Bolaño, Carrére, Murakami y Byung-Chul Han, entre otros. El epígrafe del libro es una cita de Ursula K. Le Guin, una de sus autoras favoritas: “Por eso me gustan las novelas: en lugar de héroes, contienen personas”.

En sus conversaciones aparecieron imágenes de infancia y combate: la imagen del mar desde la ventana de su casa en el cerro Esperanza; el rostro de unos niños ateridos de frío en una población anegada por un temporal; la tristeza de su padre escuchando las últimas palabras de Allende; el impresionante rescate de Salomón (Ferando Larenas) después de recibir un tiro en la cabeza de agentes de la CNI; la mañana limpia y fría del atentado en el cajón del Maipo, cuando le dijo a uno de sus compañeros: “Pese a todo, es un buen día para morir”. Y el desconsuelo que sintió cuando Rodrigo y Tamara fueron abatidos: “Nunca me he sentido más solo en mi vida”.

También vuelve sobre la decisión de seguir en armas después de 1990, autónomos del PC, y los dos casos que lo tienen en la cárcel. Y su paso por la guerrilla en Colombia.

Sin arrepentimientos

El 1 de abril de 1991, Nona Fernández estaba en clases en el Campus Oriente de la UC cuando le dispararon a Guzmán, entonces profesor de Derecho Constitucional. El mismo campus donde ella hoy hace clases.

–Entendí que este libro es también un ejercicio de memoria: con él, conmigo y con nuestra generación. Porque en el fondo también estoy escribiendo sobre mí, sobre los años que vivimos, sobre un pasado que sigue encerrado, sin un lugar claro en la historia. ¿Qué hacemos con la lucha armada? ¿Son héroes, villanos, personas comunes? ¿Dónde los ubicamos? En algún momento los aplaudimos, y hoy no sabemos qué hacer con ellos. El libro se hace esas preguntas.

¿El personaje la cautivó?

Por supuesto que me cautivó, porque rompió el prejuicio. Me encontré con una persona distinta a la idea que tenía formada. Vi la trastienda de una historia que es muy ruda, y no lo digo solo por el encierro, sino porque desde que deciden, con menos de 20 años, tomar las armas contra una dictadura, todo es rudo.

Es algo que yo jamás habría hecho; me reconozco muy cobarde para eso. Me encontré con una historia de entrega infinita, desde la camaradería, la hermandad, la convicción, la valentía y también desde el juego. Una historia de sacrificio: sacrificaron sus vidas completas. Con la llegada de la democracia todos nos perdimos un poco, y ellos, que estaban en la intensidad máxima, se perdieron en ese mismo nivel.

Nona Fernández agrega: “Siempre pienso en las guerras: los partisanos europeos son héroes, y acá quienes lucharon contra la dictadura con las armas fueron vistos como terroristas o criminales. Algunos siguen escondidos en distintas partes del mundo; otros, como Mauricio, encarcelados hasta hoy”.

RECONSTITUCION DE ESCENA DEL ATENTADO CONTRA AUGUSTO PINOCHET UGARTE - OPERACION SIGLO XX - FPMR - REGIMEN MILITAR - CUESTA LAS ACHUPALLAS - CAMINO AL CAJON DEL MAIPO - FRENTE PATRIOTICO MANUEL RODRIGUEZ. 07.09.1986 / FONDO HISTORICO - CDI COPESA CDI COPESA

“Pinochet perdió y eso fue una cachetada. No hubo fraude”, dice Mauricio. Pero ellos decidieron continuar en armas. ¿Por qué?

Ellos quedan como Frente Autónomo, porque entendían que la impunidad iba a seguir funcionando. Mauricio observa hoy que lo operativo los devoró: no tuvieron tiempo para mirar la realidad, para entender que el mundo iba hacia otro lugar y que había que detenerse a pensar cómo seguir. Esa inercia, ese “seguir haciendo lo mismo”, terminó siendo un problema.

¿Advierte algún tipo de arrepentimiento?

No. Yo creo que Mauricio no se arrepiente. Estaría muy perdido si lo hiciera, porque su vida entera estuvo dedicada a esto. Ha pasado décadas de encierro, resistiendo. Si se arrepiente, nada valió la pena. Él hace reflexiones sobre cosas que se pudieron hacer distinto, pero no hay arrepentimiento, porque las condiciones eran las que eran. Para él, la gran pregunta está en el presente: qué hay que hacer ahora, cómo pensar el futuro desde este momento. Y tiene claro que ese futuro no está ligado a la lucha armada.

