Por Benjamín SalasEl canciller

En mis columnas he intentado (a veces infructuosamente) mantener una aproximación relativamente independiente al analizar política exterior. Eso no significa neutralidad ni ausencia de convicciones políticas, pero sí evitar que la evaluación dependa mecánicamente de quién gobierna. Cuando estimé injustas las críticas al entonces canciller Alberto van Klaveren, lo dije, aun estando en la oposición. Y por la misma razón, creo importante reconocer el buen debut de Francisco Pérez Mackenna al frente de la Cancillería.
Su inicio ha sido sólido. Ha mostrado rapidez en la instalación, claridad estratégica y una aproximación pragmática a la política exterior. Su experiencia previa parece haber facilitado su adaptación a un cargo que exige capacidad técnica y manejo político.
Una de las decisiones más interesantes fue escoger la Antártica como escenario de su debut. En una política exterior frecuentemente absorbida por las dinámicas del hemisferio norte, instalar la proyección austral como prioridad estratégica constituye una señal relevante. Es una expresión de nuestros derechos soberanos y, a la vez, un espacio donde converge la cooperación internacional en ciencia, tecnología y protección ambiental.
También ha logrado mantener equilibrios diplomáticos en un contexto internacional cada vez más polarizado. Durante sus primeras semanas, el canciller se reunió el mismo día con los embajadores de Israel y Palestina, y luego hizo lo mismo con los representantes de China y Estados Unidos. Más adelante sostuvo encuentros con representantes de las comunidades judía y palestina en Chile. Son señales básicas, pero que el gobierno anterior había abandonado. La construcción de confianzas con todos nuestros socios vuelve a ocupar un lugar central.
En las relaciones vecinales, históricamente sensibles, el canciller ha hecho tres cosas importantes: (1) privilegiar el pragmatismo por sobre la ideología; (2) poner el foco en materias sectoriales fundamentales, como la seguridad, sin pretender abarcarlo todo; y (3) buscar una agenda positiva y no solamente de resolución de conflictos.
Esto último es esencial, y en mi opinión, el punto fuerte del canciller. Hay una renovada proactividad en Teatinos 180, que pasó de la contención o administración de crisis, a la búsqueda activa de oportunidades. En esa lógica se inserta la visita del canciller y la ministra de Ciencia a Estados Unidos bajo el lema “Choose Chile”, orientada a posicionar al país como un hub de innovación. Algo similar ocurre con la India, donde estuvo esta semana.
La promesa de convertir la Cancillería en un motor económico del país es ambiciosa, pero sin duda acertada. Por supuesto ello no puede desplazar la defensa de nuestros valores, como el respeto al derecho internacional, lo que, por ahora, no ha ocurrido.
Post scriptum: la columna no constituye un respaldo a todas las decisiones de política exterior del gobierno, muchas de las cuales además exceden el margen de acción de Teatinos 180. Es un análisis de la gestión del canciller, cuyo desempeño, creo yo, ha sido exitoso.
Por Benjamín Salas, abogado y colaborador asociado de Horizontal
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