Por Ignacia CanalesPatronato: el barrio donde el boom coreano se abre paso entre las raíces árabes
La zona fue elegida el siglo pasado por inmigrantes palestinos para erigir negocios, principalmente textiles. Pero hoy, con el cambio de la industria, los locatarios coreanos se han ido expandiendo para cumplir con la demanda de aquellos visitantes que buscan acercarse a su cultura.

Son las cuatro de la tarde del último miércoles de julio y el movimiento no cesa en Patronato 323. Dentro del local, los percheros y repisas que antes almacenaban ropa y accesorios ahora están vacíos y los muebles van desapareciendo poco a poco. Una mudanza sigue su curso y la tienda dejará de ser lo que era.
Joseph Sabanegh, nacido en Palestina en 1955, llegó a Chile cuando apenas tenía un año de edad. Con miras a establecer una vida en el país, sus padres decidieron dedicarse a la confección de ropa. Con los años esa idea dio paso a algo mayor: abrir un local en un barrio donde muchos de sus compatriotas ya lo habían hecho.
A principios del siglo, Chile recibió una gran oleada de migración palestina y buena parte de ellos decidieron instalarse en la comuna de Recoleta. Así, para mediados de la década de 1940 varios comerciantes y dueños de pequeñas industrias textiles de ascendencia palestina y libanesa dieron origen al barrio Patronato.

Patricia Arancibia, doctora en Historia y escritora, señala en sus registros que “el primer local comercial fue de propiedad de la familia Chauriye, que se instaló en 1948, en el número 280 de la calle Patronato, atrayendo al público y a los pequeños comerciantes con sus productos tanto chilenos como importados”.
En medio de ese auge comercial, específicamente en 1984, la familia de Joseph Sabanegh inauguró su tienda, bautizada como Arabic, en alusión a sus raíces árabes y al origen de la mercadería que comercializaban. Negocio que luego él heredó y en cuyos pasillos también crecieron sus hijos.

Pero así como muchos de sus connacionales eligieron Patronato para asentar sus negocios, hoy son varios los que están optando por dejar el barrio, tal como ocurre con Sabanegh. Mientras desmonta su tienda, explica que las ventas ya no son lo mismo y que varios clientes lo dejaron de visitar, porque ya no necesitan cruzar Santiago para comprar ropa.
“La gente que vive en otras comunas, como Las Condes o Providencia, y que antes venía mucho a este barrio, ha dejado de hacerlo. Hoy, cerca de sus propios barrios, tienen malls y ferias, entonces el sistema ha ido cambiando”, cuenta. Con las ventas a la baja tomó una decisión estratégica: trasladar su negocio a Ñuñoa.
La transición
Pero Sabanegh también agrega que su negocio dejó de ser lo rentable que fue alguna vez, porque hoy los visitantes llegan con otros intereses: hace un par de décadas la mayoría de los locatarios eran árabes y hoy, en cambio, predominan los comerciantes coreanos, y quienes llegan hasta el sector lo hacen mayoritariamente atraídos por su gastronomía, productos y cultura.
Así, el comerciante de 72 años se extiende y cuenta que el público “va cambiando, porque va escuchando. La juventud va viendo las redes, se va informando y va viendo en la televisión estos cantantes nuevos de K-pop, y eso empieza a llamar la atención. Y si uno ve las películas coreanas, sale la comida, hablan de la comida y la gente viene en busca de probar eso”.

