El largo camino de Quiroz que derivó en la megarreforma
Desde hace años, el ministro de Hacienda ha venido planteando -en distintas tribunas- drásticas medidas para cambiar el rumbo económico del país. Un ideario que solo empezó a cristalizar con el Presidente José Antonio Kast, partiendo por la megarreforma que ingresó esta semana al Congreso Nacional, pero que enfrenta una tramitación que no es fácil.

“Tenemos que ir con un solo proyecto”.
La definición que José Antonio Kast y su círculo más cercano tomó después de los incendios forestales del sur se transformó no sólo en la gran apuesta política y económica -a ratos fundacional- de su gobierno, sino que en un permanente motivo de discusión sobre si era o no la mejor estrategia presentar ese ambicioso paquete de medidas en una sola iniciativa de ley.
Este último punto fue tema obligado de los parlamentarios y de las directivas oficialistas hasta antes de que el presidente anunciara el envío del proyecto en la cadena nacional de la noche del 15 de abril. No solo los complicaba la cantidad y variedad de temas que incluía en un inicio el proyecto -cuyo primer atisbo conocieron sorpresivamente el 14 de marzo, día del anuncio-, sino que varios argumentaron, en privado y en público, que el diseño no era conveniente por motivos tácticos ante el Congreso.
En público, sobre todo RN no ocultó sus críticas. “Nos hubiera gustado separar, parcelar, justamente para avanzar con las cosas que son más rápidas, porque claramente nos vamos a enfrascar. Es cosa de ver a la oposición en este minuto, que lo único que hace es hablar del impuesto, de la baja al impuesto de primera categoría para las empresas. Entonces, al final tú dices, ¿para qué le doy el gustito?“, planteó la vicepresidenta de esa tienda, Ximena Ossandón.
En parte, esas voces se acallaron al conocer el texto final, luego de que algunas iniciativas -que estaban originalmente en la normativa y que muchos asimilaron a la “ley Ómnibus” del presidente argentino Javier Milei- quedaron fuera. Pero esta igualmente conservó el espíritu de la megarreforma que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, empujó al menos desde la segunda vuelta al interior del núcleo más cercano al mandatario.

El ingeniero comercial -uno de los hombres más influyentes en Kast- había aterrizado en el comando el 10 de julio y, desde esa fecha, había tomado el control en materia económica. Quienes siguieron de cerca su llegada a la campaña republicana recuerdan que el fiato entre ambos fue casi inmediato.
“Él llegó con una propuesta de cambios económicos radicales, y a Kast le gustó la decisión de hacer cosas concretas y radicales. Quiroz es una persona muy decidida y Kast también, y su programa económico tenía un componente de cambio fuerte, de todo el gusto del presidente”, recuerda un personero que participó en estas conversaciones.
El corazón de su propuesta -aseguran- lo integraban la rebaja del impuesto a las empresas, la integración tributaria y la creación del subsidio al empleo formal, un crédito tributario que se otorga por concepto de pago de las remuneraciones que van entre las 7,8 UTM ($ 545 mil) a las 12 UTM ($ 838 mil). Estos tres puntos -agregan- siempre se pensaron para un mismo proyecto de ley.
A ellas se agregó la idea de prolongar la invariabilidad tributaria, de simplificar la permisología -también ideas de Quiroz- y la eliminación de las contribuciones, una propuesta largamente empujada por los republicanos y que, incluso, los había llevado a enfrentarse con Chile Vamos durante la campaña presidencial.
Otros temas -como las rebajas transitorias de impuestos y las normas que buscan reactivar el mercado inmobiliario- llegaron después, y no formaron parte del esqueleto original del documento.

Hasta mediados de enero, en el núcleo del mandatario prevalecía la idea de que toda esta agenda ingresara a través de una batería de proyectos separados, tal como lo contemplaba la ruta de “Desafío 90”, elaborada por Bernardo Fontaine, con unos 25 proyectos de ley -entre uno y cuatro artículos para facilitar la tramitación-, 40 cambios regulatorios y unas 25 iniciativas de gestión. Ese fue el compendio que el economista entregó la tarde del 9 de enero a Kast y su equipo en la Oficina del Presidente Electo (OPE).
Pero después de la segunda vuelta de diciembre -en la que Kast se impuso con el 58,16% de los votos a la candidata del PC Jeannette Jara-, Quiroz ya se había terminado de convencer de que el punto de partida del gobierno tenía que estar acompañado de una sola y gran apuesta legislativa que permitiera cambiar el rumbo del país.
Eso fue lo que muchas veces planteó en las reuniones que se realizaron en la OPE, en calle La Gloria, entre diciembre y marzo, en las que -además de él- solían participar Kast, Fontaine, el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, y los asesores del mandatario Juan Irarrázaval y Cristián Valenzuela, entre otros.
Uno de los argumentos del ahora ministro fue que se necesitaba hacer los cambios ahora, para tener resultados antes del próximo año.
“La concepción de una reforma así de contundente se cristaliza después del triunfo en la segunda vuelta. Porque si bien la concepción primigenia era concentrar la fuerza en el tema de los decretos, para apurar la gestión y no estar amarrados exclusivamente a los vaivenes del Congreso, sobre todo si no se lograba una representación importante, también estaba la decisión de avanzar por la vía legislativa. De ahí el trabajo de Desafío 90. Pero es el ministro Quiroz quien transforma las propuestas -muchas de su autoría- en un texto integral”, confidencia un inquilino de la sede de gobierno.
“Él tiene la paternidad de la megarreforma”, dice otra fuente de La Moneda.
La reconstrucción
La definición se tomó pocas semanas después. Y la provocó un hecho coyuntural: los devastadores incendios del 17 y 18 de enero en Ñuble y el Biobío, que arrasaron con más de cuatro mil viviendas.