¿Y respecto al caso Guzmán, él desliza que no estaba de acuerdo?

No es que no estuviera de acuerdo. Fueron momentos vertiginosos. Mauricio acusa la falta de reflexión: se podría haber pensado más, considerando que Guzmán era un senador elegido, en un contexto raro, pero elegido al fin. Para ellos era también responsable de la trampa constitucional en la que seguimos hasta hoy. Pero él dice que la decisión debió haber tenido más discusión. Él no fue autor intelectual ni ejecutor, pero estaba al tanto, como todos. Y es el único que sigue preso.

“La revolución no es inocente”, dice. ¿Cómo se plantea ante el secuestro y el asesinato?

Es un problema central del libro. Claro que pensé en eso. Uno en la conversación trata de seguir razones, de comprender. A ratos entiendes, a ratos no. Mi apuesta fue lanzar el problema al libro, dejarlo abierto, porque es nuestra historia. Es difícil de asumir hoy, en un momento donde los negacionismos están alzados, pero tenemos que mirarla, observarla e intentar sacar luces de futuro desde ahí.

¿Y cómo ve la deriva de la revolución?

En algún momento él lo entendió: la revolución socialista ya no iba a ocurrir. Lo único que podía hacer era defender ciertos puntos, como lo intentó en Colombia con el Ejército de Liberación Nacional. Para él, tenía coherencia sumarse a esa resistencia campesina contra terratenientes y paramilitares. Pero la revolución, dice, sale cara. A mí los secuestros me complican mucho, y conversamos de eso. Él defendía que era una apuesta por algo superior. Yo revisé los testimonios de la guerrilla y me pareció un infierno.

La orfandad

A sangre fría de Truman Capote, El adversario de Carrére, la obra de Cristina Rivera Garza, incluso las Conversaciones con la historia de Oriana Fallaci, fueron referentes que tuvo en cuenta en el proceso de trabajo.

A Truman Capote lo acusaron de enamorarse del asesino. ¿ Tuvo alguna precaución para conservar cierta distancia?

Uno trata de mantener un pie en el embrague, de cuidarse de no quedar completamente seducida. Pero también creo que el libro surge a partir de esa fascinación. No soy periodista, no soy documentalista ni historiadora. Soy escritora, y me dejo llevar por mi pasión. Todo lo que he escrito parte del deseo, no de un cálculo intelectual sobre lo que “es necesario”. Cada libro trae sus propias dificultades, y en este la gran tensión era esa: guardar cierta distancia, no ser vocera, pero tampoco anular el vínculo. Dejarme llevar, pero también hacerme preguntas que siento que son necesarias para el presente.

¿Podría leerse como un intento de blanquear al personaje?

No es un libro laudatorio, pero tampoco condenatorio. Lo que intento es un diálogo con la persona detrás del personaje. Sé que Ramiro puede ser amado u odiado, y lo que busco es comprender esos odios y esos amores. No escribí sobre un héroe ni sobre un villano. Creo que la historia la hacen personas comunes y corrientes, como tú o yo, que toman decisiones y se juegan por ellas. En ese sentido, Ramiro es un hombre como cualquiera, con sus amores desastrosos, con vínculos filiales intensos con sus compañeros, con una idea de sociedad que lo llevó a extremos incomprensibles.

Desde otro punto de vista, agrega, “también pertenece a una generación que quedó sola, huérfana, que nadie protegió, eran muy jóvenes. En ese momento éramos más chicos que ellos y uno los miraba como huevones más viejos, pero eran cabros chicos. Ahora que tengo hijos, yo ni cagando lo dejo hacer eso. En esos momentos difíciles les faltó alguien que les ayudara a mirar el mundo, les faltó esa guía. Y cuando las cabezas más reflexivas, como Raúl Pellegrin, desaparecieron, todo se volvió más operativo que político.

¿Para usted, qué lugar ocupa el FPMR en la historia?

El Frente aparece como una manera de defender a la ciudadanía y a una población que estaba siendo arrasada por la dictadura, y creo que fue tremendamente pertinente e importante. También su organización, que nace desde gente común y corriente con disposición a jugarse completamente por un objetivo colectivo. Hoy, con la atomización en la que estamos todos, es algo muy marciano. Hay una frase que él me dijo y que la encuentro muy bonita: todos los días amanece y todos los días hay que hacer el intento. Y lo dice él, en su celda. Y lo pienso para nosotros también, entendiendo que queremos espacio para una sociedad más justa, más cariñosa, más equitativa.

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