Columna de Carlos Ominami: La pandemia neoliberal



Es el título muy bien escogido del último libro de Ricardo Ffrench-Davis (Ed. Taurus). Lectura obligada para todos los que quieran tener una visión menos prejuiciada de la evolución de la economía chilena en los últimos 50 años.

El neoliberalismo, bajo apariencia de conocimiento científico, de verdad revelada, de pensamiento único asumido acríticamente en universidades y medios especializados tuvo, como lo demuestra Ffrench-Davis, resultados menos que mediocres. En efecto, la tasa de crecimiento para los largos 17 años de dictadura no supera en promedio anual el 3%, el que se compara muy desfavorablemente con los primeros 17 años de transición democrática que alcanzan un promedio anual cercano al doble (5,6%).

El neoliberalismo fue una pandemia que causó estragos porque en su fundamentalismo de mercado y su prédica sistemática en contra del Estado impidió que Chile se dotara de una estrategia de desarrollo que hiciera posible una transformación progresiva de la matriz productiva. Así, no obstante los esfuerzos para avanzar en los inicios de la transición hacia “una segunda fase en nuestro desarrollo exportador”, lo cierto es que a pesar de algunos avances importantes como el de la industria vitivinícola o la salmonera nuestra estructura de exportación continúa concentrada en “piedras, palos y frutas” como un tanto despectivamente la caracterizó el ex economista jefe del BID Ricardo Haussman.

Las propuestas de Ffrench-Davis son extraordinariamente pertinentes a la realidad actual. Es un hecho que desde finales de los 90 la economía chilena viene perdiendo dinamismo (7,1% anual en los 90, contra 1,9% en 2014-2019) y que la productividad se ha estancado.

Es preciso poner la transformación de la matriz productiva en el centro del debate económico, hoy día concentrado en la coyuntura de muy corto plazo y la reforma tributaria. Como propone Ffrench-Davis, hay que avanzar en: el financiamiento con capital de riesgo y crédito de largo plazo a favor de las Pymes; un plan nacional de capacitación; un programa de infraestructura de banda ancha que facilite la digitalización de las empresas; la incorporación de nuevos rubros exportables y el desarrollo de una estrategia de clusters en torno a las exportaciones principales; en fin, la creación de una banca de desarrollo que amplíe sustancialmente la escala y la cobertura de las acciones que actualmente ejecutan Corfo y Banestado. La cuestión compleja y delicada de orientar una parte de los fondos previsionales a la sustentación del esfuerzo de desarrollo debe ser abordada con el rigor que merece.

Todo lo anterior pasa por afirmar una voluntad de desarrollo que abra un espacio efectivo a una mirada de más largo plazo, permita una concertación fina de los diversos actores y la generación de una institucionalidad pública para el desarrollo dotada de tantas capacidades como tiene Hacienda para garantizar disciplina fiscal o el Banco Central para controlar la inflación.

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