Columna de Paula Walker: Descontrol



Así se llama una de las canciones más conocidas de Daddy Yankee. El puertorriqueño, uno de los reyes del reggaetón, canta en descontrol: “alerta, alerta… Pa’ que llame a las fuerza ‘e choque yo (boom)… Alerta, alerta”. A pesar de lo evidente que eran los problemas de seguridad que podía tener el concierto, ni la productora ni las autoridades de gobierno ni las autoridades territoriales electas estuvieron a la altura de las circunstancias.

Como ahora está de moda gobernar por redes sociales, una autoridad que tiene la responsabilidad del orden público hace un video en Tik-Tok donde mientras baila señala que para el concierto “habrá 250 carabineros”, luego que las “instalaciones eléctricas están en orden”, también que hubo un “esfuerzo en el servicio de transporte de buses” y “coordinación con policías, municipios y productora”. En otro Tik-Tok, vemos a un hombre que corre mientras se graba contando que entró al concierto gratis. La productora miró para el lado, cobró mucho por las entradas, ni un cariñito a las decenas de miles de personas que la hacen ganar plata y no les ponen ni baños. Ni un pudor por saltarse las reglas, al contrario, es visto como una choreza.

Nos hemos acostumbrado a imponer que lo más importante es conseguir lo que yo quiero, a toda costa. Que no hay límites a mis deseos, aunque para eso tenga que usar la violencia, saltarme las reglas, mentir, empujar, robar. Hay una velocidad y una inmediatez que no estoy dispuesto a ceder, o las cosas son rápidas o no son. Y cuando las consigo, obviamente las publico en mis redes sociales como un trofeo. Que todo el mundo se entere de mis logros.

En la política, también hay descontrol. Un abandono de las formas, un desprecio por los contenidos, un discurso de colaboración que no se cumple. Partidos de derecha que juraban una y otra vez que habían enterrado la Constitución de Pinochet, que era letra muerta, que si las personas votaban Rechazo ellos harían una nueva Constitución. Ahora estamos bailando a su ritmo, esperando que cumplan la palabra, mientras sus propios partidarios los acosan en la calle llamándoles traidores. Los partidos de la coalición oficialista no están disponibles a sacrificar ni un milímetro lo que ellos creen que es bueno para el país, y cada vez que pueden le asestan un golpe al Presidente al votar en contra de los estados de excepción, o declararse en rebeldía por un tratado internacional que no les gusta, aunque sean los ministros de Hacienda e Interior promotores entusiastas por los beneficios en comercio exterior que significa.

El gobierno se debate entre lo que creían que sería gobernar y lo que realmente significa estar a cargo de la marcha del país. Tras los resultados del plebiscito de salida del proceso constituyente, vimos un gobierno silente, un Presidente con pocas actividades públicas, como si se hubieran quedado sin partitura y ahora tocaba improvisar. La colaboración, coordinación, diversidad en los equipos, la ausencia de soberbia, las estrategias y los diseños son piezas fundamentales para enfrentar el descontrol.

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