Problemas de comunicación: cuando las parejas ya no hablan

Parejas que no hablan




En un restorán hay una pareja: uno al frente al otro, los dos sentados en la misma mesa. Cada uno está con su celular. Mientras comen siguen conectados a sus aparatos y así están todo el almuerzo; sin cruzar ninguna palabra. Terminan sus platos, uno hace el gesto de pedir la cuenta, pagan y se van. Esas escenas se repiten a diario en restoranes y cafés. ¿Puede que una pareja pierda definitivamente la costumbre de hablar y tocarse?

Sobre situaciones como estas y sobre cómo se viven las relaciones amorosas en el mundo, se pregunta la periodista Christiane Amanpour en el documental de Netflix Sexo y amor en todo el mundo. En uno de los capítulos, la conductora entrevista a parejas de japoneses que cuentan que es cursi e inusual decirse "te amo" y que tomarse de las manos y besarse es un acto que solo se da en el sexo. En el documental la periodista además cuenta sobre las existencia en Tokio de los 'Clubs de Anfitriones', lugares donde van muchas mujeres profesionales que le pagan a hombres por dos horas de afecto y atención.

Pese a que la realidad japonesa no es la nuestra y que Christiane no viajó hasta nuestro país para conocer qué ocurre con el tema en Chile, casi todas las parejas del mundo han vivido una crisis que los ha separado; y muchas otras han preferido dejar de hablarse. Sobre por qué se interrumpe completamente la comunicación verbal en una relación, Soledad Torres, sicóloga y terapeuta de pareja, señala que "hay varias razones, sin embargo, en la mayoría de los casos es el último recurso para cuidar la relación, para no irse o terminarla. Porque se ha intentado conversar y siempre se llega a lo mismo: una conversación en que ninguno se escucha. Los dos se frustran, enrabian o asustan. Así, se va creando la sensación de que en lugar de empatizar, reparar y reconectar, se llega a escaladas agresivas, puntos muertos, frustración y desesperanza. Se deja de hablar de lo nutritivo, de lo que los une, de las coincidencias y complicidades, de los gustos comunes y de los recursos de la relación. Esto por temor a que en cualquier momento vuelva a aparecer el conflicto y una vez más no sepan cómo salir", señala.

En esa dinámica, agrega la especialista, muchas veces uno de los miembros de la pareja está en la posición de enfrentar e insistir en hablar, y aunque intenta hacerlo bien, casi siempre termina en una recriminación que no es escuchada y lo hace sentir muy ignorado. "La otra persona suele creer que es mejor dejar pasar el tiempo para que las cosas se enfríen y tiende a evitar las conversaciones difíciles, y al oír la recriminación del otro siente que siempre está insatisfecho y que no importa cuánto esfuerzo muestre, nunca será suficiente".

"El que dejen de hablarse es uno más de los síntomas de una relación desgastada", señala Renata Ortega, sicóloga y terapeuta de pareja, quien además sostiene que si bien trae problemas no hablar, es una estrategia de supervivencia y una forma de mantener la continuidad del proyecto. "El problema a largo plazo es que se triza uno de los pilares fundamentales de la relación: la lealtad, entendida como 'la necesidad pero también la obligación de mantenerse al tanto, de lo que nos ocurre, de lo que me gusta o disgusta de la otra persona, de lo que me enamora, de lo que me seduce, de lo que me irrita o de lo que necesito'. Es aquí donde la pareja crea la mayor fisura de la relación, que a la larga causa desafección, es decir, el otro ya no importa", aclara.

Hay parejas que se han silenciado porque no lograron reencontrarse pero también hay otras que dan la pelea. Muchas de esas llegan con esperanza a la consulta de Soledad. "En la terapia a veces les pregunto qué les gustó del otro, qué momentos de cercanía y de conexión recuerdan especialmente de su historia y qué admiran o agradecen del otro. También los invito a que recuerden cómo se conocieron, cómo se miraron por primera vez, qué los hizo elegirse, qué cosas disfrutaban, en qué eran buenos y qué tanto se conocen el uno al otro".

Sobrevivir a la no comunicación en cuarentena

Renata Ortega sostiene que "en estos momentos, donde muchas parejas en crisis están conviviendo todo el tiempo, recomiendo hacer una tregua, acompañarse o simplemente respetarse. El hablar de lo cotidiano puede ayudar a establecer conversaciones de temas triviales o de interés mutuo. Este puede ser un escenario de encuentro, siempre y cuando ello no implique caminos retorcidos para herir, criticar o descalificar".

Mucho se ha especulado sobre qué ocurrirá cuando la cuarentena termine y la pandemia ya no sea una amenaza. Algunos hablan de la cantidad de separaciones que dejará el Coronavirus y los más optimistas señalan que será una oportunidad de unión familiar. Soledad Torres aconseja cómo lograr que esta instancia de encierro sea una oportunidad de encuentro para parejas sin comunicación:

  • Me parece que es importante cuidar las expectativas en términos de no exigirse demasiado. El contexto ya nos tiene suficientemente demandados emocionalmente. Por ello, es esencial reconocer si tienen ganas de intentar dar pasos pequeños para reencontrarse.
  • Cuando lo verbal está interferido, a veces resulta más fácil empezar por hacer algo juntos, es decir, pensar en actividades que puedan compartir cómodamente y que ojalá disfruten. Es importante no dejarse tentar por la necesidad de aclarar o hablar de una vez los problemas.
  • También puede ser útil hablar en positivo y empezar a buscar temas que unan y resulten gratos, como, por ejemplo, los intereses comunes o aspectos positivos del otro, de la relación y de la historia en común. Sostener pequeñas conversaciones que de a poco vayan reconstruyendo la confianza para sentir que pueden pasar un buen rato juntos, hablando sin sentirse agredidos, descalificados o ignorados. Después de reconstruir esta confianza, podrán ir profundizando una conversación (de ser necesario con ayuda terapéutica), para que puedan decirse esas cosas que no han podido hablar y que puedan ser dichas oídas desde los sentimientos más profundos de tristeza, miedo y/o vergüenza que suelen estar debajo de la rabia.

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