Esa catástrofe llevó a cambiar la estrategia. Una fuente confidencia que en una de las reuniones -encabezadas por el presidente electo, y en las que ya participaban quienes serían sus ministros políticos-, Quiroz planteó con crudeza que necesitaban recursos para hacer frente a la emergencia; que no contaban con ellos por las cifras de déficit fiscal y que, por tanto, debían -sin dilaciones- presentarle al país un solo gran proyecto en reconstrucción y reactivación económica.
Uno de los objetivos que acompañaban esa ambiciosa agenda era la asignación de $ 400 mil millones adicionales para la reconstrucción de viviendas destruidas o dañadas por el fuego en enero, pero también las de Viña del Mar de febrero de 2024.
“Ahí se define agrupar y presentar al principio del gobierno un proyecto unificado”, sostiene uno de los presentes en ese encuentro.
La “reconstrucción” se convirtió así en el paraguas aglutinador de distintas temáticas, entre ellas, las sociales, tributarias, medidas regulatorias, medioambientales, de empleo y de reactivación económica.
Con el vamos de Kast, el equipo de Quiroz -en el que se encontraban su actual jefe de gabinete, Tomás Bunster, más un grupo de analistas jóvenes- se hizo cargo de la estructura, junto a los ministros designados sectoriales.
En los partidos que apoyaron al abanderado republicano en la segunda vuelta, pocos sabían que el círculo más cercano al mandatario electo preparaba una iniciativa de esta envergadura. Y muchos reconocen hoy que se sorprendieron cuando el 14 de marzo, en una actividad en Lirquén, el recién asumido presidente anunció -junto a Quiroz y al ministro del Interior, Claudio Alvarado- la Ley de Reconstrucción Nacional, que incluía más de 40 medidas. El eje central era reactivar la economía, pero terminó incorporando temas de seguridad y combate al crimen organizado que se alejaban del propósito original de la norma.
“El objetivo es reconstruir no solo las casas afectadas por los incendios, sino también recuperar el crecimiento, el orden fiscal y la seguridad que Chile necesita”, señaló el Presidente Kast ese día. El gobierno, además, informó que ingresaría el proyecto de ley al Congreso “durante los próximos días”.
El descreme
La decisión inicial era ingresar el texto el 1 de abril, pero varios hechos alteraron el cronograma. El principal, la guerra en Irán y la histórica alza de los combustibles decretada por el gobierno como respuesta, que terminó anticipadamente con la “luna de miel” que tienen los gobiernos que inician su gestión y que desplomó las cifras en la aprobación presidencial.
El “remezón” del lunes 23 de marzo -cuando el propio Quiroz anunció el alza de los precios de las bencinas- fue tal, que en esta oportunidad tanto los partidos como el comité político se activaron para no repetir la dinámica de falta de motricidad comunicacional y política que se dio en la discusión legislativa del proyecto que establecía medidas paliativas ante el alza.
Así, el propio oficialismo empezó a presionar a La Moneda para que aplicara un “filtro” político tanto al paquete final de iniciativas que incluiría la norma, como a los argumentos que la acompañarían en su trámite en el Congreso. Sobre todo, porque se trataba de una iniciativa troncal del gobierno de Kast.
Desde los partidos base del gobierno ha habido objeciones a la incorporación de algunas iniciativas, entre ellas, las relativas a la seguridad pública -las que fueron sacadas del paquete-, y a tres temáticas en las que hasta ahora abogan por su retiro: el término de la franquicia tributaria Sence; la salida del artículo octavo, que autoriza el uso de obras ya publicadas sin pedir autorización ni pago a sus titulares, y que amenazaría la propiedad intelectual, y la exclusión de las autoridades de las rebajas tributarias, para evitar un conflicto de interés. Todo, para no contaminar la tramitación del proyecto.
“El ministro de Hacienda es quien tiene la mirada integral del efecto y consecuencias de cada una de las medidas que plantea el proyecto. Por lo mismo, es fundamental que cada propuesta que se haga de nuevas medidas o cambios pase por el análisis del ministro Quiroz y su equipo. En él se deben concentrar las decisiones durante la tramitación”, sostiene Arturo Squella, presidente del Partido Repúblicano.
No solo los partidos han tenido reparos. También ha habido públicas diferencias entre Quiroz y los titulares de Interior, Claudio Alvarado, y de la Segpres, José García Ruminot, quienes se han levantado como el contrapeso del titular de Hacienda al interior del gabinete. Una medición de fuerzas que partió con el alza de los combustibles -donde la dupla política abogó por una mayor gradualidad y por medidas de mitigación-, y ahora frente a la megarreforma, en la que Quiroz ha tenido que ceder, postergando el envío del proyecto al Congreso, para habilitar una mayor discusión prelegislativa, y eliminando -por ejemplo- el término de la gratuidad universitaria a los 30 años.
A nivel de dirigencias se sostiene que una de las discrepancias de fondo está en si esta reforma marca o no el destino de la administración Kast, donde hay visiones distintas en el propio gabinete. Mientras en una entrevista en La Tercera el ministro García Ruminot sostuvo que “en mi opinión, sí”, Quiroz tomó distancia y afirmó en El Mercurio que “el gobierno no se juega su éxito con este proyecto”.
“Esa es una diferencia política sustantiva, que alguien tiene que resolver”, fue el comentario de un dirigente del oficialismo ante el choque de visiones. Punto que Kast zanjó el viernes, blindando a Quiroz. “Por ningún motivo -sostuvo- el no tener éxito en uno u otro proyecto paraliza un gobierno”.
El ascenso
De fuerte carácter, a Quiroz -quien es visto como uno de los puntales de la administración Kast- no le importa la opinión que se tenga de él, porque -según ha dicho- “no es el rol del ministro de Hacienda ser simpático”. Su última confrontación la tuvo esta semana en un tenso cruce con el presidente del directorio de Codelco, Máximo Pacheco, por los resultados de la cuprífera.

