Columna de María José Naudon: La arremetida del Presidente



Por María José Naudon, abogada

El Presidente Gabriel Boric arremetió con fuerza contra la iniciativa presentada por los senadores Rincón, Walker y Araya. El proyecto busca rebajar a 4/7 el quórum que requiere la actual Constitución para ser reformada.

El asunto merece algunas consideraciones:

1. Fue el Presidente quien, personalmente, salió al atajo de la propuesta y lo hizo en medio de una gira internacional que quedó, al menos puertas adentro, opacada o empañada por la contingencia nacional. ¿Por qué lo hizo? Podríamos sostener que cayó en la tentación de abordar lo inminente, pero la contundencia de su respuesta hace pensar en una intención decidida de contener un mecanismo que, en principio, favorece la opción del Rechazo.

2. El proyecto cuenta con el patrocinio de dos senadores DC y uno independente. Está por verse cómo decanta el silencio en algunos miembros del PS y el PPD. La iniciativa venía gestándose desde que el presidente de la UDI lanzara la idea como garantía del compromiso de la derecha. Visto de esta manera, la propuesta mueve las fichas, pues debilita la asociación rechazo-statu quo, da cuenta de otras sintonías más allá de los ejes izquierda/derecha y niega que el plebiscito opere, necesariamente, como el punto final del proceso.

3. Efectivamente, como sostuvo Boric, el 4 de septiembre la ciudadanía tendrá que elegir entre aprobar o rechazar un texto. Sin embargo, el mismo gobierno ha puesto énfasis en la relevancia del proceso y en el carácter democrático de la eventual nueva Constitución. Bajar los quórums permite pensar en una Constitución que, vía reformas o a partir de la construcción de las mayorías necesarias para continuar el proceso constituyente, pueda ser igualmente democrática e incorpore el estado social y democrático de derechos.

4. El Presidente afirmó que es difícil de creer que quienes han estado en el lado contrario de los cambios vayan ahora a propiciarlos. Su declaración da cuenta de un doble estándar que se ha hecho costumbre. Cuando es el gobierno, o su sector, quien cambia de opinión no solo es bienvenido, sino valorado como un acto de humildad y un ejemplo de la “otra política”. Hemos advertido giros en su discurso político y lo hemos visto abrazar banderas de las que había renegado. Sin embargo, cuando los cambios ocurren en la vereda del frente la actitud es la ironía y la sospecha.

5. La respuesta del Presidente vuelve a traer a la palestra la superioridad moral que, una vez más, distingue entre los buenos y los malos. Una dicotomía que no acepta matices, e impide poner en cuestión la calidad del borrador. La cosa es simple, estás conmigo o contra mí. El problema se asienta, más bien, en la riesgosa estrategia de vincular el resultado del plebiscito al éxito del gobierno y de negar, en la práctica, la posibilidad del rechazo. La reforma de los quórums no es, propiamente, una tercera vía y no altera las reglas del juego. Es más bien un camino paralelo que posibilita la agenda de transformaciones profundas desligándola de la aprobación o rechazo del borrador constitucional. Adicionalmente, y en caso de ganar el rechazo, permite abordarlo facilitando la continuidad del proceso constituyente.

Tanta efervescencia en el gobierno solo se entiende porque jugaron a caballo ganador y la realidad ha puesto en duda la jugada.

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