Silbatos para perros



Por Julieta Suárez-Cao, académica UC y Red de Politólogas

Silbato para perros (dogwhistle en inglés) es un concepto que se usa en política para referirse a una estrategia empleada para segmentar un discurso, una forma de hablar en código comprensible para algunas personas pero indescifrable en su sentido profundo para la mayoría de la población. De la misma forma en la que un silbato de alta frecuencia inaudible para las personas puede ser oído por los perros, ciertos conceptos, frases o slogans funcionan en política como eufemismos perfectamente comprensibles para un determinado grupo, pero imperceptibles para el resto. La idea detrás de estos conceptos es evitar generar oposición avanzando cuestiones controvertidas, a la vez que se gana el apoyo del grupo buscado.

Un ejemplo de esta estrategia se dio a mediados del siglo XX en los Estados Unidos. Frente al avance del movimiento por los derechos civiles y el desmantelamiento del sistema de segregación racial por medio de la Corte Suprema de Justicia, los partidarios de mantener la doctrina del “separados pero iguales” en los estados del sur articularon su oposición sin subrayar que realmente apoyaban, por ejemplo, la existencia de escuelas separadas para blancos y afroamericanos. ¿Cómo la articularon? A través de una campaña que reivindicaba el “derecho de los estados” a tener su propia legislación. Quienes estaban a favor de mantener el racismo institucionalizado entendían perfectamente a qué se referían quienes defendían “los derechos de los estados” a tener su propia legislación (segregacionista); mientras que para el resto no era un tema que generara ruido y era parte de una demanda aparentemente razonable en un sistema federal de organización territorial del poder.

Algunas de las campañas que vemos en contra de la nueva Constitución, que aún no tiene un borrador definitivo, usan una estrategia sorprendentemente similar. Cuando se dice que la Convención Constitucional no está escribiendo “la casa de todos”, ¿a qué se refiere realmente?, ¿quiénes son “todos”? Es llamativo, porque la Convención es bien similar a la población del país. Es llamativo, porque los artículos aprobados por el momento lo han sido por supermayorías. Es llamativo, porque los contenidos aprobados hablan de dar representación y voz a todas las personas (en especial a las históricamente excluidas), a los pueblos indígenas y a las regiones. ¿Quiénes son esos todos que no son parte de esta Constitución? ¿Salen de la casa al entrar los demás que nunca habían estado? Estas preguntas son las que debemos hacernos para entender el verdadero tono de estos silbatos de perro y empezar a desentrañar de qué hablan quienes nos dicen que en lo aprobado hasta la fecha por la Convención no estamos todos y que esta propuesta no es “una que nos una”. El debate público se vería fortalecido con más discusiones y críticas concretas sobre contenidos reales y con menos campañas basadas en silbatos de perro.

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