Columna de Jorge Burgos: ¿Hacia dónde irá el gobierno?



Así les moleste a los exégetas principales de la ruta o carta de navegación original de la coalición de gobierno -la plasmada en el programa y en la fracasada propuesta constitucional-, digamos que al menos está en discusión al interior de las instancias gubernamentales y los ciudadanos en nuestro derecho estamos a la hora de plantear dudas.

Visto todo lo ocurrido desde marzo, cuando Boric asumió la Presidencia, es imposible no preguntar qué representa realmente su gobierno, qué noción tiene del interés nacional y hacia dónde quiere ir. Muchos con razón valoran ciertos discursos del Mandatario en los que se esfuerza por mostrar moderación. Un ejemplo de ello fueron sus palabras en el acto de inauguración del monumento del Presidente Aylwin, en el que hasta explicó su comprensión actual del lema “en la medida de lo posible”. Puede ser genuino su deseo de actuar con mayor realismo, y es posible que en este período haya aprendido ciertas cosas básicas sobre el funcionamiento del Estado, y que ello haya contribuido a su desarrollo personal. Qué duda cabe lo complejo que resulta ser La Moneda el lugar para aprender a conducir el Estado. La envergadura de las tareas de hoy es demasiado grande, y las malas decisiones causan estragos.

Lo prioritario es evitar que el gobierno, por ideologismo, impericia o deseo de “hacer historia”, genere las condiciones de una crisis mayor. En tal sentido, hay que valorar la presencia de Carolina Tohá, Mario Marcel, Ana Lya Uriarte y Manuel Monsalve en el círculo de las decisiones importantes. De ellos se espera, sobre todo, una posición de mayor equilibrio. Sin embargo, el gobierno es una asociación precaria de fuerzas que no tienen necesariamente un horizonte compartido. El Frente Amplio es una fuerza testimonial, con escasa visión de Estado. El PC vela principalmente por su cuota de poder. No son todo lo claras que se esperaría las prioridades del PS y el PPD. Y tampoco hay certezas ni se sabe cómo actuará el propio Mandatario en medio de las presiones cruzadas.

La cuestión de la estabilidad y la gobernabilidad será crucial para que el país no sufra mayores sinsabores en el 2023, particularmente considerando que la recesión económica está a la puerta, y eso plantea un escenario de gran complejidad al gobierno, puesto que no existen las posibilidades financieras de llevar adelante una política contracíclica, como se hizo frente a la crisis de 2008/9, cuando las reservas acumuladas por el Estado permitieron elevar el gasto público para amortiguar el impacto social de la recesión y apoyar la recuperación de la actividad económica. Hoy, esas reservas son solo un recuerdo. El país lleva prácticamente una década sin crecer y, por si fuera poco, perdió el rumbo que lo hizo crecer.

Por Jorge Burgos, abogado

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