Opinión

La regla de Taylor y el espacio para bajar la tasa

Tal como anticipaba el mercado, el consejo del Banco Central optó por mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 4,5% en su reunión más reciente. Con ello, la tasa se mantiene ligeramente por encima del punto medio de 4,25% del rango neutral estimado por la propia autoridad monetaria, aunque todavía dentro de dicho intervalo.

La decisión refleja una postura de cautela frente al shock inflacionario asociado al aumento del precio internacional del petróleo, derivado del conflicto en Medio Oriente, y a sus efectos sobre la economía local. La inflación anual alcanzó 4,3% en junio y promedió alrededor de 4% durante el segundo trimestre. Al mismo tiempo, las expectativas de inflación de corto plazo aumentaron transitoriamente, mientras que las de mediano plazo permanecen ancladas en torno a la meta.

Por otra parte, los antecedentes disponibles sugieren que la economía chilena corre el riesgo de completar dos trimestres consecutivos de contracción. Aunque esta debilidad parece responder en buena medida a factores de oferta vinculados con la producción de recursos naturales, sorprende la escasa capacidad del resto de la economía para amortiguar esos shocks. Sin duda, el menor dinamismo ya está repercutiendo en dimensiones fundamentales para las familias chilenas, como se refleja en el aumento del desempleo y en el débil ritmo de creación de empleo.

En este contexto, es válido preguntarse si mantener sin cambios la actual postura monetaria constituye la decisión más adecuada, especialmente cuando el espacio de la política fiscal para estimular la economía es muy estrecho. Si bien el problema del crecimiento chileno va mucho más allá de los efectos de la TPM, una reducción gradual de la tasa, que la acerque al punto medio de su rango neutral, podría contribuir a aliviar las condiciones financieras que enfrentan hogares y empresas.

Un ejercicio útil para responder esta pregunta consiste en comparar la TPM fijada por el Banco Central con las tasas sugeridas por diversas reglas cuantitativas, construidas a partir de los principales desequilibrios que afectan a nuestra economía, en particular las brechas de inflación y de actividad (véase Apablaza y Villena, 2026). Entre estas referencias destaca la regla de Taylor, que vincula la tasa de interés con las desviaciones de la inflación respecto de la meta y con la brecha de actividad. Estas reglas no sustituyen el juicio de la autoridad monetaria ni constituyen mecanismos automáticos de decisión, pero sí ofrecen referencias transparentes para evaluar la orientación de la política monetaria.

Pese a sus diferencias metodológicas, todas las referencias evaluadas coinciden en que la TPM vigente de 4,5% se ubica por encima de la tasa sugerida para el segundo trimestre de 2026. Esta señal consistente indica que existiría espacio para una reducción prudente de 25 puntos base en el corto plazo, en respuesta al debilitamiento de la actividad. Una medida de esa magnitud no implicaría abandonar el compromiso con la estabilidad de precios, sino recalibrar la política monetaria frente a una inflación que permanece sobre la meta, pero cuya desviación es acotada, y a expectativas de mediano plazo que continúan ancladas.

Mauricio Villena es decano de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad Diego Portales (UDP) y Valentina Apablaza es economista del Observatorio del Contexto Económico de la UDP.

Más sobre:OpiniónEconomía

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE