Política

Hernán Larraín Matte: “La derecha liberal está en crisis y salir de ella va a ser duro”

Fundador de Horizontal y Evópoli, el abogado y cientista político analiza la vigencia de las ideas liberales ante la derrota de su proyecto político y el triunfo de José Antonio Kast. Dice que responde a un fenómeno global y que en los últimos años el liberalismo "fue presa de su soberbia".

Tres siglos después, la frase resuena con indudable fuerza: “El precio de la libertad es su vigilancia permanente”. La célebre cita de Thomas Jefferson fue la escogida por Hernán Larraín Matte para cerrar su libro La derecha liberal sí existe, publicado a mediados de 2025. Cruzando crónica personal y ensayo, en sus páginas el autor delineó su trayectoria política y la de su sector. Y fue más allá. En medio del auge de populismos y liderazgos autoritarios en el mundo, postuló con cierta audacia que “Chile avanza hacia una sociedad más liberal”.

Eventualmente, la derrota electoral de Chile Vamos y el triunfo de José Antonio Kast parecen contradecir su tesis.

Fundador de Evópoli y del centro de estudios Horizontal, Hernán Larraín Matte reconoce que no son buenos tiempos para el liberalismo. Los vientos de libertad que soplaron a inicios de los 90 y que llevaron a Francis Fukuyama a proclamar el fin de la Historia cambiaron de dirección. El mismo Fukuyama advirtió la existencia de descontentos. Y en 2018, con motivo de su aniversario 175, el semanario The Economist publicó un manifiesto para renovar el liberalismo.

Ante la evidencia, podría pensarse que Larraín Matte equivocó su diagnóstico o al menos apresuró su conclusión. Él piensa que la modernización capitalista que ha vivido Chile en los últimos 30 años inculcó los valores liberales: “Chile hoy es una sociedad de clase media, donde valores como el mérito, el esfuerzo, las trayectorias individuales, la apertura a distintos tipos de familia y, por lo tanto, una perspectiva liberal de ver el mundo quedaron muy profundamente instalados”.

Sin embargo, políticamente sufrieron una dura derrota.

Es cierto que al mismo tiempo la expresión política del liberalismo, partiendo por el propio Evópoli, sufrió un golpe que incluso puede ser mortal para el partido, y que el triunfo pasa hoy a una derecha más tradicional y más conservadora. El punto que yo haría es que los elementos que hicieron ganador a José Antonio Kast fueron más bien su capacidad de identificar, desde el relato de “gobierno de emergencia”, prioridades ciudadanas que tienen que ver con seguridad, inmigración y economía. Y esas prioridades conviven con una sociedad que, en lo sustantivo, comparte valores liberales.

Mi impresión es que sería un error, por determinismo histórico, concluir que vamos a vivir una hegemonía conservadora por una década.

Tras los resultados, muchos dieron por muerta a la derecha liberal. ¿No lo está?

El liberalismo en Chile y el mundo están viviendo una crisis. Es una época que algunos han llamado incluso “posliberal”. Pero mi impresión es que sería un error, por determinismo histórico, concluir que vamos a vivir una hegemonía conservadora por una década y que el resto de las ideas “feneció”. Esto es dinámico, abierto. El liberalismo ha tenido crisis en otros momentos de su historia, también en Chile. Y creo que tenemos que pasar por un proceso lento de reflexión. Quiero ser responsable: la derecha liberal está en crisis y salir de ella va a ser duro. Pero creo que hay fortaleza en la esencia de las ideas liberales y también en una sociedad chilena que, en lo sustantivo, tiene un sustento liberal.

¿Y eso permanece? Se lo pregunto porque diversas encuestan muestran que los chilenos están dispuestos a ceder libertades a cambio de seguridad.

En el eje seguridad e inmigración, frente a una democracia que ha dejado de ser efectiva, y frente a la desesperación que eso genera, las personas están dispuestas a muchas cosas para obtener resultados. Pero esa desesperación no puede hacernos perder de vista que la democracia, las instituciones y el Estado de Derecho son fundamentales para dar seguridad y cuidar la libertad individual.

La política se ha polarizado; los proyectos dialogantes y moderados son poco atractivos para la mayoría.

¿Cuál es la naturaleza de la crisis de la derecha liberal?

Hay elementos globales: la política se ha polarizado; los proyectos dialogantes y moderados son poco atractivos para la mayoría. Además, Evópoli fue el único partido que se opuso a los retiros. Muchos líderes no participamos de la elección: Felipe Kast, Gonzalo Blumen, Ignacio Briones, yo mismo. Este partido tiene que preguntarse qué pasó con su energía, porque probablemente la historia sería distinta si ese grupo y muchos otros hubieran estado en la papeleta.

Personalmente, estoy en Horizontal, el centro de estudios que preside Ignacio Briones. Ahí vamos a trabajar el futuro del liberalismo, acompañado de un esfuerzo importante en reformas estructurales para que Chile recupere la senda del desarrollo.

¿Qué viabilidad tiene el proyecto de derecha liberal con un Presidente que no abraza esos principios, que en 1988 votó por el Sí y que integra en su gabinete a uno de los abogados de Pinochet?

José Antonio Kast ganó con reglas democráticas y con una mayoría sustantiva. Está construyendo un gabinete. Hay cosas positivas y otras menos, pero responde a sus convicciones. Uno puede colaborar para que al gobierno le vaya bien, porque así le va bien a Chile, pero también hay que mantener autonomía para defender convicciones de una derecha liberal, de buena fe, marcando los puntos correctos.

¿De ahí su crítica a la elección de Judith Marín como futura ministra de la Mujer?

Quiero precisar que fue un análisis de buena fe. Kast ganó con un relato ordenador, el “gobierno de emergencia”, y dejando fuera la guerra cultural y la cuestión valórica. Y un perfil como el de esta ministra, en ese ministerio, a mi juicio, desdibuja ese compromiso. Me parece riesgoso.

¿Cree que podría resultar regresivo para los derechos de las mujeres?

No quiero prejuzgar a una ministra que no ha empezado. Digo que poner a alguien de ese perfil en ese ministerio se acerca más a una declaración cultural que a una señal del “gobierno de emergencia”. Yo voté por un gobierno de emergencia que dijo “no” a la guerra cultural; hay que respetar eso. Segundo: el voto femenino ha sido tradicionalmente esquivo a Kast. Cuidar el voto femenino hoy es clave, y el mensaje puede ser equívoco.

Vamos a colaborar, pero en mi caso personal lo haré desde la independencia, responsablemente, porque creo que son proyectos políticos distintos.

¿Y qué le parece la designación de Fernando Rabat en Justicia?

Entiendo que es un abogado competente, y entiendo que efectivamente estuvo en la defensa de Pinochet. Respeto la decisión, pero hay una dimensión que naturalmente no comparto. Es el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y espero que esas políticas sean políticas de Estado más allá de preferencias personales.

¿Entiende los resquemores de familiares y víctimas de violaciones a los DD.HH.?

Empatizo con esas inquietudes, naturalmente. Y espero que políticas que vienen de varios gobiernos —entre otros, mi propio padre— se entiendan como políticas de Estado.

¿En qué medida lo representa este gobierno?

Aquí hay una distinción entre Evópoli y yo. Tuvimos un debate interno. En la elección presidencial anterior, Evópoli hizo un voto político en segunda vuelta diciendo que votaba por José Antonio Kast, pero que no iba a participar de su gobierno si ganaba. Ahora, una mayoría en la comisión política tomó una decisión distinta. Yo no participé, pero soy un militante disciplinado, así que respeto esa decisión. Dicho eso, espero que al gobierno le vaya bien. Vamos a colaborar, pero en mi caso personal lo haré desde la independencia, responsablemente, porque creo que son proyectos políticos distintos.

Hernán Larraín destaca que, hace unos días, Briones entregó al equipo de gobierno un informe preparado por Horizontal y Pivotes con una propuesta de “cambios concretos a reglamentos y leyes para hacer efectiva la agenda. Ese es el espíritu con el que contribuimos”.

Este parece un gobierno concentrado en una persona. Por eso veo difíciles las condiciones para construir una coalición que dé gobernabilidad.

Evópoli se integra al gabinete. ¿Cuál va a ser el compromiso con el gobierno?

Yo observo que el gabinete habla más de José Antonio Kast en términos personales que del inicio de una alianza amplia. Es legítimo: es un gabinete a su imagen. Los partidos pueden tener personas, pero percibo distancia, especialmente en los parlamentarios. El nivel de compromiso de los partidos con un gobierno no depende solo de “tener cargos”, sino de roles reales y de sentirse parte. Este parece un gobierno concentrado en una persona. Por eso veo difíciles las condiciones para construir una coalición que dé gobernabilidad.

¿Hay principios comunes?