Cercanos a ambos cuentan que recién se conocieron en 2024, por unos estudios que el ingeniero había hecho sobre pobreza y la Casen; que se juntaron a almorzar; que hablaron por más de tres horas y que, desde ahí, construyeron un estrecho vínculo de confianza.
Clave en esa sintonía fue que Kast estaba -dicen- obsesionado con el tema del crecimiento, el empleo y la eliminación de regulaciones “absurdas”. Y de concretar cambios profundos que le permitieran volver al país a la senda que tenía en los 90.
“No le interesaban las alternativas tibias ni las recetas de siempre, y Quiroz era más radical”, dice un parlamentario de Chile Vamos.
Para Kast, el ingeniero no era un desconocido. Durante años había seguido lo que planteaba en sus columnas. Incluso las empezó a repostear. En una de ellas, la del 24 de enero de 2021, publicó: “Excelente columna de Jorge Quiroz, poniendo el acento en los desafíos que el país tiene en esta hora”. Esto, porque el ingeniero criticaba al expresidente Sebastián Piñera por usar en la Enade la frase de ver “la luz al final del túnel”, como un mensaje esperanzador frente a los problemas económicos que vivía el país, advirtiéndole al Jefe del Estado que esa luz también tenía riesgos cuando termina siendo la de una locomotora que viene en sentido contrario.
Su visión la enregaba en distintas tribunas. En el ciclo de entrevistas “En Persona”, de Icare, con Cristián Warnken, había sostenido -en mayo de 2022- que Chile está sentado sobre una oportunidad gigante para convertirse en un país absolutamente desarrollado y con muchísima rapidez; que tenía cobre, litio y energías renovables. “Lo que lo ha enredado es una maraña de burocracia, de ineficacia de las instituciones, trabas a la inversión y trabas tributarias”, decía, y que Chile necesitaba un overhaul o revisión de su aparato público.

Con esta visión -comentan en los partidos- Quiroz era la carta obvia para Hacienda, por lo que no causó sorpresa que el 10 de julio del año pasado aterrizara en el comando como coordinador económico del programa, en momentos en que más de 40 economistas se habían alineado con Evelyn Matthei, la candidata de Chile Vamos. Ahí se encontraría más tarde con Fontaine, su amigo, y con el senador Rodolfo Carter, a quien asesoró cuando era alcalde.
Cuentan que de inmediato activó los contactos de Kast con empresarios y gremios. Y sentenció que se había acabado la “etapa de los gerundios” y que había que abordar “sin complejos” y con “coraje” los tres problemas que -a su juicio- mantenían a Chile en un estado de decadencia: regulaciones agobiantes, carga tributaria y racionalización del gasto público.
“Eso marca un cambio en lo económico. Diría que ahí empezamos a gobernar en serio en esa área”, dice una fuente que estuvo en ese tiempo.
Pero su paso por Hacienda no ha sido fácil. Menos aún con una ambiciosa megarreforma que acaba de iniciar su tramitación en el Congreso, en medio de fuertes críticas y bajo la presión de contrarrestar el relato de la oposición de que se trata de una enmienda a favor de los ricos y en contra los pobres.

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Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
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