Magnifica Humanitas y el capitalismo digital

El 15 de mayo de 1891, León XIII firmó la Encíclica Rerum Novarum advirtiendo que el capitalismo industrial estaba destruyendo la dignidad humana. El 15 de mayo de 2026, León XIV firmó la encíclica Magnifica Humanitas con la misma advertencia, pero esta vez en lo referido al capitalismo digital y a la globalización neoliberal. Son 135 años los que distancian a ambas encíclicas pero, sin embargo, pareciera haber una persistencia en el problema.
La historia no se repite pero rima, decía Mark Twain. En los tiempos cuando se firmó Rerum Novarum, el capitalismo industrial ya se estaba asentando y comenzando su etapa de expansión. Lo que ya muchos movimientos obreros advertían, la Encíclica le dio un lenguaje desde una doctrina social de la Iglesia Católica: los obreros, dentro del capitalismo industrial, estarían dejando de ser entendidos como sujetos autónomos creadores de la riqueza, y pasaban más bien a ser partes del engranaje impersonal y alienante de la dinámica capitalista. Solo Marx lo explicaría mejor.
Hoy las amenazas que presenta la nueva Encíclica se concentran en la crisis del multilateralismo liberal y en las dinámicas de las tecnologías digitales y de IA. Lo preocupante ya no es solo la explotación industrial (que sigue funcionando), sino nuevas formas de extracción y apropiación de valor a través de los flujos digitales, por parte de nuevas formas de oligopolios sin regulaciones a la altura de estas nuevas tecnologías. A su vez, estos procesos se despliegan en un escenario internacional de crisis políticas, ambientales y de desarrollo que frenan de facto las posibilidades de cooperación entre naciones.
El llamado de la Iglesia es hacia volver poner el acento en la dignidad frente a la lógica capitalista y las múltiples crisis que engendra, a través de una serie de regulaciones y reformas en diferentes frentes (internacionales, nacionales, domésticos). El llamado es noble, y sin duda refleja un avance de la institución. Pero también nos exige ir más allá de la crítica ética y hacer explícito la dimensión político-económico del fenómeno.
En el contexto actual del capitalismo contemporáneo, quien hoy controla los datos, la infraestructura y los recursos que los alimentan, controlan verticalmente los mercados, en tanto los flujos digitales están atravesando las diversas áreas económicas. Quien controla esa infraestructura digital tiene control sobre partes estratégicas del propio funcionamiento de la política internacional, constituyéndose en una nueva área de ejercicio de poder. Tal como quienes controlan las manufacturas, las cadenas comerciales logísticas marítimas y las finanzas controlan procesos claves del funcionamiento de las sociedades, hoy quienes digitan estas tecnologías pueden incidir sobre la política en forma arbitraria y unilateral.
Esto escenario exige que, junto con la defensa del valor de la dignidad humana, las sociedades pongan el acento en la defensa de su soberanía digital, presentando agendas de protección y control público de datos, de nuevas agendas impositivas a los flujos digitales, y de límites a la acumulación de datos. Esto implica, necesariamente, replantear la agenda comercial y económica internacional de los países, junto con buscar alianzas novedosas con aliados que estén disponibles para que un nuevo multilateralismo para la dignidad y el desarrollo pueda emerger como salida a la crisis estructural del multilateralismo neoliberal.
Por José Miguel Ahumada, académico Instituto de Estudios Internacional Universidad de Chile y Javier Ahumada, Secretario de Relaciones Internacionales del Frente Amplio.
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