El auge de la industria coreana en Patronato es innegable. Quienes conocen el barrio relatan que antes, por ejemplo, en la calle Río de Janeiro no eran más que un par de negocios de diversa índole y varias casas. Hoy, en cambio, son cerca de 40 negocios, entre los que se ofrece la gastronomía tradicional del país oriental, supermercados, carnicerías e incluso una farmacia coreana que exporta cosméticos y medicamentos.
Reflejo de la expansión de la cultura surcoreana en el barrio es que ahora la calle que hacía alusión a la ciudad brasileña pasará a llamarse República de Corea.
Claudia Kim, propietaria del supermercado AriMarket, en Antonia López de Bello 326, ha sido testigo de esa evolución. Llegó junto a su familia en la década de los 80 e imitando la dinámica del barrio decidieron abrir un negocio de textiles, pero rápidamente se dieron cuenta de que la competencia era muy fuerte y eligieron probar con otra fórmula: un supermercado de mercadería coreana. Tan bien les fue que el emprendimiento familiar ya cumplió 30 años.
“Cuando nosotros llegamos el barrio estaba lleno de palestinos. Luego, como de repente, entraron los coreanos y empezaron a arrendarles a los palestinos. Y así el barrio empezó a mutar un poco. Antes era más toallas, telas, y ahora los coreanos son ropa, comida y accesorios”, cuenta Kim.
Si en algo coincide con Sabanegh es que la transformación del barrio en mucho responde a los nuevos intereses de los visitantes. De hecho, ilustra que en un principio quienes llegaban eran compatriotas en busca de productos coreanos que extrañaban; ahora cerca del 90% de la clientela que recorre el sector es chilena.

El aumento de esa demanda, especula Kim, responde a la creciente popularidad de la cultura coreana. “Hay más interés por los cantantes, el K-pop y la televisión coreana. Recuerdo que después de la pandemia todos los días nos enterábamos de que se hacía un supermercado nuevo, en la esquina, otro y así. Ahora, los sábados hay filas para comer en un restaurante coreano. Ahí es donde se ve que hay más público”.
De hecho, otros negocios que ofrecen productos que no son tradicionalmente coreanos no han tenido el mismo éxito, a pesar de estar insertos en el mismo barrio.
Fusión árabe-coreana
Lejos de desatarse una “guerra”, entre ambas comunidades ha florecido una relación de colaboración. Kim asevera que “no tenemos competencia, porque lo que hacen ellos es completamente diferente a lo nuestro. Y ellos se dieron cuenta de que lo suyo no era competencia con nosotros. Entonces prefirieron arrendarnos sus locales y generan ingresos con nosotros igual”.
Esteban Jadue, secretario de la Cámara de Comercio de Patronato, aporta un dato y confirma que muchos comerciantes palestinos decidieron dividir sus propiedades en dos o incluso hasta en tres locales. “Ellos se quedaron con uno y los otros fueron arrendados a estos mismos inmigrantes coreanos”, añade.

Entre risas, asegura que Patronato es el barrio de Chile donde más locales de comida coreana hay por metro cuadrado, pero que eso no quita que hayan desaparecido los otros. De hecho, relata que donde más se nota la presencia árabe del barrio también es en la gastronomía. De hecho, aún se pueden apreciar varios locales alineados uno al lado del otro que ofrecen la comida tradicional.
Y si de cambio de nombres de calles se trata, el legado de esta comunidad no solo se mantiene, sino que también va quedando plasmado en el espacio público: en 2024, la calle El Manzano fue rebautizada como Palestina.
“El barrio creció y hubo espacio para recibir a otros comerciantes, entre ellos la comunidad coreana”, dice Jadue. Hoy el barrio va, de poniente a oriente, desde Recoleta hasta Loreto, y de sur a norte, desde Bellavista hasta Domínica. “Son varios miles de metros cuadrados que hoy se ocupan comercialmente”, agrega.
En los próximos días se concretará el cambio de nombre de la calle Río de Janeiro por República de Corea, pero antes, en 2022, en colaboración entre la municipalidad y la embajada de Corea ya se había modificado el nombre de la calle Asunción por Seúl. El alcalde de la comuna, Fares Jadue, relata que la colaboración de ambas comunidades fue determinante para esta decisión.
En tal sentido, el jefe comunal cuenta que la colectividad coreana contó con el respaldo de la comunidad palestina para concretar el cambio de nombre. Según explica, tanto la Cámara de Comercio de Patronato como la Corporación de Desarrollo de Patronato -integrada por propietarios del barrio- se pronunciaron favorablemente durante las instancias de participación organizadas para el proceso.
“Aquí hay comunidades que entienden que la colaboración es parte del desarrollo. La comunidad coreana, que lleva muchos años en Chile y que, en particular, encontró en Patronato un espacio que le permitió surgir, consolidar su migración y convertirse en un grupo de empresarios importantes, también ha ido generando otras contribuciones de carácter cultural, gastronómico y en el desarrollo de modelos de negocio para el barrio de manera más integral”, cierra.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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