Histórico

Para grandes y chicos: las mejores novedades en libros ilustrados

El género dejó de ser un nicho sólo infantil y pasó a tocar temas para lectores adultos.

Hace 15 años, las ilustraciones en los libros eran consideradas cosa de niños. Se pensaba que el dibujo era sólo un complemento del texto y que cumplía más bien una función pedagógica. De a poco la ilustración cobró fuerza, lo que en nuestro país significó una vuelta de tuerca para autores y editores. ¿Cómo refrescar el género y atraer a más lectores? En la última edición de la Feria del Libro de Santiago hubo muestras contundentes de madurez: hoy los ilustradores ya no apuestan sólo por el nicho infantil sino también por el adulto.

Paloma Valdivia, quien fuera una de las estandartes de la nueva generación de ilustradores en el año 2000 junto al colectivo Siete Rayas, presenta ahora su primera novela gráfica, Sin palabras, diario de un embarazo (Hueders), que narra el nacimiento de su primer hijo. "Este es mi estreno como narradora para el público adulto. Es un ejercicio narrativo que cuenta de manera original algo tan cotidiano como el embarazo y lo desmitifica", dice Valdivia. Otro que sigue sus pasos es su compañero en Siete Rayas, Alberto Montt, quien hizo un alto en su serie de viñetas Dosis diarias para debutar también en la novela gráfica. En la Filsa presentó Achiote: una autobiografía en 13 anécdotas ilustradas. "Hablo de mi primer amor, la primera muerte cercana, mis miedos; son temas muy universales pero que arrancan de mi vida", cuenta el ilustrador, quien autogestionó su primera edición con una preventa por internet y ya va en la segunda.

Otra estrategia para llegar al público adulto han sido los rescates de libros antiguos en nuevas versiones ilustradas. Es el caso de Amanuta, que ha sumado a sus obras para niños títulos como El canto errante, con poemas de Rubén Darío ilustrados por Eleonora Arroyo, o editorial Pehuén, que hace poco presentó Algunas preguntas de Pablo Neruda (selección del Libro de las preguntas) con dibujos de Fito Holloway.

Una ilustradora local que hace tiempo se dedica a refrescar visualmente textos antiguos es Alejandra Acosta, quien lanza con la editorial española Sexto Piso La cámara sangrienta. El libro, distribuido en Chile por Liberalia, recoge los relatos basados en cuentos infantiles clásicos, como Caperucita Roja o Barba Azul, que hizo la escritora Angela Carter en 1979 y que ahora son reeditados e ilustrados por la chilena. "Son cuentos muy eróticos y feministas, donde la mujer ya no es víctima sino que está empoderada. Ilustrando para el público adulto es como más me entretengo", dice Acosta, quien también lanzó hace poco Bonsai (Pehuén), otro rescate de la escritora mexicana Guadalupe Nettel.

Independiente de la edad, los libros ilustrados han incorporado nuevas problemáticas como la ecología o la diversidad. Es el caso de la joven editorial Planeta Sostenible que en diciembre lanzará El niño mosco, libro para lectores entre 6 y 10 años ilustrado por Nicolás Candia, que habla sobre el consumo sostenible. También está Saba, versión ilustrada del cuento de Tagore, sobre una niña muda. "Nos interesa educar en torno a estos temas que nos afectan hoy, y en cómo transmitirlos de buena forma a los niños. Se notó en la Filsa el interés que hay por temas como la ecología o la discapacidad", señala el director del sello, Francisco Bascuñán. En una línea más patrimonial está Cuento de Canto, que se presenta este sábado en galería Plop! Con textos y dibujos de Mariel Sanhueza y Virginia Herrera, el libro rescata las historias de Lorenzo Aillapan, el Hombre Pájaro mapuche, quien interpreta el canto de las aves; o el volumen Lo que todos nombran, pero nadie ha visto (Ocho Libros) que recoge refranes y dichos populares chilenos ilustrados por Marcelo Escobar.

En este panorama, los más pequeños tampoco quedan de lado. Entre las novedades que siguen el género más tradicional está Hermanos, de Claudio y Pati Aguilera, libro de la colección Guagua de Quilombo que habla sobre la fuerza de la hermandad. También en diciembre lanzarán Estoy llegando, que narra en primera persona la experiencia de un niño desde que está en el útero hasta que nace. A su vez,  la apuesta de Pehuén en esta edad es Mamíferos prehistóricos de Chile, del arqueólogo Rafael Labarca y con la mirada más lúdica de los dibujos de Maya Hanish.

En tanto, para niños más grandes está La vida sin Santi, nuevo trabajo de Francisco Javier Olea, con textos de Andrea Maturana, que narra la historia de un par de amigos que deben separarse porque uno se va a vivir lejos y luego de mucho tiempo vuelven a reencontrarse.

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