Por Joaquín Vial R-TMercado del trabajo y reactivación

Los datos de actividad económica han desilusionado en los últimos meses, con una economía que crece casi a la mitad de su menguado potencial, y tasas de desempleo que ya superan el 9%. El último IPoM del Banco Central da cuenta de que la mayor parte de la sorpresa radica en problemas que han afectado a la producción minera, la pesca y el agro, así como a sus exportaciones. Por otra parte, la demanda interna crece en un magro 2,2%, en torno a lo esperado y por encima del crecimiento del PIB. En la medida que los problemas de los sectores de recursos naturales sean fenómenos transitorios, esta pausa en la reactivación no sería tan grave.
Una visión optimista podría basarse en las perspectivas de normalización de los mercados petroleros, así como en el monto récord de las inversiones que han recibido aprobación ambiental en estos meses. También en el precio del cobre, que no afloja. Sin embargo, esto no cuadra con el deterioro persistente del empleo y de hecho, la recuperación se frenó en 2025, antes de los shocks de oferta.
El Banco Central ha reportado preocupaciones de las empresas por fuertes alzas en los costos, especialmente en el corto plazo por el alza de los combustibles, aunque esto podría estar comenzando a ceder. En una mirada más larga, las mismas encuestas del Banco Central muestran la preocupación por las alzas de los costos laborales, que desde 2022 dominan a los otros desafíos reportados.
Este es un tema que he tocado varias veces en esta columna, principalmente por su impacto en la inflación y en el empleo. Si bien la primera ha cedido, el segundo no: la tasa de desocupación ha superado el 9%.
El IPoM destaca que la creación de puestos de trabajo es débil y que hay una “recomposición” desde empleo formal a informal, reafirmada en mayo por la caída del empleo formal. Mirando hacia el futuro, uno de los factores de riesgo que se menciona en dicho informe es justamente un mayor debilitamiento del mercado laboral.
El aumento de costos laborales no es producto de la escasez de trabajadores, sino de acciones legislativas, como la reducción de jornada a 40 horas semanales (es decir, un 10% de las horas trabajadas) sin ajustes en el salario. Si bien esta reducción es gradual, ya se está sintiendo con fuerza, especialmente en empresas pequeñas y medianas que requieren mucha mano de obra.
Otro factor es el aumento desmesurado del salario mínimo, que también está presionando justamente a este mismo tipo de empresas. Además, no se puede dejar de mencionar el alza en las cotizaciones previsionales, muy necesaria, pero no por ello menos costosa. Todas estas medidas son populares, pero, como se advirtió en su momento, acarrean alzas de costos que desafían la competitividad de muchas empresas. Frente a ello, algunas están adelantando planes para reemplazar trabajadores, ya sea por máquinas o herramientas digitales, aprovechando los avances tecnológicos de los últimos años. Otro camino, que sugieren los datos, es que están optando por la elusión o postergación del pago de las cotizaciones previsionales.
Si se materializan las inversiones anunciadas la economía va a repuntar, pero este mayor crecimiento va a venir acompañado de más máquinas, de Inteligencia Artificial y con menos empleos formales. También será menor en crecimiento de los salarios.
Para tener una buena reactivación, se debe hacer ajustes en las regulaciones al mercado del trabajo y así facilitar la adaptación a los cambios tecnológicos que están desafiando al mundo del trabajo a escala global. Para ello, lo más apropiado sería buscar acuerdos para hacer posibles los ajustes a esta nueva realidad, con los menores costos posibles.
Una buena noticia es que, en los últimos días, han surgido iniciativas desde distintos sectores que podrían ser el germen de acuerdos en dicha línea: se dio un nuevo impulso al proyecto de sala cuna; en el Congreso se está reactivando la idea de legislar sobre contratos por hora; Mario Marcel planteó recientemente un bosquejo de lo que podría ser una reforma del régimen laboral del sector público y se ha abierto la discusión sobre el cambio en el sistema de indemnizaciones. Si a ello se agregaran iniciativas para suavizar y flexibilizar la reducción de la jornada laboral se podría aspirar a una reactivación más rápida y con mayor creación de empleos.
Por Joaquín Vial R-T., profesor adjunto Instituto de Economía UC e investigador principal CLAPES UC.
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