El último bastión

El presidente del Banco Central, Mario Marcel.




Por Hernán Cheyre, Centro de Investigación Empresa y Sociedad U. del Desarrollo

La publicación del célebre libro de Acemoglu y Robinson “¿Por qué fracasan las naciones?”, hace ya casi diez años, contribuyó a incorporar con mayor fuerza una nueva arista en los análisis para explicar las causas del éxito económico de los países: la importancia de la calidad de las instituciones. Y esto no se refiere únicamente al grado de eficiencia con que operan los distintos organismos públicos y privados, sino que a las reglas del juego que imperan en la sociedad, sea a través de leyes o reglamentos, como también por las normas tácitas de comportamiento que son comúnmente aceptadas. Chile es un buen ejemplo en este sentido, ya que buena parte del éxito económico alcanzado durante las últimas décadas -sí, los 30 años- se explica por la existencia de buenas instituciones: funcionamiento del mercado como mecanismo fundamental para asignar los recursos; apertura de la economía; responsabilidad fiscal; organismos reguladores crecientemente autónomos; vigencia de un estado de derecho; etc.

En el marco institucional chileno, especial mención cabe hacer al Banco Central. Luego de más de treinta años de funcionamiento como organismo autónomo e independiente -a pesar del recelo de muchos en un comienzo-, se han logrado éxitos notables en el control de la inflación y en la estabilidad macroeconómica. Esto ha sido posible gracias a la credibilidad que se ha ganado, que a su vez deriva de la prevalencia de criterios técnicos en la toma de decisiones, algo que va más allá de la sensibilidad política que se pueda atribuir a los distintos consejeros. Y la actual coyuntura está dando cuenta, una vez más, de la importancia de contar con una autoridad monetaria independiente.

En un contexto en que los desequilibrios macroeconómicos están introduciendo fuertes presiones inflacionarias en la economía -consecuencia de una inédita expansión fiscal combinada con los retiros de los fondos previsionales, lo que suma más de US$ 70 mil millones- el Banco Central ha reaccionado subiendo la tasa de interés en una magnitud sin precedentes, y anunciando que esta tendencia va a seguir hasta alcanzar un punto de “neutralidad”. Y reconociendo que esto va a acarrear costos, en el informe trimestral (IPoM) señala explícitamente que los costos podrán ser menores en la medida que “los otros actores” hagan la contribución que les corresponda. Un mensaje directo al gobierno y a los parlamentarios, que no cualquiera está en condiciones de hacer, por carecer de la credibilidad, independencia y autonomía necesarias. Por todo esto, en la discusión de una nueva Constitución el Banco Central debe seguir teniendo ese carácter. Le va a hacer bien a Chile que así sea.

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