Hay un sustrato de principios compartidos: orden, autoridad, libertad, responsabilidad, subsidiariedad, pluralismo, todo en un marco democrático. Si eso se acompaña con algo que ha dicho Arturo Squella, dar conducción política a ese 62% que rechazó, se podría hacer algo. Pero es difícil que los partidos se sientan corresponsables si el diseño es personalista. Y no es solo un problema de Evópoli. Si este gabinete debía representar “las fuerzas del rechazo”, parte con una pata menos: el Partido Nacional Libertario. Eso genera incentivos para que, además de una izquierda dura, haya oposición por la derecha.

¿Usted realmente ve posible una alianza que una a Evópoli y republicanos?

Kast ha demostrado pragmatismo y realismo. Por lo pronto, un discurso muy distinto al líder confrontacional que conocimos. Hoy, José Antonio Kast habla de unidad nacional, de diálogo, de grandes acuerdos, de respetar al adversario. Un discurso muy piñerista. Eso para mí es una señal positiva.

¿Se puede sostener un “gobierno de emergencia” por cuatro años?

El gobierno de emergencia es un buen punto de partida, pero se necesita un proyecto político. El concepto tiene valor: ordena prioridades, pero para dar gobernabilidad y proyección de un futuro gobierno del mismo mundo, es insuficiente. Hay que iniciar una conversación sobre principios y valores que aglutinen mundos diversos.

Y en esa conversación, ¿cree que los liberales logren tener una voz relevante?

Todos deben tener una voz relevante; los liberales también. En ese proyecto me gustaría ver compromiso democrático con instituciones y derechos humanos; compromiso con justicia social, especialmente con los niños, porque ahí nace la desigualdad de oportunidades; una sociedad plural y abierta que respete y reconozca diversas formas de familia.

Que no es precisamente lo que ha defendido el Partido Republicano.

La pregunta es: desde el 11 de marzo, con la nueva responsabilidad del Partido Republicano, ¿cómo abrazará pluralidad y diversidad? Me gustaría que ese fuera el camino.

¿Comparte el análisis de que el país se está cayendo a pedazos?

Me parece una caricatura. No creo que Chile se esté cayendo a pedazos. Hay una crisis brutal de seguridad, crimen organizado y descontrol inmigratorio. Y una economía mediocre, que crece al 2%. Pero Chile sigue siendo un país estable, con instituciones, elecciones limpias y bajos niveles de corrupción, sobre todo en términos regionales.

La soberbia liberal

¿Hasta qué punto ha permeado el discurso liberal, sobre todo en sectores populares donde Kast llevó su mensaje?

Nuestro proyecto tuvo aportes valiosos, pero electoralmente tuvo dificultad de tener identidad nítida de arraigo popular y terminó siendo más bien de nicho, más bien de élite. Esa es una cuestión que hay que atender.

¿Por qué no han logrado expandir el proyecto?

Es una paradoja: vivimos momentos populistas y partidos serios, propositivos, dialogantes y moderados no son los que se llevan la mayoría de votos. Otra paradoja: el partido que ganó, Kast y el Partido Republicano, se opuso a acuerdos que construyó Chile Vamos con el gobierno de Boric: reforma previsional, 40 horas, Ley Nain Retamal. Porque hoy los incentivos cuando eres oposición son ser fiel a la base dura: eso te da resultados parlamentarios y te lleva a segunda vuelta.

En el libro usted plantea que la derecha liberal debería transmitir emociones positivas, de esperanza. En el contexto actual, ¿es posible? ¿Lo lograron en campaña?

No. La campaña de Evelyn Matthei, a quien valoro, pudo representar un futuro con emociones empáticas, pero fue superada por la lógica del miedo, la inseguridad y el “gobierno de emergencia”. La política debe dar conducción, no atizar emociones por beneficio electoral. Ahora, soy realista: cuando hay miedo, el discurso del diálogo y la paciencia democrática es ineficaz frente a quien ofrece soluciones inmediatas. El liberalismo no ha elaborado una respuesta sólida en ese plano.

El escenario mundial parece que no favorece al liberalismo...

La pregunta de fondo es si el liberalismo cumplió un ciclo o si está en un momento crítico y debe replantearse para dar respuestas. Yo creo que el liberalismo ha traído el mayor progreso histórico a la civilización, pero fue presa de su soberbia: con Fukuyama y la idea del “fin de la historia”, pusimos piloto automático, creyendo que el progreso era permanente. Dejamos de observar que, por izquierda y derecha, surgieron alternativas fuertes. El liberalismo tiene responsabilidad: creyó que todo lo demás fracasaría, porque “lo nuestro” ya estaba resuelto. Hay que revisar críticamente lo que pasó con el liberalismo, su incapacidad de conectar, su elitización, pero sin olvidar que hay en ese conjunto de ideas, principios que son muy superiores a las alternativas. Pero eso debe mostrarse.

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