Por Roberto GálvezSergio Lavandero: “Se ha invertido mucho en educación durante más de dos décadas, pero lo hemos hecho mal”
El doctor en Bioquímica se postula por segunda vez como candidato a rector de la Universidad de Chile, con una mirada crítica de la inversión que hace el país en ciencia y tecnología, así como del sistema en general: "Los datos muestran que a la educación pública deberíamos tenerla en la UTI", asegura.
Sergio Lavandero (67) es uno de los cuatro candidatos que aspiran a la rectoría de la Universidad de Chile para el período 2026-2030 y el único que ya se ha presentado a otros comicios, cuando quedó fuera del balotaje que en 2022 llevó a Rosa Devés a la rectoría.
“¿Si no creyera que ahora tengo opciones, para qué lo haría? Siento que puedo aportar", dice el químico farmacéutico y doctor en Bioquímica, mirando de reojo la cuota de incertidumbre que -por primera vez- para esta elección entrega el voto electrónico, lo que debería ampliar de manera importante la participación del padrón electoral.
¿Por qué decide postular nuevamente?
No nace necesariamente de la racionalidad, la justifico porque me siento en deuda: soy un hijo de la educación pública -Instituto Nacional y Universidad de Chile- y estamos en una etapa del mundo, de Chile y de nuestra sociedad, crítica. La clase política está enfrascada a veces en problemas menores y no visualizando. Y también me preocupa la educación, no estamos anticipando el futuro.
¿Desde la rectoría se puede hacer algo al respecto, dice?
No basta administrar la universidad, es conducirla. Uno puede dar señales primero a la clase política, preocupémonos de los problemas, pero proyectemos el mañana y solucionemos el futuro. Por eso, otra de las ideas es crear el Observatorio del Futuro. Lo otro es que veo un tremendo avance científico-tecnológico. Estamos embelesados con la inteligencia artificial, pero es una de las muchas tecnologías que van a revolucionar todo lo que hacemos. Uno dice: ¿cómo vamos a preparar a estas generaciones en que todo va a cambiar muy rápido? Es preocuparte de estos grandes problemas y la universidad está llamada a anticiparlos, darles solución. Y para eso tenemos que mejorar nuestra gestión interna.
¿La Universidad de Chile está añeja en ese sentido?
Puedo ver el vaso medio lleno por la gente que tenemos, las capacidades científicas, ciertas cifras, el reconocimiento internacional, cosas objetivas. Pero también tenemos que ver el vaso medio vacío. Por ejemplo, no podemos pensar solamente en la tecnología, sino en las profundas consecuencias de lo que estamos viviendo. En general en Chile hemos perdido un poco el dinamismo que exhibíamos tiempo atrás; las universidades nos hemos estancado. No hemos sabido, por ejemplo, potenciar el capital humano.
¿Cuánto debe incidir la U. de Chile en todo esto que plantea?
La Universidad de Chile puede marcar pautas. Es la universidad pública más relevante. Tenemos que tener incidencia en el buen sentido de la palabra. En Chile en general nos dedicamos a un deporte, que es el diagnóstico y el reclamo, y siento que deberíamos ser más bien proclives a la acción y solucionar. Y eso también va a ser un eje de mi rectoría, hacer algo diferente a lo que hemos hecho. Mi candidatura es profundamente académica, no soy representante de la izquierda, ni de la derecha ni del centro.
¿Milita en algún partido?
Ninguno.
Pero tendrá alguna tendencia.
He votado siempre, pero no es relevante al caso, porque si salgo rector voy a serlo de todos. La Universidad de Chile no es una trinchera política, es hacer lo que el mandato nos dio cuando se constituyó: todas las verdades se tocan. Y que no tengamos funa, que tengamos respeto por la tolerancia, porque los problemas que vemos de convivencia social, de tolerancia, es un reflejo de lo que ocurre dentro de la universidad y en Chile.
A propósito de educación pública, ¿cuál es su diagnóstico?
Los datos muestran que a la educación pública deberíamos tenerla en la UTI. Los estudiantes chilenos, comparativamente con la OCDE, son los que tienen más baja destreza y capacidades. Pero lo más sorprendente son también los profesores: en capacidades y preparación son los más bajos junto con Turquía. Se ha invertido mucho en educación durante más de dos décadas, pero lo hemos hecho mal. Se ha invertido mucho en educación terciaria descuidando los primeros años de vida. La preparación de los estudiantes que entran a la universidad cada vez la noto más débil, y por eso creo que la Universidad de Chile puede dar una pauta. La mayor parte de las facultades de Educación no lo están haciendo bien a la luz de los resultados, por eso uno de mis ejes es crear una facultad de Educación con los más altos estándares. La otra variable importante es la inversión en ciencia y tecnología, donde la clase política no ha estado a la altura. Hemos tenido gobiernos de todos los colores políticos con promesas incumplidas, y si no entendemos eso no hay futuro para Chile. La educación, la ciencia y la tecnología no pueden ser resortes de las ideas del gobierno de turno. Veo que los ministerios de Ciencia no han cumplido su función. En el gobierno pasado tuvimos cuatro ministros con distintas visiones, nos prometieron el 1% y no pasó nada. Y en el actual gobierno nos han dicho que no va a cambiar la inversión de la que estamos. Necesitamos remecer a la clase política de que hay problemas que requieren una mirada de Estado, no una cortoplacista.
