¿Cómo seguir en pensiones?

La rentabilidad promedio de los fondos, entre 1981 y 2019, fue del 8,1% anual, lo que implica que un peso aportado en 1981 había multiplicado su valor 21 veces en 2019.



La discusión sobre pensiones se ha alargado en perjuicio de los trabajadores chilenos y sus familias. El Estado, el mundo político y las instituciones previsionales mantienen la deuda de concordar un sistema que responda a las necesidades del presente y del futuro. Más aún, se han tomado medidas que debilitan el sistema actual, sin explicitar su aporte a una solución viable y beneficiosa para los pensionados de hoy y del futuro. La crítica al sistema de capitalización individual se confunde con la pérdida reputacional de las AFP. Sin embargo, el primero sigue siendo valorado por la gran mayoría de la ciudadanía, y el 51% de las personas prefiere que el aumento en sus aportes vaya en su totalidad a cuentas individuales , y el 34% prefiere que el mayor aporte se distribuya entre su cuenta individual y el aporte solidario. Así, los chilenos valoran su posibilidad de ahorrar para la vejez y quieren resguardar su derecho a beneficiarse de su propio esfuerzo. También quieren que sus fondos sean bien administrados, pero las AFP no han logrado capitalizar los logros financieros para construir confianza.

El apego al ahorro individual está justificado por las cifras. La rentabilidad promedio de los fondos, entre 1981 y 2019, fue del 8,1% anual, lo que implica que un peso aportado en 1981 había multiplicado su valor 21 veces en 2019. Esto permite afirmar que las AFP han sido eficientes en su trabajo de administración de fondos.

¿Por qué si han cumplido su principal tarea no son valoradas? La falla ha estado en la falta de comunicación y transparencia de las AFP, y de las instituciones del Estado con los afiliados. Para estos, sus fondos eran una garantía de obtener una jubilación cercana a sus salarios a la edad de jubilación, sin información apropiada de las condiciones necesarias para que los beneficios fueran los esperados. Estas solo se explicaron cuando al momento de jubilación de un número importante de afiliados hubo que explicar pensiones muy por debajo de las expectativas.

La pregunta es cómo seguir. Quienes están dispuestos a discutir con realismo las condiciones para construir un sistema realmente capaz de garantizar pensiones adecuadas concuerdan en que se requiere extender los años de ahorro, la edad de jubilación y los aportes. La resistencia a cambiar la edad de jubilación es compleja y no es exclusiva de Chile. Quienes argumentan en contra, defienden la actual edad como un derecho adquirido inmutable, en lugar de adaptable a la realidad demográfica y económica del país. Sin embargo, en la práctica una proporción importante de chilenos elige continuar trabajando después de la edad de jubilación legal. Saben que tienen la necesidad, la capacidad y el deseo de seguir trabajando. Esto indica que la ciudadanía, en principio, podría estar dispuesta a escuchar propuestas realistas si sus beneficios son explicados claramente.

En contraposición, otros grupos políticos continúan apegados a principios altamente divergentes con las posturas anteriores y plantean volver parcial o totalmente a un sistema de reparto, extender la socialización de los ahorros y propender a una mayor uniformidad en las pensiones. Entre ambas posturas existe una variedad de posiciones intermedias.

En un mundo ideal, los legisladores deberían justificar sus propuestas con evidencia de la viabilidad de las mismas y mostrar transparentemente cuál es la promesa que hacen a los ciudadanos. En un tema vital no bastan los discursos sobre principios y conceptos generales. Esta transparencia ha estado lejos de la discusión pública.

Por otra parte, eliminar la insuficiencia previsional requiere que los salarios aumenten y que se reduzca la informalidad laboral. Hasta 2005 los salarios reales aumentaron sistemáticamente a una tasa anual promedio del 2,5%, pero a partir de 2010 el aumento promedio ha sido del 1,1%. Hoy, con una tasa de participación laboral disminuida y el aumento de la informalidad, resultará más difícil aumentar los ingresos del trabajo y los aportes previsionales que hace un año. En medio de los cambios en la economía ante la Cuarta Revolución Industrial, la recuperación y aumento de los ingresos del trabajo requerirán una estrategia no solo decidida, sino altamente innovativa en al menos dos áreas críticas: la inversión (pública y privada) en la capacitación y reconversión técnica y profesional, y el aumento de la productividad, que exige retomar la actividad económica con una mirada dirigida a las transformaciones en la forma de vida y las posibilidades que brinda la tecnología. Ninguno de estos aspectos son novedosos en círculos académicos y especializados. Pero están muy ausentes en la discusión política y de políticas públicas, en parte debido a las urgencias de la contingencia. Chile se ha caracterizado en tomar acción con retraso respecto a asuntos de alta relevancia pública, y en varios ámbitos ya estamos atrasados en la estrategia de adaptación al cambio tecnológico.

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