¿Cómo evalúa la gestión de Devés?
Siempre agradezco a los rectores, porque esta es una empresa sumamente compleja, en eso soy muy institucional. Prefiero que la historia los juzgue; cada uno tiene sus fortalezas y defectos. Lo veo como una posta 4x100, a cada uno le ha tocado un periodo.
Pero podrá decir si la universidad dio un paso adelante, atrás o se mantuvo en esa carrera.
Siempre pienso que estamos dando un paso adelante.
¿Cuál es su visión de las tomas?
Este no es solamente un problema en la U. de Chile, es un reflejo del país. Hay algo que está pasando. Yo me relaciono con estudiantes y primero observo que en general hay una apatía por participar. Tenemos un problema de educación cívica, esto parte en los colegios, en la educación temprana, en las familias. Tenemos que comenzar tempranamente a transmitir ciertos valores. Pero también tenemos que anticipar problemas. Muchas veces todas estas protestas surgen porque tenemos autoridades insensibles a los problemas de los estudiantes, que son reales. Pero tampoco podemos escondernos en la justificación. Lo primero que quiero promover es la participación de los estudiantes. Hoy tenemos una FECh que no alcanza los quórums, tenemos que apoyar a la organización.
¿Por qué ocurre esa apatía?
Pienso que no los interpretan los dirigentes, me lo han dicho los estudiantes: “parece que no están preocupados de mis problemas”. Y aunque hay centros de alumnos muy bien organizados, también hay grupos anárquicos que no respetan la institucionalidad. Para eso tenemos que tener reglas claras de convivencia, tomar ciertos acuerdos de convivencia y respetarlos. Y cuando se cruzan límites tenemos que dar señales, tomar medidas, pero ojalá primero convencer. A mí me gusta que me convenzan y no que me impongan, es la esencia de la universidad. Cuando hay grupos que no entienden esto, se cruzan esos límites. La Casa Central es patrimonio de Chile, no puede ser que se raye, que cualquier grupo sienta que tiene el privilegio o se atribuye la representatividad. Esto ocurre desde los colegios, vemos los overoles blancos, no debemos extrañarnos que cuando llegan a la universidad llegan con el pregrado hecho en estas cosas.
¿En la agresión a la ministra Lincolao se transgredieron esos límites?
Eso no puede ser, pero son límites que vienen hace tiempo transgrediéndose. A la ministra Jiménez le tiraron un jarro de agua, a Camila Vallejo le tiraron café. No es que lo estemos descubriendo ahora, lo que significa es que no hemos sido capaces de estudiar por qué se produce y proponer soluciones.
¿Qué opina de la reducción de becas anunciada por la ministra?
Primero, el pobre presupuesto que tenemos (0,39% histórico) cada vez que se toca, no es una buena noticia, objetivamente. Uno esperaría que fuera subiendo. Si queremos que haya crecimiento económico no es solamente la permisología. Pero también tenemos que ser honestos: no hemos hecho bien las cosas. Pensábamos que Becas Chile era llegar y mandar una persona afuera. En las becas de magíster creo que no es bueno que sigamos invirtiendo en el extranjero, porque las universidades chilenas han progresado mucho en esa área, pero para posdoctorados es muy importante seguir, ahí discrepo del gobierno. Pero seguir con un plan: en qué área estratégica vamos a mandar. Lo que espero también es saber bien los detalles, solo hemos sabido titulares. Espero que esta sea una medida transitoria.
Otro de esos “titulares” del gobierno es limitar la gratuidad -30 años y a condenados por delitos- y frenar su expansión.
Efectivamente, Chile está gastando mucho en gratuidad y la pregunta es cómo lo sustentamos en el futuro. Si no hay crecimiento económico, cómo vamos a hacerlo. Es un tema que debemos discutir basado en evidencia. Pero también conozco realidades de mujeres que han tenido que postergar sus estudios por la maternidad y pueden exceder los 30 años. Hay que discutirlo bien, no lo podemos tomar livianamente. Y lo de los delitos, no conozco en detalle el proyecto, pero hay que analizarlo y estudiarlo porque también uno tiene que dar señales.
Con un FES que no prosperó, ¿qué hacer con el CAE y el costo que implica para el Fisco?
Saquemos de la contingencia la visión de corto plazo. ¿Cómo lo vamos a sustentar en el futuro? Esto no es a puro impuesto. Si Chile no crece, no hay posibilidad, imagínate.
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